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27 febrero 2018

EL PROCÉS




Conocido como “el procés”, ha tenido sus tempos. No obstante, la sinfonía al logro de la tormenta perfecta ha sido siempre la misma. Su escenificación durante los últimos años ha sido centro de atención en telediarios y en tertulias televisivas con veladas inagotables; en primeras, en segundas y en terceras columnas de los diarios más acreditados, hasta llegar al hastío, se han rubricado con las mejores plumas, aunque como suele decirse no todo el monte es orégano.

Y también en las páginas de sucesos hemos visto daños colaterales con cierta algarabía. Lamentable, en mi opinión, tanto en cuanto no se haya hecho hincapié y con mayor insistencia, acerca de los puntos claves de una hoja de ruta cuidada con esmero en cada uno de los instantes de su proceso, lo que no significa veracidad de sus actos, las más de las veces tan falsos como maliciosos.

Una sinfonía que vio la luz en la Sala de los Ponentes del Parador de Gredos con la aceptación por parte de los presentes de una Carta Magna consensuada en la que aparecían unas Comunidades Históricas que jamás habían existido, validadas por el zascandil argumento de unos estatutos de autonomía de dudosa legalidad, cuanto menos. Su aprobación en referéndum dio validez a la patraña y la inescrutable sinfonía iniciaba su marcha. En muchas ocasiones desde la deslealtad, tal y como el paso del tiempo ha demostrado.

Su allegro en base a una falsa historiografía tuvo su inicio cuando una vez transferida la enseñanza a la Generalitat Catalana, fueron sustituidos unos 25.000 profesores por otros nuevos con encomiendas precisas ajenas a su función, o sea a la carta y con textos zurcidos al gusto del disfraz nacionalista. Rebatir sus hechos históricos nos resulta tan fácil como lo ha sido llevarlos a la naturaleza de dogma sin que el freno constitucional actuara contra la añagaza. El camino a las kilométricas Diadas estaba trazado y la trampa sutil nacía de las aulas.

Luego llegó la hora del adagio en forma de slogan y el “Espanya ens roba” retumbó por calles y plazas de Cataluña emitido desde las instituciones autonómicas sin que la Fiscalía General del Estado saliera al paso de la infamia, mientras que para la televisión pública catalana tan sólo representaba un preciado comic en aras de la mayor audiencia.

Apareció un día el minuetto centrado en el amañado “derecho a decidir”, urdido a bombo y platillo, propio de un sainete que, pese ser un derecho inalienable a las personas, su límite debe circunscribirse a aquello que a uno le pertenece, sin más circunloquios.

La soberanía reside en la totalidad del pueblo español y no de una parte de ella en exclusiva, por lo que no es cierta la legitimidad que se propaga desde unas instituciones tuteladas por quienes no son más que funcionarios del Estado al que desde tiempo inmemorial se deben faenando por su cohesión.

La España romana ya sabía de su vía augusta trazada desde los Pirineos a Cádiz. Por otra parte, y en cuestión de derechos inalienables, dicho sea de paso, es cierto que cualquier parte de un todo debe o debería tener la opción a abandonar su aposento, pero con las cuentas claras. Claras y pagadas. Si imagináramos esa posibilidad, trescientos años de proteccionismo español volcado desde el propio Estado y en beneficio de Cataluña tiene su precio, más si cabe, cuando el resto de la nación no ha tenido las mismas prebendas. Que se echen las cuentas.

El presto, o traca final, ha sido la proclamación de la República Catalana con un órdago a la “Constitución Española del 78”, fruto de una transición política considerada como ejemplar hasta hace pocos años, en la actualidad denigrada tanto por los independentista como por el populismo surgido en un periodo de recesión económica que les ha venido al pelo a los patrocinadores del “procés”, quienes en todo momento se han encontrado a favor de un viento que más que frenarlo, ha sido la judicatura española la que le ha dado alas, tanto en cuanto la Fiscalía General del Estado en su dejadez de funciones ha representado para los dispuestos al golpismo y a la sedición su mejor baluarte.

Fuegos de artificio que por su apoteosis final ante unas próximas elecciones autonómicas al dente del 155, quedará en falso letargo, siempre despierto a la espera de un nuevo brío con la complacencia de medios afines, de jueces impertérritos con la mirada hacia otra parte, y con una panda de políticos nacionalistas que juraron o prometieron lealtad a la Constitución que ahora difaman. También las Cortes Catalanas del 1700 juraron lealtad a Felipe V cuando su llegada a España.

