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13 febrero 2007

NUESTRO VIAJE A LA COSTA DEL SOL


3 de Febrero

Viajar sirve también para el encuentro con viejos compañeros y gozar con el recuerdo de unos momentos que los traemos al presente con el deseo imposible de su repetición. Al revivirlos afloran y es como volver a disfrutar de unos momentos inolvidables.

Los Almagros es una pedanía de Fuente Álamo (Murcia) donde mi amigo Jaime me ha ofrecido parada y fonda en mi viaje hacia la Costa del Sol. También la oportunidad de conocer a Avelina, su encantadora esposa. A su hospitalidad se suma su gracejo especial para los chistes, a los que convierte en arte. Aprovechamos la tarde para visitar a un viejo conocido de Fuente Álamo, tomar juntos un café y encargarle abrazos y buenos deseos para otros viejos conocidos.

4 de Febrero

A la hora de comer hemos llegado a Nerja, la mejor hora del día para presentarse en el Parador y pedir mesa y mantel. Allí nos esperaba el pescaíto frito junto a un Rueda frío que nos ha obligado a una siesta tan regeneradora como profunda. El cielo estaba cubierto pero no nos ha impedido gozar de un crepúsculo único desde un marco inolvidable, el Balcón de Europa: un lugar que tiene de grandioso todo lo que su nombre representa. Descubrirlo a mis ojos es la dulce espera de verlo en su grandiosidad a pleno Sol. Pero tendríamos que esperar al día siguiente.

Anochecía y el sabor de los boquerones, jureles, salmonetes, cazón en adobo, puntillas y otras especies marinas, junto a la brisa que nos acariciaba y la docilidad del mar que esculpía un lecho de plata, eran los regalos para nuestros sentidos que no podíamos desaprovechar.

5 de febrero

Visitamos las Cuevas de Nerja donde alguien puso la tierra y con seguridad fue el mismo quien puso el agua. Luego el tiempo puso el arte. Sólo Él pudo ser el artífice de tanta belleza donde la mente se desborda y la imaginación, sin limite alguno, se escabulle por doquier al tiempo que cualquier semblanza toma vida ante tus ojos. Las Cuevas fueron descubiertas apenas hace cincuenta años y allí estaban, a escasos palmos de nuestras vidas desde hacía miles de años cuando el hombre dibujaba en sus paredes con los colores de la tierra.

Nerja tiene una Cueva y un Balcón que no se puede aguantar. Si el Balcón te abre al infinito y piensas en todo los que detrás de ti queda, la Europa de las mil batallas, en su sima milenaria el avance de todo lo que se puede refugiar más al centro de la Tierra está fuera del alcance más sagaz. Sólo Julio Verne lo interpretó. Nerja es pasado de millones de incontables años hechos a golpe de gotas de agua con la artesanía de la constancia. Su Balcón es un lujo arrogante, es la afrenta al mar luchando contra su inmensidad como una fortaleza invencible diciéndole con insolencia: siempre seré tu mirador, tu Balcón de Europa. Y tú, mar silencioso o bravío, nunca podrás nada contra mi.

Luego nos fuimos a conocer Frigiliana, un pueblecito blanco cercano al mar, situado en la ladera de la Sierra de Almijara, precioso e histórico. Allí tuvo lugar la Batalla del Peñón Frigiliana, donde la rebelión de los moriscos de 1568 representó un fatal desenlace para los lugareños seguidores de Alá. Debido a su limpieza y embellecimiento Frigiliana ha sido distinguido en distintas ocasiones.

Muy cerquita del Balcón está el Puerta del Mar. Un restaurante con terraza cubierta y frente al mar, donde el pescaíto frito era de obligada degustación. Quién dijera que nunca segundas partes fueran buenas, no sabía lo que se decía.

6 de Febrero

Hemos entrado en la ciudad de Málaga por El Palo, una zona paralela a la costa donde la burguesía malagueña del siglo XIX construía sus lujosas residencias apartadas de la capital. Con aires de palacete dan un toque de distinción a una zona mezclada con viviendas de nueva planta que dan vida al sector de servicios por la proximidad de sus playas. Su paseo marítimo está repleto de pequeños restaurantes que ofrecen la joya gastronómica del típico pescaíto frito malagueño.

Situados en el centro de la ciudad hemos visitado la Catedral barroca cuya fachada principal es magnífica. Los Reyes Católicos ordenaron su construcción sobre el solar de una antigua mezquita aunque no se terminó hasta el siglo XVIII. La Catedral quedó inacabada al no construirse la segunda torre debido a la derogación de unas subvenciones. Por este motivo es popularmente conocida como La Manquita y representa la joya arquitectónica más valiosa de la ciudad de Málaga. Su interior renacentista y barroco es de gran belleza, destacando sus vidrieras, sus bóvedas y sus espectaculares columnas artesonadas.

