Si das una vueltecita por mi Blog, espero sea de tu agrado.

19 agosto 2017

Y POR DOS VECES


Se corresponde con un estado de guerra cuyo punto de ignición viene de tiempos antiguos. Antiquísimos. La reyerta se inició allá por el siglo VII cuando mediante dos pinzas y desde el cercano oriente, el objetivo apuntaba el centro de Europa para su asfixia. La Marca Hispánica por el oeste y Viena por el este -en sus flancos- en sus tiempos de necesidad, pusieron el freno. Pero solo por aquel entonces y por aquel instante. Porque la historia tiene sus pausas.

Con el internete ahora y que lo hace todo más fácil y el ver gratis una película porno está al alcance de cualquiera dispuesto alcanzar el clímax de su lujuria, el fundamentalismo religioso juega en campo propio: un terreno prolíficamente abonado y a su vez muy útil para subir a los cielos donde cien vírgenes esperan la llegada del hijo merecedor de la mayor de las dichas mediante la luz que la media luna expande, que dicen se corresponde con el edén ansiado a la espera del incauto que lo merezca.

Las Ramblas de Barcelona, como cualquier otro lugar que pudiera haber sido el elegido con el afán de hacer daño, se convirtió por un instante en un camino de roja sangre. Antes, otros escenarios ya nos han librado páginas de rojo terror, semejantes siempre, que han conmocionado nuestras vidas. No son más que batallas diseñadas que van formando parte de una guerra cada vez más actual de incierto final. O cantado.

Batalla que cada vez que sucede, por cierto, se repite en segunda fase una vez consumada la "gesta" del miserable ejecutor, por parte de quienes manipulados y a su diversidad, vuelven a la carga a través de las redes sociales donde justifican la “hazaña” -bien de manera consciente o al contrario, en su ignorancia y con guiños de mala fe- e incluso llegan a su consideración mediante la insidia de falsas motivaciones que aderezan con alegatos imperialistas, en los que no falta el dedo acusador hacia el yankee o al malévolo capital.

No hay más que leer repetidas frases incendiarias que nos producen nauseas por parte de quienes desde su cobarde anonimato unos, y desde su condición más ruin otros, pero conocidos todos, instalados en sus tribunas de mezquindad, gozan en sus mensajes lapidarios con la básica intención de hacer daño a quienes los leen.

De esta guisa tratan y consiguen dividir a la sociedad, con el único logro de dar más fortaleza y satisfacción a quienes desde el terror juegan a doblegar la voluntad del mundo occidental.

Acto terrorista que se repite donde se les antoje “y por dos veces” con el rojo de la sangre al fondo.



21 julio 2017

EL PROBLEMA CATALÁN


“El problema catalán” se centra fundamentalmente en el cómo le dices a uno del lugar, de cuarenta años por ejemplo, que Cataluña no es una nación, sin que el lugareño (sea o no sea charnego) se espere la cita.

Mirándole a los ojos, sin cortapisas, bien a las claras, con la misma claridad que de forma rotunda, invitándole abrir su mente para enriquecer su acervo cultural, toda vez que sólo la mentira es lo que viene escuchando de forma machacona desde su más temprana edad en el interior de las aulas, mediante estudiados recursos de manipulación, en ocasiones sibilinos, o intimidatorios al logro de un orgullo herido para convertirlos en víctimas en su marcha a ninguna parte.    

Con seguridad le habrán mentado al cuarentón que nos ocupa de las revueltas catalanas, pero sin fijar la atención, que también las hubo, por similares motivos  en Castilla, cuando los Comuneros, o en Valencia con los Agermanados; mientras que el grito “dels Segadors” del día del Corpus era el de ¡Viva el Rey!, mueran los traidores, exaltados por idénticas razones.

Siglos después, cuando los austracistas se sublevaron contra los borbones, lo primero que hicieron los catalanes fue proclamar a quien en él confiaban, el archiduque, como Rey de España con el nombre de Carlos III; pero esto se calla, es lo que más se oculta en la actualidad a quienes tienen el derecho de saber la verdad.

