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30 septiembre 2010

LA HUELGA GENERAL

Por la huelga general [1600x1200]

Durante los cuarenta años del franquismo no había debate político en el Palacio entonces llamado de la Carrera de San Jerónimo y en la actualidad Congreso de los Diputados. Simple matiz. Sólo se escuchaba a ritmo de exultante balada, la loa perenne, cuya sinfonía, a veces grave, en ocasiones aguda, pero siempre fiel, se trasladaba a los medios llamados de “prensa y radio del movimiento”: los encargados de los arreglos para que la melodía llegara esplendorosa al auditorio de la calle.

Tampoco existía la posibilidad de huelgas generales, que se reducían a cuatro: Generales de Brigada, Generales de División, Tenientes Generales y Capitanes Generales: uno de ellos perpetuo y que Baltasar Garzón anda buscando.

De vez en cuando y en sus últimos años, existieron huelgas estudiantiles que se resolvían mediante carreras callejeras que se difuminaban por la ciudad por el impulso de los llamados “grises”. Ese tono colorista que media entre lo vivo y lo mortecino, extremos siempre utilizados según convenga y a la causa que se persiga. Pero todo esto es historia, historia ya pasada.

Ayer hubo una huelga general en toda España en la que por lo que hemos visto en todos los medios televisivos quienes con más ahínco han trabajado son los que se han dedicado desde la primera hora del día a la práctica de la violencia, atentando a los medios de transporte empeñados en su paralización. De seguro que jamás madrugaron tanto portando en sus mochilas siliconas, cadenas y candados para su tarea informativa, sin olvidar el perfume de la gasolina.

Cándido Méndez, envalentonado, ha llegado a cuantificar su éxito por haber roto la velocidad del sonido, frase a semejanza de la utilizada por la galáctica Leire Pajín en ocasión de otro ajuste interplanetario.

Más lo cierto es que salvo los que se han visto impedidos a ejercer su derecho al trabajo por una acción sindical que se considera con el derecho de impedirlo, la normalidad ha sido la “tónica general” en una población perpleja al observar unos métodos que causa vergüenza a quienes los sufren, con la sorpresa añadida, por lo desacostumbrado, que la prensa local haya coincidido en sus crónicas destacando el fracaso de la movilización ciudadana.

Mas lo cierto es que la única razón de la huelga ha sido por el descrédito alcanzado por las centrales sindicales que en los últimos años se han dedicado a la interesada armonía junto Zapatero, unas veces con la práctica del silencio y otras con el guiño aprendido de los de la “ceja”, ejercitando loas que nos recuerdan a la Carrera de San Jerónimo y alguna que otra exultante balada de la que Víctor Manuel obtuvo un muy buen partido.

23 septiembre 2010

CARMEN ALBORCH, LA “GEGANTA” Y SU “ESPANTÁ”

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En las últimas elecciones municipales surgió por las calles de Valencia la figura estrambótica de Carmen Alborch vestida de “geganta” y con ínsulas de llamar la atención. En lo alto, su faz sonriente de agudo falsete, mientras que en el bajo de sus faldas llevaba escondido el expolio del Teatro Romano de Sagunto para el que había utilizado la argamasa de la mentira. Tras la cita electoral, el Partido Popular incrementó su mayoría absoluta en el consistorio del “Cap i Casal” y el vestido de la “geganta” pasó al trastero.

En la actual legislatura, Carmen Alborch, ha alternado en los plenarios municipales sus reiterados pasitos desde su escaño de primera fila, hacía el rincón del agua mineral con sus silencios, a la par que malgastaba su tiempo con sus semanales idas y venidas al Senado madrileño, por cuya participación en ambos hemiciclos sólo ha tenido la utilidad de su presencia y en exclusividad para su beneficio, más, como el mejor punto de enganche en caso de necesidad ante cualquier “eventualidad” incrustada en su mente.

Mientras tanto, en el hemiciclo municipal valenciano y en toda la actual legislatura, un concejal de voz cansina, teatral y lastimera con atisbos de falso predicador, insultador habitual las más de la veces, torticero y falsario siempre: Juan Soto, ha sido el referente de la auténtica valía de un grupo municipal que si por algo ha destacado ha sido por la constante manipulación hacia su electorado y por su desnortada actitud cual barco a la deriva atentos a cualquier tablón al que auparse.

En la última parte de la legislatura y atisbado el del escupitajo con matricula del “Salvem”, Carmen Alborch se subió a su bordo, cual compañeros de viajes de los que servirse. Pero siempre atenta a la Santa Bárbara y a sabiendas de que si el gato escaldado del agua fría huye, el vaticinio de un nuevo desastre electoral le ha aconsejado cambiar el rumbo tomando las de Villadiego con la mirada en otra parte.

Un tal Juan Calabuig va a optar a la Alcaldía para desbancar a Rita Barbera con su rumbosa y meritoria credencial de haber nacido en la calle Conde de Salvatierra, cuyo valor innegable, por lo visto, debe de ser toda una garantía de eficacia y de buen hacer. Lo que nos hace dudar de la calificación de cualquier otro candidato ante la ignorancia de su lugar de cuna, toda vez que no debe ser lo mismo haber nacido en la zona del Ensanche que en la del Marítimo; zona ésta cuyo desastre electoral lleva de cabeza a Blanquerías y que bien pudiera ser la causa principal de la huida de Carmen Alborch, de cuya actuación legislativa tendrá que dar cuentas a su partido producida la debacle.

Manuel Mata opta igualmente por la Alcaldía enfrentándose en primarias a quien dice haber nacido en el Ensanche, pero ante su silencio de lugar de cuna y en caso de ser él el candidato, llegada la hora de votarle, quien tenga la intención de darle su confianza debe producirle su decisión la desazón de ignorar su valía. Quizá llegado el momento del voto, nos anuncie Manuel Mata que nació en Pascual y Genís, dentro del casco histórico y más próximo a la Alcaldía.

