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20 mayo 2016

LA CORRUPCIÓN JUDICIAL, LLANAMENTE.


La actuación de los jueces Baltasar Garzón y Elpidio José Silva Pacheco representa la punta de un iceberg en el que esconde un entramado judicial defensor de unas directrices que en absoluto tienen relación con el código penal existente. Esto es y tiene su nombre: “Corrupción Judicial”.

Un Alto Tribunal Constitucional que tarda cuatro largos años en resolver si Cataluña es o no es una nación, su demora se debe en exclusiva a razones políticas.  Esto es “Corrupción Judicial”, llanamente.

Que un medio informe en su portada y a diario durante meses y meses, años incluso, información bajo secreto de sumario ante el silencio y cruce de brazos de los jueces implicados, se llama a esto “Corrupción Judicial” y con mayúsculas.

Que el Fiscal del Estado no haya intervenido de forma rotunda ante la deriva independentista cuando es su principal obligación y a la vez su razón de ser, su silencio e inhibición obedece a la “Corrupción Judicial” existente que erosiona los cimientos del propio Estado.

Que una Institución Autonómica, cuyos principales cargos han jurado o prometido su lealtad a la Constitución, y aquellos lancen sobre ésta el guante con ademanes chulescos propios de tahúres, con la más absoluta impunidad y sin temor alguno, sólo es posible cuando los guardianes de la Ley se mueven en terreno propicio a ello, que no es otro que el de la “Corrupción Judicial” existente.

Que los jueces admitan a trámite denuncias basadas en frívolos indicios y sin aporte documental alguno que se resista, no sólo obstaculizan su funcionamiento, sino que convierte a la judicatura en una especie de rastro al capricho de quinquis y trileros, bajo el nombre de “Corrupción Judicial”, en este caso abierto tanto en días laborables como festivos.  

Corrupción Judicial” de la que se han beneficiado quienes actúan al margen de la Ley y en perjuicio de las víctimas, que, fundamentalmente, se representan por la sociedad entera. Su amparo, único por cierto, queda en la sumisión y aceptación de lo políticamente correcto navegando desde su condición de ciudadano a la de súbdito, sin peaje alguno, que con el tiempo bien pudiera servirle de garantía.

Corrupción Judicial” de alcance insospechado, imprevisible y con muy dolosos resultados.  Cuantitativamente inmedibles.  

En lo social y en lo económico.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Más claro, blanco y en botella.
Iván

Julio Cob dijo...

Iván, es que son habas contadas. Sólo hace falta querer verlas y no optar por cerrar los ojos.

Un abrazo

Vicente Ridaura dijo...

Lo has escrito claro y correcto aquien corresponda haber si se enteran

Julio Cob dijo...

Vicente Ridaura, enterarse enterarse, se enteran todos. Ahora bien, quienes se benefician de ello callan. Otros miran hacia otra parte. Luego están quienes fagotizados por sectas televisivas sólo digieren aquello que a dosis diarias les introducen en el coco. Pero te aseguro que enterarse, se enteran todos.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Defendiendo a los corruptos y criticando a los jueces que los persiguen. Así es el señor Cob.

Julio Cob dijo...

Efectivamente Sr. Anónimo, así es el Sr. Cob. Libre y sin traumas.
Lo que sucede es que vd no estás ni preparado ni liberado para digerir mi escrito.

Aliviese !!!!

Un saludo