En cuanto a revueltas, tan aficionados a ellas los españoles, punto y aparte se merece la del cantón de Cartagena, la más cantonal de todas, en un siglo, que, sin embargo, había empezado con el “sitio de Gerona”,  de heroica gesta preñada de españolidad, que por cierto compitió en bravura nacional con el otro “sitio Zaragoza”: el que inspiró los toques de corneta.

¿Cómo pues decirle a un catalán en el rubicón de su existencia que le están mintiendo?, que Cataluña nunca ha sido una nación.

Ni en el derecho internacional, independientemente de su devenir histórico, ni en el Constitucional español, tienen su fundamento un problema que se ha elaborado, mejor sería decir  adoctrinado, a un fuego lento sahumado de artimañas maliciosas, aliñado con el viento a favor de la infeliz adolescencia, cual presa fácil para el inquisidor de oficio que se adueña de su inocente voluntad.

Tenemos pues un problema sin fundamento alguno, con la metástasis de un funcionariado que un día juró o prometió lealtad a nuestra Carta Magna: desde el primer bedel al Molt Honorable, quien ha dejado de serlo.

Lealtad, y a su semejanza viene al caso recordar, que también los catalanes prometieron lealtad d las Cortes cuando Felipe V llegó a España como heredero testamentario de Carlos II.

Último rey de la Casa de los Austrias en España, a quien los catalanes habían considerado como el mejor de los monarcas.


Cosas que no se dicen, que se ocultan: la urdimbre del problema.

14 julio 2017

AL ROJO VIVO


Ahí las tenemos: las dos Españas.

Y en una de sus muchas caricaturas, la que se sustenta desde los medios. Dos programas que entre otras facetas podemos poner como ejemplo, distantes y distintos, que diría Leopoldo Calvo Sotelo. 

Uno de ellos, donde la moderación y su abierta diversidad en la información, contrasta con el radicalismo de otro que en la actualidad y desde su sectarismo más rancio, alcanza cuotas que nos recuerdan tiempos pasados que su director no duda en refrescar.

“Los desayunos TVE” es un programa añejo, ya de larga vida, donde se comienza el día hablando de la actualidad, debatida por unos contertulios cuyo común denominador se fundamenta en la mesura, temple que no está reñido con la diversidad en el discernimiento que los habituales del programa muestran.

Periodismo fresco al servicio del ciudadano normal que se corresponde con el de la mayoría silenciosa, sufrida al mismo tiempo por el atosigamiento a la que está sometida por el radicalismo de los de la acera de enfrente, la otra España, dicho esto sin alusión a los integrantes de unas recientes jornadas festivas, eufóricos por la bandera o estandarte que con los colores del arco iris ostentan.

Y de la otra parte tenemos a un programa, “Al Rojo Vivo”, que se vende con su panfletario y repetido “auténtico periodismo”, que dispuesto a repetir machaconamente la misma noticia y repetidas veces durante un día tras otro, deja de ser lo que pregona para convertirse en puro agitprop al servicio de un ideario radical y populista que hace las delicias de esa otra España, producto de la insidia, hábil en el juego sucio, dispuesta siempre al fraccionamiento de la sociedad. 

O lo que es lo mismo, a lo que en otros tiempos se llamó guerracivilismo, que como los ojos del Guadiana aflora en los últimos años, que aunque sea con matices, no lo es en lo fundamental. Básicamente consiste en romper con los últimos ochenta años, para... ¡vuelta a empezar!

Antonio García Ferreras, nuevo adalid de un Largo Caballero quien manifestó un día que si no se ganaba en las urnas, lo harían en la calle.

Claro está, entonces no había televisión.