Al mismo tiempo, Ángel Luna maldice la hora en que tomó notas mirándose a su propio espejo para juzgar al Muy Honorable Francisco Camps.

¡Qué cosas!

17 septiembre 2010

PAMPLONA, EL RECUERDO A HEMINGWAY

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15 Septiembre

Ya de regreso, teníamos interés en visitar el centro de Pamplona, donde en un par de horas disfrutamos del encanto de su Plaza del Castillo en la que el recuerdo a Hemingway está presente, así como en diferentes puntos de la ciudad; y el del Ayuntamiento con su pintoresca fachada. Caminamos por la calle de la Estafeta deteniéndonos en los sitios más famosos del encierro de los “sanfermines” hasta llegar a la Plaza de Toros. Finalmente nos detuvimos ante el monumento a los “Fueros Navarros” con sus ricas alegorías a su pasado histórico, muy venerado por sus paisanos en el paseo de Sarasate, completando parte de nuestro interés por conocer la capital del Reino de Navarra.

Comimos en Paniza, en el Paradero, donde a pesar de ser una hora tardía nos atendieron con amabilidad llegando felizmente a Valencia a última hora de la tarde, completando un recorrido en el que como siempre el buen tiempo es nuestro acostumbrado compañero de viaje.

HONDARRIBIA, EL BALUARTE DE LA REINA


14 Septiembre

Teníamos decidido dedicar un día a Hondarribia recorriendo sus calles y desde el mismo puerto tomar un barquito para visitar la zona playera de Hendaya, recorrido que se hace con una frecuencia de cada quince minutos.

Hondarribia es una villa fortificada en el Cantábrico que desde el siglo XIII y hasta el XVIII fue asediada repetidamente, pero defendida con eficacia por sus habitantes tenaces en su afán luchador y guerrero; al igual que durante la invasión napoleónica y posteriores guerras carlistas que causaron grandes destrozos en la villa dejando al Baluarte en estado de ruina. En su escudo de armas resalta su condición de ciudad muy noble, leal y valerosa. La villa fue fundada en los inicios del siglo XII y tiene la consideración de ciudad Monumento Artístico Turístico. En su casco antiguo destaca el Castillo de Carlos V, hoy restaurado para gozar de él como Parador de Turismo, situado en la Plaza de Armas, el punto más alto de la villa.

La Isla de los Faisanes, situada a muy poco de la desembocadura del Bidasoa cuya propiedad comparten España y Francia, fue el lugar donde se firmó “La Paz de los Pirineos” en el siglo XVII, así como otros acuerdos dinásticos a lo largo de su historia, lo que representa un atractivo en la zona por su pintoresca singularidad.

Primero contemplamos la ciudad desde el exterior escudriñando su zona amurallada, para continuar con un recorrido por su casco antiguo repleto de casas blasonadas, balcones corridos de forja y sus típicas casas con ventanas y balcones embellecidos con flores. La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción está situada en lo alto junto al Parador y caminando por una calle de fuerte pendiente en la que se encuentra el Ayuntamiento y pintorescos bajos comerciales, llegamos a una de las salidas de la ciudad bajo la Puerta de Santa María junto a un torreón. En su vista desde el exterior llama la atención la espectacularidad del recinto amurallado: Baluarte que fue construido en 1538. Destaca en lo alto de uno de los extremos un mirador como eficaz vigía de la zona.

La zona amurallada tiene una segunda puerta, la de San Nicolás, a la que se accede desde un puente de diseño moderno que nace en la parte nueva de la ciudad. Después de subir una suave pendiente se accede a él en el que la panorámica que se ofrece es digna de su contemplación.

Con el barquito llegamos a la playa de Hendaya de mayor extensión que la de Hondarribia, a la que retornamos para acudir a la Sidrería Laia, muy recomendada, donde teníamos reservada mesa. Construida en un caserío en las afueras de la villa, es de diseño moderno y elegante y con un menú que cambian a diario, del que salimos ampliamente satisfechos.

La tarde la pasamos en el Parador, relajados en sus instalaciones y con un último paseo por sus alrededores donde siempre queda un rincón pendiente en descubrir.

HONDARRIBIA


HONDARRIBIA


HONDARRIBIA


Bayona y la costa francesa

collage francia

13 Septiembre

Lunes y con un tiempo espléndido fue el día elegido para cruzar la frontera, ya inexistente, para conocer las ciudades más próximas. Un vistazo a Bayona como punto más lejano, retornar por la costa para visitar Biarritz y San Juan de Luz, fue el plan elegido.

Llegamos a Bayona, ciudad donde se firmaron 1808 las abdicaciones de Carlos IV como Rey de España y su hijo Fernando VII, entregando la corona a Napoleón.

Las agujas de su Catedral de Santa María nos indicaron la ruta a la que dirigirnos, aparcando muy cerca de ella. Queríamos conocer su centro histórico y nuestra primera visita fue la de su magnífico templo gótico, actualmente en restauración que nos sorprendió por su belleza, tanto la de su interior con diversidad de capillas, como por los contrafuertes y adornos en su exterior. Pasamos por el Castillo Viejo, hoy centro militar donde una placa en uno de sus muros perpetúa la evidencia de reyes y personajes ilustres que lo habitaron en diferentes momentos de su historia. Nos llamó la atención el silencio en la calles pese a la afluencia de gente, que si no muy abundante, la recoleta plaza en la que nos encontrábamos hacia más notorio el habla silenciosa de sus paseantes. Tomando un café en una terraza junto a la Catedral nos informaron de la existencia de un bus eléctrico gratuito que recorría la ciudad en diferentes rutas y corta frecuencia, existiendo una parada justo enfrente donde estábamos sentados. Fue pensado y hecho, y de inmediato apareció el pequeño bus que tras un recorrido por zona de jardines nos dejó junto a unos de los dos ríos que se unen en la ciudad ante una bella panorámica de Bayona. Bordeando el río llegamos a la zona del mercado, caminando por sus calles aledañas ya más concurridas, pero con la misma singularidad del silencio de sus gentes. Las agujas de la catedral nos indicaban la ruta, y ya en su proximidad nos sentamos para tomar un vino clarete. Nos llamó la atención un monumento a los caídos por la Patria en diferentes guerras: desde las dos mundiales, así como las libradas en el Norte de África o la más próxima del Golfo Pérsico. Después de tomar unas fotos del lugar, espacioso y de cuidados jardines, nos dirigimos hacía Biarritz como segundo punto de parada.