Cataluña sólo se entiende desde el artificio, dicho en román paladino desde la mentira.

Julio Cob Tortajada - Escritor y bloguero.

28 enero 2018

IUIDICIUMS INTERRUPTUS


Es lo que hay. El Alto Tribunal Constitucional necesita divagar durante más de seis horas para concluir que no se puede investir a un ausente. O sea, que si aparece, se inviste. 

Aunque sea un prófugo de la Justicia desde hace cuatro meses, toda vez que ha sido proclamado por un presidente de las Cortes Catalanas que previamente ha contactado con el sedicioso sin que la policía ni ningún juez le hayan solicitado al mencionado Torrent ayuda para su detención. Presidente autonómico cuya hoja de ruta es la misma que la de su antecesora en el cargo, en la actualidad en libertad bajo fianza y a la espera de un juicio que probablemente se llevará a cabo en 2028. Los diez años de rigor.

En la misma situación se encuentran otros sediciosos infractores de la Ley, cuyos juicios están en la cola, por lo que es presumible que en la década de los treinta tengamos noticias.

Lo del señor Trapero es otra cosa, en cuanto se encuentre un e-mail extraviado se buscará la fórmula para su archivo.

Mientras tanto el Gobierno de la República en el exilio se dedica a las cuestiones propias de su sexo con un presupuesto diario de unas cuantas decenas de miles de euros, cuyas transferencias son efectuadas de forma puntual desde Cataluña, que al no estar tipificadas en el código penal, ni ir a una cuenta de Bárcenas, no son impedidas. Por lo visto la malversación tiene dos caras, y en este caso detrás de la trama no está el PP.

Alcaldes, diputados, mesas autonómicas, Tv3 pública, mesnada y otras gaitas, laboran con absoluta impunidad al servicio de la República de Cataluña, mientras que jueces e instituciones trapichean para que las aguas naveguen por los recovecos que a los independentistas facciosos les favorece.

El juicio de los Pujoles  duerme en el baúl de los recuerdos, dispuesto para la afrenta ciudadana, mientras que el de Oriol Junqueras y sus secuaces es una mosca cojonera que los mismos jueces tratan de evitar.

La justicia española y el independentismo se temen, aunque más bien el segundo ama y necesita del primero, cuya ayuda éste le ofrece. Del amor al odio sólo hay un paso

El iuidicium interrupto encaja con el amor, como la vida misma.
  

21 diciembre 2017

CATALUÑA EN ELECCIONES


Tras la proclamación de la República Catalana por parte del gobierno autonómico en un proceso golpista que amordazó a la oposición, Mariano Rajoy, en su obligación constitucional y como hombre de Estado, anunció elecciones para unas nuevas cortes catalanas que se celebran hoy.

El poder judicial, de inmediato, se puso al curro -después de unos años de dejadez en su obligaciones de salir en defensa del Estado- y con prisión preventiva mandó a la cárcel a una pequeña parte de los facciosos, dejándose seducir días después por las mentiras disfrazadas de arrepentimiento de buena parte de los detenidos, que lograron, por este procedimiento, salir de prisión, para ya, en campaña electoral, y acto seguido, manifestar su pase por la entrepierna de todo cuanto emana de la Carta Magna y en especial de los jueces.

Hoy es el día del voto y vamos a ver dentro de unas horas el resultado de unas elecciones en las que no se busca la forma de gobierno, sino el dar luz al retrato de una sociedad de la que no tenemos claro si persiste en el mantenimiento del otrora peculiar seny catalán, o mostrar al público un grabado cincelado desde la infamia con la utilización del fino buril de la farsa, a la sazón mediatizado y a golpe de martillo gracias a la corrupción mediática, judicial  y docente, que, algunos más que otros, aceptan con algarabía.

Un sector de la población catalana éste, que ha mutado desde su ancestral seny catalán a su integración en las filas del vocerío –bien a las claras o de forma sibilina- dispuesto al enfrentamiento social, familiar y a lo que haga falta, incluso a la deriva económica que ya asoma por doquier. Manifestado vemos que aquello de que para los catalanes la pela es la pela, queda en entredicho. 

Cual fuere el resultado no hay otra:

O Carles Puigdemont a la cárcel, o Puigdemont I, President de la Generalitat, de correcaminos. 

En el exilio, por supuesto.