22 junio 2017

ESPAÑA, NACIÓN DE NACIONES: SUFLÉ GASTRO ENCEFÁLICO


Nación de naciones: nacionalidades: suflé de vanidades con toque de perversidad: esperpento ruin salpimentado con azufre dispuesto para su ubicación en las infantiles mentes (que lo fue) a su vez indefensas ante tanta malicia, siempre a través de un recetario gastro encefálico que desde hace cuarenta años se ha embutido en las aulas, con añadida publicidad y en paralelo en los medios de comunicación de la caja tonta autonómica. Estrategia que fue diseñada una vez las dichosas transferencias permitieron la estafa cultural.

 Y como dio el fruto que los mercaderes de la patraña deseaban, el “tripartito del botánico” calca la estrategia y está dispuesto a anular la singularidad de Valencia fundida con el crisol de su historia, que, por cierto y dicho sea de paso, por su aporte cultural, está a la altura de las mejores del suelo patrio.

Veamos pues. Se dice que en 1238 “nació el pueblo valenciano y su lengua es el catalán”. Así clama la Universidad Literaria valentina. ¡Cuánta mierda pardiez!

El Reino de Valencia tuvo su rey visigodo como seis siglos antes del citado año. A su final, el territorio permaneció bajo el credo islámico hasta la llegada del “Conqueridor”, cuyos límites eran semejantes a los actuales. Sus monarcas gobernaron a un pueblo musulmán en el que a su lengua arábiga, y a través de los mozárabes, se sumó la del romance en su desembarazo del latín, que a la sazón iba haciendo acto de presencia y con sus variantes a lo largo de la piel de toro.

Lengua pues latina la nuestra, que en un par de siglos y por merecimientos propios, iba a destacar en primer lugar y por encima de todas, algunas –dicho sea esto sin señalar a ninguna- aún sin nombre propio, más bien genérico.

En apoyo de Jaime I, quien marcó el territorio del nuevo reino cristiano con muy pocas variantes en lo sustancial respecto al que se encontró, e introduciendo nueva leyes, llegaron en amplia mayoría repobladores de lengua castellana, y en documentado y menor número quienes desde condados catalanes se expresaban en su propia lengua, que decían la occitana, llegados desde feudos sometidos al rey de Francia hasta el “Tratado de Corbeil” de 1258.

Y de aquellos cimientos surgió un siglo de esplendor a caballo de la Lengua Valenciana, orgulloso legado que actuales pseudo investigadores de la época foral, tan dados a la práctica del bonsái, ocultan o manipulan a su antojo, en manifiesta encomienda de adhesión y vergonzoso objetivo de gestar unos panfletarios “países catalanes” de falsa historiografía, inventando fobias y fábulas, que sólo han existido en el imaginario colectivo de ensoñaciones imperiales. 

19 abril 2017

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA


Mariano Rajoy y como actual Presidente del Gobierno ha sido citado por el Tribunal de la Audiencia Nacional para que atestigüe sobre un caso de supuesta financiación de su partido ante la campaña municipal del año 2003, básicamente en dos pueblos de la comunidad madrileña, los de Majadahonda y Pozuelo De ello hace pues 14 años.

La decisión del Tribunal, por quienes tienen competencia para ello, no ha sido unánime y por lo que se dice, por dos votos a uno se ha finiquitado el “asunto”. Todo hace presumir que en la aplicación del reglamento, el mismo, es tan abstracto, que para lo que unos es blanco, lo es negro para otros. No debiera ser así ante casos de especial relevancia. O mejor sería que no lo fuera nunca, prevaleciendo en la esencia del código penal un fundamento  que nunca debiera ser poliédrico. O dos.

Dos valores inherentes a la condición de ciudadanos que el actual marco constitucional nos regala, que no son ni más ni menos que seamos todos portadores de la presunción de inocencia y gozar del derecho de amparo.


Pero tanto el uno como el otro han desaparecido de nuestras vidas. Ya no existen. 