Aparcamos en un parking subterráneo junto a su extensa playa en la que destacan las instalaciones del Casino y sus regias mansiones. Como en Francia la hora de la comida es más avanzada, nada más llegar elegimos la terraza del Casino frente al mar donde fuimos muy bien atendidos merced a un servicio esmerado que nos dejó satisfechos. Tras un leve paseo, casualmente, dimos con la parada de un tren eléctrico que en ese instante iba a iniciar un recorrido por la ciudad. A él subimos, y en su trayecto, a la par que nos informaban de la historia de la ciudad, igualmente lo hacían de las testas coronadas que había elegido tan bello lugar como estancia estival, con el testimonio de sus palacios y mansiones en uso actualmente en diferentes actividades volcadas especialmente al turismo, del que vive la ciudad. La belleza de su casco urbano, junto a sus playas, satisfizo de forma sobrada nuestra intención de conocer una ciudad cuyo nombre invita a la fantasía.

Y ya por la costa llegamos a San Juan de Luz donde recorrimos sus calles comerciales; vimos su playa, pero no así su puerto que presumo es lo más interesante de la ciudad. Debido a la dificultad de aparcamiento por una parte, y por otra, el aún grato recuerdo de Biarritz, hizo que optáramos por el regreso hacia el Parador de Hondarribia y descansar en su terraza con vista al Bidasoa acompañados por la lectura.

SAN SEBASTIÁN, LA PERLA DEL CANTÁBRICO

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12 Septiembre

El buen tiempo y su temperatura muy agradable no nos abandonaba. Todo hacía presagiar una jornada de domingo tranquila y apacible. Decidimos pasar el día en Donosti, San Sebastían, que nos recibió de la forma que no esperábamos. Un río de gente circulaba por sus calles camino hacia la Concha y con los parkings al completo. Nada sabíamos de que era el día de la Gran Regata, de gran interés popular, por lo que la ciudad fue tomada por los seguidores de quienes iban a competir en tan para ellos querido evento. Tuvimos la fortuna de dar con un parking con plazas libres, pero de entrada muy lenta. Por fin aparcamos y nos trasladamos hacia la zona de la Catedral para entrar en el templo en hora de oficio religioso.

Contemplando la belleza de los edificios en sus largas avenidas, llegamos al casco viejo con la intención de situarnos en la Plaza de la Constitución que nos llamó la atención verla toda mojada, como producto, pensamos, quizá de un fuerte chaparrón matinal, cuando nos informaron que como añadido a la jornada de regatas había habido una suelta de toros, por lo que tras un baldeo se había procedido a su limpieza. Emblemático lugar de la zona que elegimos para tomar sentados un chacolí, por aquello de donde estuvieres haz lo que vieres. El casco viejo estaba lleno de gente joven con la misma idea y por sus calles parecía que no cabía un alma abriéndonos paso entre el gentío, juvenil y bullanguero.

Nos dirigimos hacia la Concha con la idea de comer en La Perla, mas al no tener mesa libre la encontramos con algo de fortuna en la vecina La Concha, comiendo ante su célebre playa como era nuestra intención. La marea baja, hizo posible, terminada la comida, un pequeño paseo sobre la arena mojada donde los bañistas de sol y de agua marina disfrutaban de tan bello día.

Ya en el coche, dimos unas vueltas por la ciudad rodeando el Monte Urgull con la emblemática imagen del Sagrado Corazón de Jesús en lo alto para disfrutar de sus vistas en un día de mar tranquilo. El azul del cielo se fundía con el del mar, formando un escenario infinito cuya platea era la famosa playa de la Concha vista de frente. La regata había finalizado y la multitud de sus seguidores habían abandonado el lugar hacia el casco viejo donde completar la jornada. Una vez disfrutado del paisaje tomamos rumbo a Hondarribia donde en la Plaza de las Armas y en una de sus terrazas, disfrutamos ante la vista que la misma ofrece a quienes allí descansan.

GUIPÚZCUA, UNA PARTE DE SU INTERIOR

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11 de Septiembre

Teníamos la intención de disfrutar del paisaje genuinamente vasco, por lo que tomamos una ruta hacia el interior a la busca de pueblos pequeños, de alta montaña y valles de silencios. Y aunque nos habíamos procurado información, en el primer pueblo que hicimos un alto para tomar un café, Alegia, y situados ante la Casa Consistorial bajo los porches, entablamos conversación con tres lugareños que como respuesta a nuestros deseos nos aconsejaron una ruta que de inmediato aceptamos. Nos propusieron tomar una carretera que nace dentro del mismo pueblo hacia los altos montes, donde podríamos observar su cima más alta: la del Monte Txidonki, en un ruta de carretera estrecha pero de buen firme, por la que nos íbamos a encontrar con pequeños poblados y bellas vistas, así como el deleite de diversas vaquerías en las profundidad de sus valles. Vimos en el recorrido algunos caseríos, así como lugares pequeños pero con su torre eclesial, cada uno de ellos de especial encanto que nos hicieron disfrutar tomando las lógicas fotos para el recuerdo de su paisaje.

Pasamos por Larraitz, a pie del Txindonki, un pequeño poblado pero muy bien dispuesto para la diversión infantil, bajo un bosque cercano con toda clase de juegos que configuran uno de los parques de aventuras más importante de la provincia para el disfrute de la muchachada.