10 noviembre 2017

"EL RATA DE PUIGDEMONT"



Visto lo visto en cuanto a la actuación de los independentistas catalanes y de quienes son ágiles en el desprecio de nuestra España, en la que tantos unos como otros se retroalimentan con la misma sustancia que no es otra más que la perentoria  necesidad de mentir, cuando no ejercitarse en la insidia, tal y como hemos tenido ocasión de comprobar en  múltiples ocasiones, hay que tomar decisiones.

Las historias y leyendas que aportan es un cúmulo de falsedades desde la A a la Z del índice historiográfico. El rigor que pretenden es un insulto a la inteligencia, especialmente dirigido por los independentistas a los ciudadanos sitos desde Port Bou a Alcanar, desde Fraga a Calella de Parafrugell,  instados desde el caciquismo actual al enfrentamiento social y familiar, logro que han conseguido con creces. Y qué hablar del distanciamiento producido entre los “vecinos de barrio” sitos en la Cataluña entera.

A su mayor grado de independentismo, la perversidad en sus acciones es el marco de referencia que ya ha dejado de sorprendernos: la maldad es su foco, tal y como estamos viendo en “el rata de Puigdemont” que en su pretensión de colocar una pica en Flandes, lo único que está logrando es el testimonio de su perversidad; y más como persona, que como político.

Por estos y por aquellos que de una forma u otra, vestidos de buenísimos unos, de tan distinguidos como falsarios demócratas otros, han participado en alimentar directa o indirectamente el carcinoma que destruye a una región española, sin importarles un pito que se extienda por la piel de toro, desde esta red social, desde mi muro, manifiesto mi pretensión es dejar de participar en lo que representa un coro de fariseos de contrastada autenticidad por sus soflamas.

De todo ello, a principios del siglo XX ya fue denunciado por Blasco Ibáñez con el acertado titular de La Lepra Catalanista en la portada de su periódico El Pueblo, lacra que actualmente tiene su punto de infección en “el rata de Puigdemont”.

05 noviembre 2017

AL FISCAL GENERAL DEL ESTADO


A nadie se le escapa que la situación política en España es grave. Amenazada aún más por el independentismo catalán que en su imaginario colectivo ha vivido en las últimas semanas instantes de gloria, caminando por el resbaladizo tejado que guarda la Carta Magna: el baluarte legislativo que nos protege a todos, en lo individual y en lo colectivo.

Para escenificar la última proximidad al edén soñado, en prolíficos alardes a los que son propensos los nacionalistas catalanes, eligieron la escalera interior del Parlament desde donde entonaron Els Segadors: himno advenedizo que no destaca precisamente por ser un cántico a la paz.

Pero ante la metáfora de unos escalones que representan el camino a su ascenso, veamos también el recorrido que han realizado en los últimos años para llegar a su actual rellano, tras haber ultrajado, no sólo la Constitución Española, sino el hemiciclo de las Cortes Catalanas en dos maratonianas sesiones parlamentarias donde con las continuas violaciones de sus propias reglas, dieron el jaque mate a la dignidad de la institución.

Sin embargo, igual de grave ha sido la vieja y urdida campaña de que “España nos roba”, a la que unieron un interminable merchandising  teledirigido en su conjunto al pueblo catalán (también al exterior europeo) sin importar la edad del receptor, y con mayor intensidad si cabe al segmento juvenil, por su condición de fácil presa.

Pero esto sólo ha representado el decorado de un auto sacramental historiográfico sustentado en la falsedad permanente de los hechos. Las más de las veces con la invención de unos sucesos que nunca sucedieron, entre los que acaecidos tras la llegada de Felipe V y en falsario vodevil, alcanza la cota más alta por su desvergonzada representación teatral, aderezada con morcillas de insidias que no resisten la crítica de cualquier historiador, a excepción de aquellos que en su encomienda están a las órdenes de la Generalitat Catalana con el único certificado docente de estar al servicio de la causa.

Dicen los más osados, carentes de argumentos sólidos, que la solución está en una República Federal, que por otra parte ni explican, ni nos dicen en qué consiste. Y la falta de atrevimiento a este reto, es porque en la comparación, saben muy bien que la capacidad de autogobierno de la autonomía catalana en la actualidad, es difícilmente superable en su observación ante cualquier otra región europea, trátese bajo el paraguas de una monarquía o de una república.