Y su derrame, que no huida, se ha producido por un valladar de cieno alentado por políticos deleznables, algunos más populistas que otros, con cánticos de victoria por parte de un sector de los medios, alguno con halitosis de infamias, y a mayor sandez bajo la protección de un sector de los jueces para quienes el todo vale ha sido y es estandarte de sus miserias, admitiendo para su juicio cualquier insidia que cualquier día del año se presente ante su despacho. 

¿Objetivo? 

Que el designado ante la opinión pública sea considerado culpable: bien como investigado o bien como testigo.

27 marzo 2017

LA REPÚBLICA CATALANA


Estoy en condiciones de aseverar que durante la primera quincena del próximo mes de octubre se llevará a cabo en Cataluña el referéndum pro la República Catalana. Ojalá el sentido común, eso que con anterioridad se conocía como el “seny”, en la actualidad en sus más bajas horas, se imponga y me deje con el culo al aire. Pero largo ha sido el camino como para retomarlo, y es lo que toca. Dicen ellos. Los independentistas.

Y sí, larga ha sido la encomienda. Tanto en cuanto y como  punto de inicio, tras la transferencia en Educación (y no la de las buenas prácticas precisamente) más de 20.000 profesores fueron sustituidos por otros, que, distinguidos como guarda pretoriana de unas inexistentes calendas catalanas, fueron llamados en su trabajo a cambiar las páginas de la historia,  y a través de las aulas.

Primera enseñanza, presa fácil, carne fresca, para quienes veían en la infancia la mejor nutriente donde sembrar sus miserias, sin, a la sazón, importarles un pimiento el fraccionamiento social, el enfrentamiento generacional y lo aún más villano: la inquina familiar.

Un totum revolutum en una sociedad, la catalana, que ha logrado su estatus de privilegio gracias al proteccionismo económico de los tres últimos siglos, procurado por las diferentes "formas de gobierno" que mantenían tácitas y por sistema su decidido vuelco a favor del existente, entonces frágil, tejido industrial que se vislumbraba en su extensión, en sueños a veces, desde la línea fluvial del río Ebro hasta la pétrea de los Pirineos. 

Más de  trescientos años de proteccionismo español que tuvo su inicio con el Decreto de Nueva Planta de 1716, instado por Felipe V, tras la victoria sobre las huestes austracistas de ocupación, aquellas que tantas ensoñaciones autonomistas regalaron a los próceres de la Generalitat Catalana, que no tuvieron empacho, entonces, para proclamar a su interesado líder, al Archiduque Carlos, como Rey de España y con el nombre de Carlos III. De Res-pública, "res de res".

Ahí queda eso para la reflexión de quienes a toque de cuerna y con la esquila al cuello, serpentean la panfletaria y actual Diada Catalana, en el supuesto , hay que decirlo, de que aún les quede libre y dispuesta para el más elemental discernimiento una sencilla célula en su masa cerebral.

Y ahí están, unos, los del 3% que buscan su tabla de salvación penitenciaria, mientras los otros gozan de orgásmicas sacudidas, instados por el Oriol Junqueras de ojos cruzados, quien un día descubrió el Sinaí de sus ensoñaciones lascivas, situado en los altos del Montserrat, donde los “monjos benedictinos” sacuden sus pebeteros, prietos de alucinógenos de falsas quimeras, para extenderlos a sus pies hasta las tranquilas aguas mediterráneas que tratan de incendiar. 

18 noviembre 2016

FALCÓ


Falcó, el último libro de Arturo Pérez Reverte. Una genial novela centrada en una leyenda urbana, que independientemente sea o no sea cierta, si lo fue, debió cobrar vida de la forma que nos plantea el autor. A mayor, o menor distancia.

Y se vale de esta ficción  para contarnos cómo fue la España guerra civilista, fuera de la nobleza de las trincheras, inmersa en los bajos fondos de la ciudad, en sus sombras, en su discurrir por las cloacas, donde imperaban las tesis  más miserables de unas ideologías enfrentadas sobre un escenario donde la vida humana apenas valía nada.  