Tras realizar el recorrido, pasando por Zaldibia y Ordizia, volvimos a Alegia, donde en el recomendado Restaurante Eizmedi tuvimos ocasión de disfrutar de una buena comida de sencilla y esmerada laboriosidad, previa toma de un fresco chacolí que nos abrió el apetito.

Ya de regreso en Hondarribia y con una caminata en las últimas horas del día por su paseo marítimo, supimos más de la villa que se abre y llega al mar, repleta de espléndidas casas exentas que rivalizan en belleza separando lo medieval de la modernidad, descubriendo una muy cuidada playa junto al desembocadura del Bidasoa y su puerto deportivo

HONDARRIBIA Y EL BIDASOA

Parador

10 Septiembre

En ocasiones diferenciar lo que separa de lo que une no resulta nada sencillo entre dos zonas que se avecinan. La clave reside en ese punto neutro siempre existente entre dos partes que tienen el encanto de su solidez y forman un conjunto tendente a la seducción de quien por él se siente atraído.

Es el caso de la desembocadura del Bidasoa que nos separa de Francia y que como en otros lugares semejantes, como es el caso del Miño o del mismo Guadiana, al tiempo que divide un lugar de otro, también los ata un paisaje de identidad que dejando aparte orgullos banales arraigados en un sector minoritario, hace confraternizar a su gente.

Por tal motivo, y con el deseo de conocer más en profundidad San Sebastián y sus alrededores, decidimos trasladarnos a ese trozo de tierra agraciado por la naturaleza fijando como lugar más adecuado el de la villa de Hondarribia, antaño Fuenterrabía.

Y allá nos fuimos, con la sorpresa nada más entrar en su casco urbano que lo que íbamos a conocer iba a ser mucho más bello que lo imaginado. Cuando se tiene en mente la foto de una pintoresca casa, atraído por su belleza desde el momento de verla (como resulta ser en este caso) deja de ser una foto cuando, ya en el lugar, observas, que una casa tras otra se transforman en muchas fotos cada una más espectacular, lo que unidas todas, crea el atractivo de una ciudad de difícil olvido. Es el caso de Hondarribia que nos hechizó nada más entrar en ella.

El casco viejo en lo alto, con su plaza de Armas y bellas vistas al río, tiene a su espalda la zona amurallada de muy reciente y acertada restauración, con sus dos puertas: la blasonada de Santa María y la de San Nicolás, que dada la antigüedad de su cerco y el estado de abandono tras un largo periodo de años, la decisión de su necesaria restauración ha dado ocasión al conocimiento del estado primitivo de la villa, lográndose el privilegio de imaginar la eficacia de su defensa en los casos de necesidad, que por cierto fueron muchos. Debido a los avances bélicos de los asediantes, sus murallas fueron adecuándose a los tiempos, construyéndose una serie de túneles y pasadizos ocultos que han ido aflorando hace muy pocos años tras sus labores de restauración, dejando a la vista del visitante una muy detallada interpretación del fascinante entramado sito en las entrañas de viejo e histórico casco urbano de época medieval, cuyo recinto amurallado es conocido como el “Baluarte de la Reina”.

Celebramos nuestra llegada comiendo en un restaurante datado en 1575, el Zeria -situado en la popular calle de San Pedro de la parte baja- con su vetusto estilo que han procurado conservar intacto hasta nuestro días. La buena cocina y la agradable estancia en la terraza y ante su fachada, contribuyeron a gozar aún más de nuestro primer día de estancia en Hondarribia, al tiempo que se celebraban los últimos días de las fiestas de El Alarde en recuerdo de la victoria sobre los franceses del año 1638, encontrándonos con un ambiente alegre y bullanguero.

07 septiembre 2010

EL FLANCO DÉBIL

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Dicen los ecologistas que la sociedad actual está atacada por muchos frentes que la ponen en peligro. La ferocidad del capitalismo, dicen, ataca por todos los flancos y allá por donde pasa su estela, la hierba agoniza y la química del cemento lo convierte en un campo yermo -aseguran aquellos- camino a un lodazal al que estamos predestinados para destrozarnos nosotros mismos.

Algo de predicadores del fin del mundo hay en ellos cuando ni siquiera sabemos el origen del mismo, que, y dicho sea de paso, ha sufrido diferentes cataclismos desde su primer día de existencia hace millones de años.

Sin embargo, algo o quizá mucho, ha cambiado en los últimos tiempos. Una “nueva cultura” se impone para la degradación de un sector de los jóvenes, prisioneros de una tiranía cuya única intención es la de someter a la juventud sin tablón al que agarrarse.

Su “cimiento ilustrado” es ligero de equipaje, pero en su orgullo reside su fortaleza. En esta “nueva cultura” su único bagaje es el del logro de lo fácil, carente además de cualquier tipo de sacrificio. Hay quienes la definen genéricamente como la cultura del botellón que cuando se le quiere poner freno aparece la dificultad del caballo desbocado ávido de nuevas carreras. Es cuando la marcha atrás encierra cierta dificultad y la única solución viene de la mano de la prohibición, cada vez más necesitada de salir a la palestra.

Sólo así se explica el caso de Rótova, un pueblo valenciano en fiestas en el que un joven festero de 22 años acude voluntariamente a misa y sin que nadie le obligue solicita la comunión. Una vez ya en sus manos la Sagrada Forma, en su arrogancia y valentía, la destroza con la intención de convertirse en un provocador que termina siendo arrojado del templo por el sacerdote que le trata de blasfemo; para ello, utilizó la violencia tal cual hizo Jesús con los sacrílegos mercaderes.

¿Qué es lo que sucede en esta sociedad para tales extremos?

¿Nos lo explicarán los ecologistas que según parece desean un mundo en paz y en armonía en el que reine la libertad que se supone sea desde el respeto?

¿Hay algún frente que ataca a la juventud, el flanco más débil de nuestra sociedad?