Mientras que lo que trasciende en el fondo, tiene en su exigencia en la demanda de una mejor financiación, que básicamente se reduce a recibir más pelas. Lo que no deja de ser en su fundamento una inmoralidad manifiesta si comparamos la calidad de servicios de los que se benefician los ciudadanos catalanes, ante la observancia con los existentes en otras regiones españolas.

Y en la igualdad de todos, está la sustancia de ese Estado Democrático del que tanto se les llena la boca a los incumplidores de la Ley.

Mala solución tiene la enfermedad cuando su virus se ha inoculado en la sociedad catalana desde unas instituciones corruptas, tanto en lo económico con el 3% conocido por todos, como en lo mediático, prensa, radio y caja tonta, aderezado todo con aromas del Montserrat  y con la escenificación de unas diadas tendentes al logro de un fanatismo evocador que imposibilita a sus reclutados para el más leve discernimiento.

Dígase lo que se diga, el peligro no está en la enfermedad, sino en el virus que una clase política desvergonzada y autoritaria, no cesa de inocular.

Enfermedad que podía haber sido sanada si la Fiscalía General del Estado en los últimos años hubiese cumplido con su obligación, en lugar mirar hacia otro lado ante “el procés”.

Por lo que su prevaricación ha sido una constante.

A su conocimiento. 

12 octubre 2017

JOAN TARDÁ, EL DERECHO A MENTIR



El #DerechoAMentir que se otorgan es la clave en la que se sustenta un imaginario independentista, pseudo historiográfico, urdido en el tiempo por quienes no son más que vulgares artificieros de una representación en forma de vulgar sainete, la propia de un país bananero, en el que el principal protagonista es el #DerechoADecidir.

El libreto, en su sinopsis más histriónica, lo ha publicitado el diputado catalán Joan Tardá en su intervención ante el Congreso en respuesta a Mariano Rajoy quien a petición propia ha salido al paso de la decisión tomada en el día anterior por el president Puigdemont ante el hemiciclo catalán, donde en un sombrío manifiesto ha ejercido un medido pasapalabra donde lo explícito mutaba a lo implícito, o viceversa, con el desparpajo propio del más experto trilero.

#JoanTardá nos ha dado su particular punto de vista con el recuerdo histórico de los reyes felipes, los monarcas españoles del XVII y del XVIII, así como su parecer sobre nuestro actual Rey que en el ordinal regio y como Felipe VI, lo toma de sus antecesores V y IV.

Su argumento, además de ser falso es un insulto, un cronicón estrafalario dirigido a los oyentes, tanto a quienes sabemos de su habitual verborrea fruto de unos sueños oníricos que imaginamos le son placenteros, como a sus acérrimos seguidores, a su vez cautivos, presos de catecismos doctrinarios que han portado en sus mochilas desde el primer día que caminaron por un aula docente, con el previo paso por las guarderías de su más tierna infancia.

En su particular narrativa historiográfica pasa de largo la condición de los Austrias  de Felipe IV, a quien #JoanTardá “culpa de todos los males” en aquellos años mediado el XVII, cuando entonces la Generalitat “pidió socorro” al rey Borbón con su proclamación como Conde de Barcelona. 

Lo que justificaba que al comienzo del siguiente siglo y ante la llegada de Felipe V como rey Borbón de España, la Generalitat le jurase fidelidad, juramento que motu proprio fue incumplido tras la inmediata invasión austracista, para de seguido “culpar de todos los males” en esta ocasión al monarca Borbón, proclamando la Generalitat al líder austracista como Rey de España, porque como españoles se consideraban los catalanes tal y como se  demuestra con su decisión.

Este vaivén político tiene su actual bucle relatado contra Felipe VI, cuando éste, como Jefe de Estado, ha puesto en claro la manifiesta deslealtad de una institución que se supone debiera ser fiel con su juramento, o promesa, que un día hicieron sus componentes a la actual Constitución Española.

La lealtad del perjuro se alinea con el #DerechoAMentir en su objeto expreso al #DerechoADecidir no recogido en ninguna Constitución en los términos que la Generalitat ha promocionado en los últimos años.

Una campaña desleal sustentada en el #DerechoAMentir al que se acogen quienes por su sectaria e insolidaria actitud, están siempre dispuestos a la búsqueda del “culpable de todos los males”. 


11 septiembre 2017

EL ESTADO DE LA NACIÓN




El actual  #EstadodelaNación observado a través de la ventana que da su vista a la región catalana, viene dado por el desarrollo de un decálogo que se ha ido configurando con el paso del tiempo.