Con seguridad, menos que el devenir de una mosca empeñada en posar sobre la oreja de uno, fuera ésta la de cualquier sujeto, fuese o no de medio pelo, que intervenía en uno o en el otro bando. En eso se parecían ambos, los del uno y los del otro. Calcados. Quien molestaba, pasaporte. O con mayor precisión: al “paseo en la noche”.

Espionaje urbano que se tramaba tanto desde una siniestra oficina, como al compás de un baile dispuesto en una fiesta de alta sociedad, donde uniformes de alto copete  cruzaban sus órdenes a subordinados dispuestos a llevar a cabo las encomiendas más siniestras. ¡Cuéntame! que te cuento.

En sus páginas, con la acostumbrada jerga del antiguo periodista, ilustrado en vivo y en directo ante los más ruines actos de los que es capaz el ser humano, el autor no nos habla de bandos, sino de sus banderías.

De una sorprendente misión sutilmente orquestada, que con el tiempo perdura en el imaginario español ante un mar de dudas más o menos interesado, donde la certeza del mismo se fija en la arena del desierto, certificada por un oasis como posible.

Cambio de cromos que Arturo Pérez Reverte trata a su manera con la maestría propia de una intriga que engancha al lector.

La liberación de José Antonio Primo de Rivera a caballo de la leyenda, con las riendas de la emboscada, con el final de su muerte en una cárcel de Alicante tras un juicio de parte.

De su prisión, llevada a cabo con anterioridad al comienzo de la guerra civil, se vale el autor para trasladarnos a una época tan de actualidad en los últimos años; que no debiera.

Protagoniza la novela Falcó, de profesión espía a sueldo, quien pertenece a uno de los bandos, que, sin embargo, no es más que el suyo propio. El otro, el bando rival, lo ocupa el resto. Falcó marca las fronteras que en cada caso le conviene. Falcó no tiene más reglas que las suyas. El código de circulación no le sirve. Conduce a su antojo.

La vida humana es como una hoja suelta y con espinas, que en día de viento, cuando te viene a la cara, si molesta, la apartas de tu camino. Su moral no es más que una bala en la recámara de su Browning, una navaja automática en la mochila, una cápsula mortal para uso propio y cafiaspirinas para sus frecuentes migrañas, todo el conjunto como faro y guía hacia un probable final que sabe está presente al torcer cualquier esquina.  Le va en el cargo.

Pero el verdadero protagonista de la novela no es Falcó: es la España que el autor nos muestra, parece que de reojo, pero con la profundidad de la crítica a la que él nos acostumbra, libre de perjuicio alguno. Con premeditación, con alevosía. 

Falcó tiene, no obstante, su regla base: el autor nos la desgrana en un libro de necesaria lectura. De los de una tacada.

28 septiembre 2016

EL PEDRITO SANCHEZ


Jamás pactaré con un partido populista”: es un frase que cuelga en el éter de la noticia, clara, rotunda, sin matices, ni medias tintas.

Su único valor, el de la frase, viene dado por quién es su autor, quien en este caso es dueño y esclavo de su palabras, aunque a él, esto le importa un pito. Y aunque a los demás adversarios, en especial a los que considera enemigos, les exige la rigurosidad de sus expresiones, el se mea con la meticulosidad de las propias.

En el ejercicio de una profesión que por su escasa valía personal él mismo desprestigia, en sus derivas, incapaz de tomar el camino de villadiego que de ser hombre cabal lo haría y en alta velocidad, por supuesto en clase turista, así debiera, en cambio, cuando procede hacerlo, ancla sus posaderas asido a  un antro cutre y rancio, soez y tabernario, donde el palabro indecente recrea su halitosis.

"Un capitán no debe abandonar su barco cuando se hunde", igual es su reflexión, sin tener en cuenta que no sirve la leyenda cuando la grieta surge provocada por él mismo en su pertinaz tarea hacia el fondo de sus miserias.