Alguien tendrá que explicarlo.

03 septiembre 2010

ANTONIO ASUNCIÓN Y EL “AMIGUISMO”

antonio asuncion

Es increíble el grado de perversidad que llega a alcanzar la izquierda, y en especial la valenciana, como sucede de forma clara y manifiesta ante el anuncio por parte de Antonio Asunción, el que fuera Ministro de Interior del Gobierno de Felipe González, cuando manifiesta su intención de presentarse a primarias con la finalidad de concurrir en las próximas elecciones autonómicas a presidir la Generalitat Valenciana.

Han sido pocas horas las necesarias para saber de la reacción del PSPV. Y en ella, ha tenido la insidia de considerar como culpables de tal decisión al Partido Popular, al que consideran saldría beneficiado, toda vez que dirigentes de su partido mantienen muy buenas relaciones con los negocios de Antonio Asunción.

¿No les suena la musiquilla?

Es tanta su perversidad como su obcecación, y en esta guisa llevan sus últimos años: acusando de lo mismo al Gobierno del Muy Honorable Francisco Camps para caer ahora en la mezquindad de hacer lo mismo con un aspirante a primarias y de su propio partido.

02 septiembre 2010

SEPTIEMBRE

Septiembre

Ah, llega septiembre y parece como un nuevo empezar, como si un año nuevo llamase a nuestra puerta cuando la realidad es la vuelta a la normalidad. Como la acción de un okupa que se ha descolgado lentamente desde un tercer piso en el barrio del Carmen en una casa amenazada por la piqueta para la ampliación del IVAM (el Instituto Valenciano de Arte Moderno) en la que ocasionalmente el okupa tiene su vivienda con el peligro diario en sus subidas y bajadas, pero con la ventaja de que la del Euribor no le afecta y cuyo movimiento ignora.

Sin embargo y en cuestiones de derribo quienes si andan preocupados son los hosteleros de la Malvarrosa que se oponen a la pérdida de sus terrazas a quienes por lo visto, Zapatero, por su uso, le han merecido la consideración de okupas.

Llega pues septiembre y aparece el llamado “síndrome postvacacional” que este año debe ser más leve debido a la cortedad de los días de asueto. Aunque el que se mantiene intacto es el “síntoma del parado” cuya receta busca pero no encuentra sea cual sea el médico al que acuda, ni en lo público ni en lo privado, mientras que rendido al más absoluto de los letargos espera algún milagro que resuelva su analítica alterada.

El que parece haya pasado a mejor vida pues apenas se le oye es el Frente Polisario, enfrentado durante muchos años a Marruecos por la ocupación por parte del gobierno marroquí de unas tierras que no le pertenecen. Quizá el motivo sea la falta de apoyos que siempre tuvo en especial por parte del PSOE que en un viraje de 180 grados se ha puesto en contra de quienes mantienen una posición que antaño apoyaba. Son las cosas del poder que no “Las cosas del querer”, que emulando la bella comedia musical tiene mucho de fanfarria.

Quien desea hacer honor a su apellido es Ángel Luna, el diputado autonómico que ha decidido continuar errante dando vueltas y más vueltas, cual satélite impenitente, y por los siglos de los siglos. Cada uno elige su camino y ante la desconfianza que debe merecerle el de Santiago, su firme decisión por la elección del caso Gurtel, de cuyo Master presume, le dirige hacia el espacio sideral seguramente por razones de familia como atestigua su apellido. Y es que hay blasones que imprimen cierto carácter plomizo.

Zapatero, Zapatero el de verdad, el del bla, bla, bla, se ha ido a la China con un cuento bajo el brazo en forma de Copa Mundial del Fútbol que él no ha escrito; tras el ridículo en su periplo por la Presidencia Europea veremos que cuento nos cuenta a su regreso, aunque igual nos sale por peteneras y nos habla de su “Alianza de Civilizaciones” de la que parece olvidado. Al menos por el momento.

Llegado Septiembre, de lo que seguro que nadie se olvida es de la vuelta al colegio y lo que ello representa. Menos para los okupas; claro está.

26 agosto 2010

A MAYO VISTA

cortes valencianas

Con la toma de posiciones se inicia el periodo de tiempo a transcurrir para las próximas elecciones autonómicas en nuestra Comunidad Valencia que corresponde exactamente al de un parto. Para Mayo es la fecha prevista. Y por tal motivo, el mes que termina, lo han dedicado nuestros políticos, salvo algún que otro escarceo vacacional, a preparar la estrategia para la inminente campaña que irá cogiendo fuerza tal y como avancen los meses. Las encuestas que se manejan en los sectores interesados en ello, el del CIS más el de los propios partidos, parece que coinciden en la misma tendencia: el triunfo del Partido Popular con posibilidades de repetir su mayoría absoluta, incluso de incrementarla.

Es normal que el Partido Socialista del País Valenciano y con la boca pequeña diga lo contrario, y centre sus esfuerzos en reducir la distancia lo más posible, incluso que piense en posibles pactos, y que gracias a ellos pueda recuperar el poder de la Generalitat. Sin embargo y al mismo tiempo, olvidan las razones por las que lo perdieron y que en lugar de corregirlas se empecinan en mantenerlas.

Todo hace prever que el resultado de las urnas para la izquierda valenciana será la consecuencia de una legislatura perdida en la que se han dedicado en exclusiva al libelo. Por supuesto, con la ayuda y el recurso de los medios afines en una estrategia diseñada desde Moncloa, en ocasiones con manifiesta torpeza, con la habitual “marca de la casa” de tan inconfundible sello.

La pertinaz utilización de la insidia y de la mentira, así como el uso desmedido de la vía judicial será el más eficaz boomerang que les mantendrá en la oposición, así como, y a la sazón, por su actitud de espaldas a los deseos de la inmensa mayoría de los valencianos, como se refleja, entre otras muchas cuestiones, en el caso del Cabanyal, a cuyo proyecto de mejora y rehabilitación se han enfrentado en los últimos meses con el panfleto de la falacia y el vocerío del enfrentamiento.