Con el autobús turístico hemos conocido lo mejor de la ciudad en un trayecto de dos horas con un tiempo muy agradable y tomando el sol, el grato tesoro de la Costa que lleva su nombre. El pescaíto frito nos esperaba en esta ocasión en la playa de la Malagueta descubriendo una vez más la importancia que tiene conseguir el punto exacto en la fritura de unos pececillos, auténtica delicia para el paladar.

Hemos subido al cielo de Málaga: su castillo de Gibralfaro. Contemplar desde semejante atalaya la ciudad, su mar: lámina de estaño centelleante, La Manquita y las brumas que de forma suave cubre todo el hechizo sólo produce la promesa de volver. La vista del coso taurino bajo tus pies es un lamento a la ausencia de una corrida de toros de los días de la Feria malagueña. Sólo nos faltaba cerrar la tarde sentados en una terraza de la Plaza de la Merced donde Pablo Ruiz Picaso aparece y desaparece en cualquiera de sus esquinas. En el centro de la plaza un monolito representa el homenaje a los luchadores por un liberalismo decimonónico en el que creían, pero que fue vencido por los totalitarismos de uno u otro signo y cuyo resurgir de aquel tanto necesitamos.

7 de Febrero

El mayor atractivo de Puerto Banús, como no puede ser de otra manera, reside en su puerto deportivo. El barquito azul de vela blanca, ligero como el viento y perfumadito de brea está ausente, y su lugar lo ocupa el lujo. Las gaviotas pasan de largo, quizá buscando al pescador de caña que allí no encuentran. Puerto Banús es diseño de alto standing con aire de Quinta Avenida donde las firmas de prestigio tienen amarre propio y donde por dos cafetitos cortados, uno de ellos con sacarina, te cobran siete euros más uno de propina que suman ocho. Pese a ello, me ha encantado porque siempre sentí admiración por la limpieza y el buen gusto.

Luego nos metimos de lleno en la Marbella de calles peatonales, de placitas recoletas, de callejuelas repletas de flores y de restaurantes, siempre alrededor del Ayuntamiento marbellí tan de moda por sus asuntos sucios, opuestos al encanto de su casco antiguo y a la vez moderno.

Pasaban las dos de la tarde y cometí quizá mi único error en el viaje. Preguntar en el mismo Ayuntamiento de Marbella, el de las mentiras y los trapicheos, dónde comer carne, fue una temeridad por mi parte. Me mandaron a un restaurante que mejor es olvidar. Así que lo silencio.

Visitamos dos hoteles muy representativos de dos épocas diferentes en Marbella: el Don Pepe de siempre, el del visitante famoso que daba prestigio a una ciudad que deseaba ser universal. Su magnifico jardín es una delicia, descansar y tomar un café en sus instalaciones al aire libre es la mejor opción. Y el Gvdalpín, representativo de la rumorología actual del ladrillo corrupto y el devaneo amoroso.

8 de Febrero

El día se presentaba lluvioso e iba para largo. Nos quedamos en Nerja. Disfrutamos del Parador, de un paseíto por la ciudad y de una comida de tapeo donde el pescado frito y un vino frío de Huelva, que me aconsejó el maître, resultó un ejercicio degustativo de largo alcance. Fue el día de descanso, de las compras y el adecuado para conocer mejor las callejuelas comerciales de Nerja donde cruzarse con residentes extranjeros fue una constante. Algo debe de tener el Sol de Nerja aunque ese día estuviese ausente.

9 y 10 de Febrero

Nos despedimos de Nerja, comimos en el Parador de Puerto Lumbreras, y durante la tarde, después de la regeneradora siesta, visitamos el centro de Murcia con su Catedral gótica, sus calles comerciales y visitamos el Teatro Romea, uno de los mejores de España y también de Europa.

La mañana del sábado fue la de los días hermosos. Comimos en Alicante, en La Dársena, junto a su puerto deportivo: una entradita muy bien presentada y un arroz meloso, resultó el mejor colofón para un viaje que pernoctará en nuestro recuerdo. En nosotros ha quedado grabado lo que no ha sido una sorpresa: la limpieza, el blanco de sus casas, los colores de sus flores y la simpatía de sus gentes.

2 comentarios:

Uno que pasaba por allí... dijo...

Da gusto leerte Julio, casi me llegaba el olor al pescaito frito y el sabor del vino.

Me alegro mucho de que el viaje fuera tan bueno Julio, aunque los contrastes entre el Guadalpin y el Don Pepe, me han dejado un poco patidifuso....eso sí que es cruzar de un lado a otro.

Hay algo que me pregunto Julio...¿llevas algún diario de viaje donde anotas tus vivencias?..te lo digo por tu gran capacidad para recordar con todo lujo de detalles, horarios, historia, nombres, etc....o llevas ese diario, o tu memoria mejora con la edad como el buen vino.

Un abrazo.

Julio Cob dijo...

Aprecidado amigo:

El bolígrafo siempre va conmigo y recuerda aquello de que un lápiz pequeño es la mayor de las memorias.A falta de papel, las servilletas mullidas resultan muy útiles sobre todo si son de calidad.

Un abrazo