Ausente de un curriculum vitae de especial relevancia, aunque como guaperas obtuvo sus rentas, se adhiere como una lapa al calor del partido que le asegure jornal y patrimonio.

Pedro Sánchez es así, el abominable hombre del no, el del vuelva Vd mañana de Larra, el del insolidario preocupado por los recortes, el que hace gala de un partido, que, es lo cierto, cuando ostentó el poder hace unos pocos años hizo aumentar el número de parados en la gruesa cifra de 3.5 millones más de personas, para quienes, dicho sea de paso, había que procurar un fondo económico,  que, dirigentes de su propio partido desviaron a los bolsillos.

Los de ellos, por supuesto.

06 septiembre 2016

NO HAY DOS SIN TRES

No entro, entre otras razones porque no me apetece, en la cuestión del perjuicio que pueda ocasionar a España estar con un gobierno en funciones desde hace ya diez meses, con el agravante, dicen, de que vamos a unas terceras elecciones.

Ni me preocupa, toda vez que la hipotética deriva que se denuncia por ello, no va a ser, con seguridad, peor que la ocasionada por el socialismo de Zapatero. Ni de lejos.

Y si superamos aquel trance, el que dicen se avecina ya no puede asustarnos, porque no será tan dañino. Imposible.

¿Terceras elecciones? Pero si ya hay quienes con cierta sorna vaticinan irónicamente: ¡¡ Y por qué no una cuarta!!

A estas alturas todo es posible.

Pero lo que ha quedado más que evidente, con prueba de nueve incluida, es el muy deficiente, escaso, hasta se puede decir nulo, sentido democrático de unos diputados que ante un doble resultado electoral, a la sazón ratificado en la segunda cita con mayor diferencia y en el mismo sentido, escuchen quienes me lean, con rotundidad más que evidente, han negado la mayor para enrocarse así mismos, sin importarles un bledo una situación que ellos mismos dicen negativa, supongo que así lo interpretan, para los “intereses generales” de la nación.

Nación a la postre en juego como si de una negra aceituna se tratara, cuya situación, encubierta por tres cuencos de pansida patata, hay que averiguar el lugar donde la esconden.

16 julio 2016

EL 18 DE JULIO


Se aproxima el “18 de julio”, en el santoral cristiano onomástica de Anub, de Berta, de Federico, de Gudena, de Marina y de Materno, a la que se añaden un buen puñado de otros santos que por una u otra razón celebran su festividad en el mismo día. 

Sin embargo, para un muy concreto sector de la sociedad, por fortuna minoritario aunque instalado en el sueldo público, su recuerdo es más bien un no puedo vivir sin él. Como un sarpullido que llegadas las vísperas, el tic tac de sus sístoles y diástoles se altera. Sin tan “importante día”, su capacidad de discernimiento se vería mermada de forma sustancial. Puro revanchismo, fruto de un vacío intelectual castrado a golpe de forja. Incrustados tan peculiares socios en las instituciones gracias al apoyo del PSOE, para las llamadas confluencias y en torno al “coletas”, el “18 de julio” representa el clímax de su paranoia.

Un recuerdo ya muy lejano, totalmente apartado de la vida social española desde hace ya muchos años -estamos ya en los ochenta- sin ningún tipo de añoranza para ningún sector ni siquiera marginal de nuestra geografía. Remembranza que aparece de la mano, precisamente, de los correligionarios de uno de los bandos entonces enfrentados, en la actualidad establecido en el ya olvidado túnel del tiempo pero conectado a nuestros días, con seguridad necesitado de la pócima que alimenta sus retorcidas entrañas, prietas con el regusto del  rencor.

El “18 de julio” no deja de ser para tan excéntrica secta el día festivo por excelencia. Es imposible entender, al menos para ellos, un calendario anual con ese día en blanco, o bien como uno más de los que configuran su particular almanaque, que, afortunadamente, no es el de todos.