Quienes también ven peligrar sus escaños son los del Compromís, que en su “guerra interna” se han dedicado a montar números de circo, en especial los de Mónica Oltra, diputada autonómica con la que el Partido Popular perdió la ocasión de responderle tal y como se merece en una intervención desafortunada muy típica en ella. Declaración sobre el atril que debió escandalizar al hemiciclo entero y de cuya acusación, más bien surgida de la inquina, precisamente los herederos de la izquierda tienen mucho que callar.

Ahora parece, según dicen, que la del circo, anda haciendo guiños al Partido Socialista del País Valenciano de cuya aceptación algunos de éste partido temen. Con la moda del cambio de camisetas en un híbrido parlamentario que anda a la deriva, todo es posible; pero lo que más parece que sea, es ver si cuela… y a la cazuela.

19 agosto 2010

LA PREHISTORIA, LA HISTORIA Y EL MENÚ

la prehistoria la historia y el menu

Nos lo decían en el colegio en nuestros años de primera enseñanza refiriéndose a las partes de las que consta la Historia y que la dividían en dos. La que se corresponde con anterioridad a la existencia del papel escrito la definían como la Prehistoria, de cuyo conocimiento se documenta el investigador a través de los hallazgos tras múltiples excavaciones, como pueden ser los huesos humanos, los de los animales, así como restos cerámicos y la existencia de pinturas en las cavernas que dan información de cómo eran y de qué forma vivían nuestros primeros antepasados. Y de todas aquellas huellas hemos ido conociendo sus aficiones, así como sus avances; al igual de su gusto por los colores entre los que predominaba el rojo de la sangre de los animales que mezclada con los ocres de la tierra y con la majada de las hojas, lograban los tonos que pretendían para testimoniar la señal de su presencia.

De voz en voz se transmitían hechos y leyendas que se convirtieron siglos después en historias escritas utilizando pergaminos y vitelas hasta la aparición del papel, sobre el que los más preclaros historiadores recopilaron tanto las gestas como lo más infame, narrando para la posteridad el devenir de nuestra historia. Es entonces cuando se inicia la Historia abandonando su prefijo.

Desde el griego Heródoto, conocido como padre de la Historia, toda una suerte de ilustres personajes ha ido dejando sobre el papel, siglos después, nuestra historiografía hispana. Desde los pertenecientes al medioevo, como fueron Alfonso X el Sabio o Pedro López de Ayala, hasta los contemporáneos Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal, Américo Castro, Salvador de Madariaga, Sánchez Albornoz, entre otros, quienes desde posiciones ideológicas diferentes (algunos de ellos exiliados motu proprio del franquismo) coincidieron en lo básico acerca de nuestra histórica nación española, la más vieja de Europa. Todo ello, gracias a la paciente investigación en archivos, bibliotecas y centros de prestigio internacional reconocidos, como por ejemplo el de Simancas, lugares de los que se sirven quienes desean conocer en mayor profundidad nuestro pasado gracias a la documentación allí existente, y que tras su correspondiente verificación con otras fuentes, que, si algunas matizan ciertos aspectos, coinciden en lo fundamental.

Sin embargo, un nuevo concepto seudo histórico confeccionado al menú de productos adulterados ha aflorado en los últimos años. Desafortunadamente cada vez con mayor cancha, y al que habrá que definir como una “tercera parte” de la Historia.

Nace de quienes dedicados a la falsificación -que no de la manipulación que por otra parte no desestiman- de unos hechos inexistentes salvo en la imaginación de sus autores, se dedican a la creación de historias urdidas desde la mentira con el único objetivo de imponer su dogma en una sociedad que por otra parte pretenden sea laica.

Así pues, y por lo visto, habrá que añadir una “tercera parte” que si de nombre por ahora indefinido, si sabemos de su contenido: el de la manipulación de la Historia, basada en ocasiones en la existencia de una leyenda negra escrita desde el exterior con el claro objetivo del desprestigio, o por la falacia del envidioso.

Osadía a la que nunca se dedicaron lo más florido de la intelectualidad española desde nuestro Siglo de Oro; al igual que los Ilustrados del XVIII, así como los liberales cultos del XIX, o las últimas generaciones tanto del 98, como del 14 o la del 27. Generaciones para quienes la evidencia de nuestra españolidad jamás pusieron en entredicho.

Quizá sea lo más apropiado definir esta dedicación post seudo histórica que ni siquiera merece la consideración de surrealista, como la de un canto a la ignorancia desde un menú barato a base de salsas que encubren malos productos en una época de crisis cultural, por supuesto ajena a la económica.

En especial dedicada a quienes están rendidos a la comunión laica en ruedas de molino en la almazara de su mente.

08 agosto 2010

ELISEO CLIMENT Y EL CLAN QUE LE ALIMENTA

EL CLAN DE LOS TALIBANES

Cuando el “clan talibán” tuvo el poder en sus manos puso en marcha el ventilador precisamente para urdir lo que hasta ese momento censuraba: el ordeno y mando salpimentado con la seña de la prohibición. A ello se ha dedicado en una andadura iniciada hace unos treinta años tras sus continuos intentos de superar un listón cada vez más alto, utilizando como única red la mentira, aireada a sus ciudadanos que la dan por buena como súbditos drogados.

Pese a una minoría manifestada en las urnas, con una participación ciudadana inferior al cincuenta por ciento, ejercen su poder de espaldas a un pueblo que preocupado por otros problemas, mayoritariamente ha dejado de creer en quienes les gobiernan.

Impuesto pues el “clan” con túnicas de falso lino, optan por lanzarse por el tobogán de la prohibición, alguna de ellas de forma esperpéntica, como ha sido su última decisión en torno a la Fiesta Nacional certeramente definida por Boadella manifestando que tal decisión “es más bien un puntillazo a España, que a la fiesta de los toros”.

