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19 abril 2017

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA


Mariano Rajoy y como actual Presidente del Gobierno ha sido citado por el Tribunal de la Audiencia Nacional para que atestigüe sobre un caso de supuesta financiación de su partido ante la campaña municipal del año 2003, básicamente en dos pueblos de la comunidad madrileña, los de Majadahonda y Pozuelo De ello hace pues 14 años.

La decisión del Tribunal, por quienes tienen competencia para ello, no ha sido unánime y por lo que se dice, por dos votos a uno se ha finiquitado el “asunto”. Todo hace presumir que en la aplicación del reglamento, el mismo, es tan abstracto, que para lo que unos es blanco, lo es negro para otros. No debiera ser así ante casos de especial relevancia. O mejor sería que no lo fuera nunca, prevaleciendo en la esencia del código penal un fundamento  que nunca debiera ser poliédrico. O dos.

Dos valores inherentes a la condición de ciudadanos que el actual marco constitucional nos regala, que no son ni más ni menos que seamos todos portadores de la presunción de inocencia y gozar del derecho de amparo.


Pero tanto el uno como el otro han desaparecido de nuestras vidas. Ya no existen. 

Y su derrame, que no huida, se ha producido por un valladar de cieno alentado por políticos deleznables, algunos más populistas que otros, con cánticos de victoria por parte de un sector de los medios, alguno con halitosis de infamias, y a mayor sandez bajo la protección de un sector de los jueces para quienes el todo vale ha sido y es estandarte de sus miserias, admitiendo para su juicio cualquier insidia que cualquier día del año se presente ante su despacho. 

¿Objetivo? 

Que el designado ante la opinión pública sea considerado culpable: bien como investigado o bien como testigo.

27 marzo 2017

LA REPÚBLICA CATALANA


Estoy en condiciones de aseverar que durante la primera quincena del próximo mes de octubre se llevará a cabo en Cataluña el referéndum pro la República Catalana. Ojalá el sentido común, eso que con anterioridad se conocía como el “seny”, en la actualidad en sus más bajas horas, se imponga y me deje con el culo al aire. Pero largo ha sido el camino como para retomarlo, y es lo que toca. Dicen ellos. Los independentistas.

Y sí, larga ha sido la encomienda. Tanto en cuanto y como  punto de inicio, tras la transferencia en Educación (y no la de las buenas prácticas precisamente) más de 20.000 profesores fueron sustituidos por otros, que, distinguidos como guarda pretoriana de unas inexistentes calendas catalanas, fueron llamados en su trabajo a cambiar las páginas de la historia,  y a través de las aulas.

Primera enseñanza, presa fácil, carne fresca, para quienes veían en la infancia la mejor nutriente donde sembrar sus miserias, sin, a la sazón, importarles un pimiento el fraccionamiento social, el enfrentamiento generacional y lo aún más villano: la inquina familiar.

Un totum revolutum en una sociedad, la catalana, que ha logrado su estatus de privilegio gracias al proteccionismo económico de los tres últimos siglos, procurado por las diferentes "formas de gobierno" que mantenían tácitas y por sistema su decidido vuelco a favor del existente, entonces frágil, tejido industrial que se vislumbraba en su extensión, en sueños a veces, desde la línea fluvial del río Ebro hasta la pétrea de los Pirineos. 

Más de  trescientos años de proteccionismo español que tuvo su inicio con el Decreto de Nueva Planta de 1716, instado por Felipe V, tras la victoria sobre las huestes austracistas de ocupación, aquellas que tantas ensoñaciones autonomistas regalaron a los próceres de la Generalitat Catalana, que no tuvieron empacho, entonces, para proclamar a su interesado líder, al Archiduque Carlos, como Rey de España y con el nombre de Carlos III. De Res-pública, "res de res".

Ahí queda eso para la reflexión de quienes a toque de cuerna y con la esquila al cuello, serpentean la panfletaria y actual Diada Catalana, en el supuesto , hay que decirlo, de que aún les quede libre y dispuesta para el más elemental discernimiento una sencilla célula en su masa cerebral.

Y ahí están, unos, los del 3% que buscan su tabla de salvación penitenciaria, mientras los otros gozan de orgásmicas sacudidas, instados por el Oriol Junqueras de ojos cruzados, quien un día descubrió el Sinaí de sus ensoñaciones lascivas, situado en los altos del Montserrat, donde los “monjos benedictinos” sacuden sus pebeteros, prietos de alucinógenos de falsas quimeras, para extenderlos a sus pies hasta las tranquilas aguas mediterráneas que tratan de incendiar.