Decálogo que se ha ido escenificando con el ceremonial de cualquier credo religioso, tanto en cuanto se ha dispuesto para que sahume, y en su alimento, la fe del converso.


1 - La introducción en la Constitución de 1978 de unas Comunidades Históricas inexistentes.

2- Las transferencias de Educación y en su totalidad a las Comunidades Autónomas.

3 - La utilización tendenciosa de la docencia por parte de la Generalitat Catalana.

4 - La política llevada a cabo por el tripartito desde la Generalitat Catalana.

5 - La constante manipulación instada por la televisión pública TV3 en contra de España.

6 - La deslealtad catalana con la soberanía nacional -que reside en el pueblo- por parte de un sector su sociedad.

7 - La desaparición del “seny catalán”.

8 - La incendiaria frase de un Presidente de Gobierno, Rodríguez Zapatero, aseverando que “Cataluña será lo que los catalanes quieran”.

9 - La dejadez de sus funciones por parte de la Fiscalía del Estado como convidado de piedra.

10 - La irresponsabilidad de la Generalitat Catalana dispuesta al fraccionamiento social e incluso familiar en su Comunidad Autónoma.


19 agosto 2017

Y POR DOS VECES


Se corresponde con un estado de guerra cuyo punto de ignición viene de tiempos antiguos. Antiquísimos. La reyerta se inició allá por el siglo VII cuando mediante dos pinzas y desde el cercano oriente, el objetivo apuntaba el centro de Europa para su asfixia. La Marca Hispánica por el oeste y Viena por el este -en sus flancos- en sus tiempos de necesidad, pusieron el freno. Pero solo por aquel entonces y por aquel instante. Porque la historia tiene sus pausas.

Con el internete ahora y que lo hace todo más fácil y el ver gratis una película porno está al alcance de cualquiera dispuesto alcanzar el clímax de su lujuria, el fundamentalismo religioso juega en campo propio: un terreno prolíficamente abonado y a su vez muy útil para subir a los cielos donde cien vírgenes esperan la llegada del hijo merecedor de la mayor de las dichas mediante la luz que la media luna expande, que dicen se corresponde con el edén ansiado a la espera del incauto que lo merezca.

Las Ramblas de Barcelona, como cualquier otro lugar que pudiera haber sido el elegido con el afán de hacer daño, se convirtió por un instante en un camino de roja sangre. Antes, otros escenarios ya nos han librado páginas de rojo terror, semejantes siempre, que han conmocionado nuestras vidas. No son más que batallas diseñadas que van formando parte de una guerra cada vez más actual de incierto final. O cantado.

Batalla que cada vez que sucede, por cierto, se repite en segunda fase una vez consumada la "gesta" del miserable ejecutor, por parte de quienes manipulados y a su diversidad, vuelven a la carga a través de las redes sociales donde justifican la “hazaña” -bien de manera consciente o al contrario, en su ignorancia y con guiños de mala fe- e incluso llegan a su consideración mediante la insidia de falsas motivaciones que aderezan con alegatos imperialistas, en los que no falta el dedo acusador hacia el yankee o al malévolo capital.

No hay más que leer repetidas frases incendiarias que nos producen nauseas por parte de quienes desde su cobarde anonimato unos, y desde su condición más ruin otros, pero conocidos todos, instalados en sus tribunas de mezquindad, gozan en sus mensajes lapidarios con la básica intención de hacer daño a quienes los leen.

De esta guisa tratan y consiguen dividir a la sociedad, con el único logro de dar más fortaleza y satisfacción a quienes desde el terror juegan a doblegar la voluntad del mundo occidental.

Acto terrorista que se repite donde se les antoje “y por dos veces” con el rojo de la sangre al fondo.



21 julio 2017

EL PROBLEMA CATALÁN


“El problema catalán” se centra fundamentalmente en el cómo le dices a uno del lugar, de cuarenta años por ejemplo, que Cataluña no es una nación, sin que el lugareño (sea o no sea charnego) se espere la cita.

Mirándole a los ojos, sin cortapisas, bien a las claras, con la misma claridad que de forma rotunda, invitándole abrir su mente para enriquecer su acervo cultural, toda vez que sólo la mentira es lo que viene escuchando de forma machacona desde su más temprana edad en el interior de las aulas, mediante estudiados recursos de manipulación, en ocasiones sibilinos, o intimidatorios al logro de un orgullo herido para convertirlos en víctimas en su marcha a ninguna parte.    