Tobogán cual tornillo sin fin de mentiras mezquinas, utilizado de igual manera para la entrega de generosas subvenciones (sin el menor pudor o decoro) a quienes propagan sus encomiendas, como es el caso de Eliseo Climent al que en especial me refiero.

Se dice y con plena razón que el dinero corrompe voluntades. Quizá no siempre, porque en todo concepto asumible hay espacio para la excepción. También se asegura que ante cualquier escenario concreto existe una cimentación en la que a poco que se escarbe la presencia del vil metal forma parte de su argamasa.

En época de ajustes presupuestarios, de la necesidad en el mejor uso de los fondos públicos y de su utilización en el lugar más necesario, sorprende muy mucho que la Generalitat Catalana subvencione con casi medio millón de euros a una Asociación ajena a su territorio cuyo marco de actuación se centra en nuestra Comunidad Valenciana. En la que por cierto, si por algo se distingue, no es precisamente por ensalzar nuestros arraigos, que si a ello se dedicara, su chollo económico tendría los días contados.

Eliseo Climent es un personaje hábil en la caza y captura de la subvención que ha hecho de esta guisa su modus vivendi, al tiempo que marca la pauta a seguir a sus sectarios en su proceso catalanizador de la Lengua Valenciana, lo que ha dado pie a ciertas desavenencias con otro grupo afín: la “Escola Valenciana”.

Curioso que coincida éste enfrentamiento en el instante en el que “Acció Cultural del País Valencia” recibe a manos llenas la presencia del vil metal en tiempos de recortes a otras asociaciones cuya dedicación sí les honra, como bien pudieran ser las que se dedican a atenciones sociales en beneficio de los más necesitados.

¿Qué le hablen de crisis económica a Eliseo Climent, tan fiel como es a las órdenes del poder de los talibanes?

31 julio 2010

LA(S) LLENGUA(S) DELS VALENCIANS Y MANUEL SANCHIS GUARNER

Manuel sanchis guarner

Vaya por delante mi carencia de conocimientos filológicos, al tiempo que no tengo ningún reparo en manifestar que mi condición de castellano parlante no es óbice para cercenar mi interés acerca de lo referente a mi patria chica: Valencia; especialmente en su historia desde cuando fue fundada en el 138 a.C. por las huestes romanas tras sus bélicas campañas por tierras lusitanas.

Llegado a mis manos el libro de Manuel Sanchis Guarner “La llengua dels Valencians”, he tenido interés en su lectura. No por conocer cuál es una de nuestras lenguas vernáculas (lengua aprendida en el seno familiar según una de las acepciones de la RAL), sino por confirmar la actitud de su autor en cuanto la consideración que tuvo de la Lengua Valenciana que, según él, se ufanaba en defender.

Libro editado en 1933 a remolque de las “normas de Castellón de 1932”, y de las que hasta el momento se han publicitado sus “luces” pero silenciado sus sombras, cuya necesaria clarificación por parte de la Academia Valencia de la Lengua no se ha llevado a cabo, más bien atenta al interés político que al puramente filológico.

El que en la elección de mis lecturas haya sido el castellano, no me ha impedido recurrir a textos valencianos tantas cuantas veces ha sido de mi interés, como es el caso del libro que les hablo. Sin embargo, confieso, que en éste he tenido en parte de su lexicografía ciertas dificultades para su entendimiento, situación que nunca he sufrido en otras lecturas de textos valencianos.

Dicho todo esto y sin que exista en mi ánimo su descrédito personal, así como cuestionar su interés por el verdadero conocimiento de nuestra historia a lo que se dedicó Sanchis Guarner durante su vida, tal y como se deduce de forma implícita tras su lectura, cerradas las tapas del libro y llegado el momento de su reflexión final, cual resumen de otras parciales, capítulo tras capitulo, la sorpresa de la contradicción constante ha sido lo que más me ha llamado la atención en la actitud de Manuel Sanchis Guarner aflorada en sus páginas.

Ya en su comienzo define claramente qué somos los valencianos: “nacidos en Valencia, somos valencianos”. Portadores a la sazón de una Geografía, Historia, Economía y Cultura propia, así como de una lengua autóctona, estas premisas nos llevan al siguiente postulado, dice Sanchis Guarner: “la lengua de los valencianos, es el valenciano”. Abunda de inmediato y de forma ligera, que quién reniega de su lengua, es como si renegase de su madre, apostillando que tales personas se convierten de inmediato en unos seres insatisfechos y desgraciados que nunca podrán aspirar a otra cosa más que a la consideración de extranjeros. Como guinda de inicio no está nada mal para enfrentarse a las páginas de un libro en el que su autor trata de decirnos cuál es nuestra lengua, cuando lo que más parece según se avanza en su lectura es que Sanchis Guarner es pura contradicción y que sus aseveraciones más bien sean producto de unos intereses que aunque desconozco, puedo intuirlos.

Si nos hace pues portadores de una Geografía, Historia, Economía y Cultura propia - obviedad que considero innecesaria- bueno es pues que la conozcamos desde el 138 a.C., y en consecuencia valoremos sus aportaciones a la formación de nuestra personalidad.

Ciñéndome en todo momento a sus propias manifestaciones a lo largo del libro y según la historiografía de sus páginas que doy por buena debido al crédito que su autor me merece, veo cómo la misma conlleva a través de los siglos merced a quienes a nuestra tierra llegaron, una diversidad de lenguas forjadas en el crisol de nuestros antepasados, como lo fueron el latín –que se impuso rápidamente sobre la lengua de los primeros pobladores- el árabe, el valenciano, el catalán y el castellano. Lengua ésta última cuya introducción en nuestro Reino fue calando lentamente desde finales del siglo XV y comienzo del siguiente, sin ningún tipo de imposición que en momento alguno denuncia el autor.