Con seguridad le habrán mentado al cuarentón que nos ocupa de las revueltas catalanas, pero sin fijar la atención, que también las hubo, por similares motivos  en Castilla, cuando los Comuneros, o en Valencia con los Agermanados; mientras que el grito “dels Segadors” del día del Corpus era el de ¡Viva el Rey!, mueran los traidores, exaltados por idénticas razones.

Siglos después, cuando los austracistas se sublevaron contra los borbones, lo primero que hicieron los catalanes fue proclamar a quien en él confiaban, el archiduque, como Rey de España con el nombre de Carlos III; pero esto se calla, es lo que más se oculta en la actualidad a quienes tienen el derecho de saber la verdad.

En cuanto a revueltas, tan aficionados a ellas los españoles, punto y aparte se merece la del cantón de Cartagena, la más cantonal de todas, en un siglo, que, sin embargo, había empezado con el “sitio de Gerona”,  de heroica gesta preñada de españolidad, que por cierto compitió en bravura nacional con el otro “sitio Zaragoza”: el que inspiró los toques de corneta.

¿Cómo pues decirle a un catalán en el rubicón de su existencia que le están mintiendo?, que Cataluña nunca ha sido una nación.

Ni en el derecho internacional, independientemente de su devenir histórico, ni en el Constitucional español, tienen su fundamento un problema que se ha elaborado, mejor sería decir  adoctrinado, a un fuego lento sahumado de artimañas maliciosas, aliñado con el viento a favor de la infeliz adolescencia, cual presa fácil para el inquisidor de oficio que se adueña de su inocente voluntad.

Tenemos pues un problema sin fundamento alguno, con la metástasis de un funcionariado que un día juró o prometió lealtad a nuestra Carta Magna: desde el primer bedel al Molt Honorable, quien ha dejado de serlo.

Lealtad, y a su semejanza viene al caso recordar, que también los catalanes prometieron lealtad d las Cortes cuando Felipe V llegó a España como heredero testamentario de Carlos II.

Último rey de la Casa de los Austrias en España, a quien los catalanes habían considerado como el mejor de los monarcas.


Cosas que no se dicen, que se ocultan: la urdimbre del problema.

14 julio 2017

AL ROJO VIVO


Ahí las tenemos: las dos Españas.

Y en una de sus muchas caricaturas, la que se sustenta desde los medios. Dos programas que entre otras facetas podemos poner como ejemplo, distantes y distintos, que diría Leopoldo Calvo Sotelo. 

Uno de ellos, donde la moderación y su abierta diversidad en la información, contrasta con el radicalismo de otro que en la actualidad y desde su sectarismo más rancio, alcanza cuotas que nos recuerdan tiempos pasados que su director no duda en refrescar.

“Los desayunos TVE” es un programa añejo, ya de larga vida, donde se comienza el día hablando de la actualidad, debatida por unos contertulios cuyo común denominador se fundamenta en la mesura, temple que no está reñido con la diversidad en el discernimiento que los habituales del programa muestran.

Periodismo fresco al servicio del ciudadano normal que se corresponde con el de la mayoría silenciosa, sufrida al mismo tiempo por el atosigamiento a la que está sometida por el radicalismo de los de la acera de enfrente, la otra España, dicho esto sin alusión a los integrantes de unas recientes jornadas festivas, eufóricos por la bandera o estandarte que con los colores del arco iris ostentan.

Y de la otra parte tenemos a un programa, “Al Rojo Vivo”, que se vende con su panfletario y repetido “auténtico periodismo”, que dispuesto a repetir machaconamente la misma noticia y repetidas veces durante un día tras otro, deja de ser lo que pregona para convertirse en puro agitprop al servicio de un ideario radical y populista que hace las delicias de esa otra España, producto de la insidia, hábil en el juego sucio, dispuesta siempre al fraccionamiento de la sociedad. 

O lo que es lo mismo, a lo que en otros tiempos se llamó guerracivilismo, que como los ojos del Guadiana aflora en los últimos años, que aunque sea con matices, no lo es en lo fundamental. Básicamente consiste en romper con los últimos ochenta años, para... ¡vuelta a empezar!

Antonio García Ferreras, nuevo adalid de un Largo Caballero quien manifestó un día que si no se ganaba en las urnas, lo harían en la calle.

Claro está, entonces no había televisión.