Por lo que es fácil deducir que tan lengua nuestra es el castellano como lo es valenciano. Lengua ésta formada con su influencia arábiga, según el propio Sanchis Guarner manifiesta en diferentes ocasiones, y que hace innecesario afirmar cuál es nuestra lengua madre; lo que de hacerlo nos lleva a alejarnos de nuestra realidad histórica, social y cultural.

Así pues, nuestras ambas lenguas vernáculas proceden del latín -la lengua utilizada en los primeros diez siglos de nuestra historia- y en su lógica evolución, tan lengua propia es el valenciano como lo es el castellano, siendo ambos idiomas utilizados por la inmensa mayoría de la población, a excepción de los inmigrantes de los últimos años.

En su libro, Sanchis Guarner dedica un capitulo a la lengua que se hablaba en el sustrato mozárabe anterior a la Reconquista y aunque lo hace con “lengua chica”, reconoce la existencia de aportaciones romances en la zona oriental de el Andalus datadas en las zonas de Sagunto, Denia, Bocairente; así como el culto en la ciudad de Valencia como lugar de peregrinaje cristiano, situado extramuros en San Vicente de la Roqueta, y con el significativo reconocimiento de una familia mozárabe valenciana años antes de la llegada de Jaime I de la que nació San Pedro Pascual, “misionero cristiano en tierra de moros”. Lo que deja malparados a quienes mantienen su tesis de que fueron los catalanes quienes trajeron su lengua en la Reconquista y que con su repoblación la introdujeron de nuevo cuño.

Sin embargo, ¿Eran conscientes los catalanes que acompañaron a Jaime I de que su lengua era el catalán o lo era el lemosín? ¿Sólo se hablaba árabe en el Reino de Valencia musulmán? Acerca de esto Sanchis Guarner nos dice otra cosa. Se deduce pues, que de ser ciertas ambas teorías, en la más pura lógica fácilmente entendible tras un leve discernimiento, si la nueva lengua del Reino de Valencia hubiese sido el catalán, el pueblo como tal la hubiese reconocido, y el nombre de su Siglo de Oro hubiera sido diferente.

Sanchis Guarner no tiene ningún reparo en reconocerlo como el de la Lengua Valenciana, con el que alcanzó gran esplendor. Y además de razonarlo, lo explica con meridiana claridad aportando en este sentido gran cantidad de datos y alusiones a la valentina lengua.

Reconoce y exalta el autor la existencia del Siglo de Oro de la Lengua Valenciana, tanto en cuanto sus autores daban con normalidad la calificación de “valenciana” al conjunto de su obra literaria, atribuyendo el hecho a que en plena expansión de la Corona de Aragón por el Mediterráneo, fuera la ciudad de Valencia su verdadero centro económico y cultural donde residían 75.000 habitantes –la segunda ciudad de España tras Toledo- mientras que en Barcelona apenas contaba 30.000, lo que según él justifica que la practica totalidad de los escritores de la Lengua Valenciana fueran valencianos.

Valencianos que por su propia voluntad se incorporaron tiempo después al Siglo de Oro de la Lengua Castellana con aportaciones importantes, como lo fueron las de Guillen de Castro, Virués y Timoneda, al tiempo que de nuestras imprentas, de especial relevancia en España, salían libros editados tanto en valenciano como en castellano, así como otras publicaciones en latín cuyo uso aún era vigente tanto en documentos oficiales como en las aulas. Practica docente que desgraciadamente ha pasado mejor vida en los tiempos actuales.

Es sorprendente que mientras que en la actualidad se crítica con dureza la persecución a que fuera sometida la lengua valenciana tras la Guerra de Sucesión (cuando ya el castellano se había introducido con anterioridad en el Reino de Valencia según el propio Sanchis Guarner manifiesta) fruto de la erudición del setecientos diversas Bibliotecas Valencianas: Rodríguez 1703, Ximeno 1747, Ponz 1772 y Villanueva 1803, desempolvaban los viejos escritores clásicos valencianos y redescubrían su gloria. Cuanto poco, sorprendente, si hacemos caso a la denuncia manifiestamente malintencionada de su persecución, gestada en nuestros días en gran medida desde la ignorancia.

Pese a no estar en el ánimo del Siglo de la Luces, la restauración de la lengua ni el resurgimiento de la literatura culta autóctona, dice Sanchis Guarner, vemos el caso del principal personaje de la ilustración valenciana Mayans y Siscar, competente investigador de la filología castellana, pero al mismo tiempo interesado en la edición de un diccionario castellano-valenciano. Y mientras la clase docta desdeñaba el valenciano el estamento popular lo mantenía, tanto en cuanto avanzado el siglo XVIII, aumentaba su peso en la sociedad publicándose numerosas obras satíricas en lengua valenciana. El notario Carlos Ros (1703-1773) tuvo un gran éxito como escritor populista y su obra en valenciano tuvo una gran difusión. En su faceta como editor rescató una buena parte de la literatura clásica valenciana, tarea a la que se sumó Manuel Joaquín Sanelo (1760-1827) con su notable “Diccionario Valenciano-Castellano”.

Ya en el XIX, en el Cap i Casal, hubo prensa en valenciano, destacando “el Mole” de 1837: el primer periódico editado en España en lengua no castellana; así como El Cresol, La Donsayna, El Tabalet y el Sueco, siendo sus mejores redactores Bonilla, Pascual Pérez y Bernat i Baldovi, quienes utilizaban sus artículos para ensalzar la política liberal pero no el valencianismo, toda vez que era partidarios del Constitucionalismo español.

A finales de siglo se crea “Lo Rat Penat” (1878) como sociedad animadora de las glorias valencianas; en nuestros días, aún vigente y con la misma actitud.

Abunda en todo ello Sanchis Guarner entrando en los detalles de cómo se gestó la Reinaxença Valenciana en la que Llorente Olivares y Vicente Boix fueron sus principales valedores, pero dentro del concepto de la nación española. Echa en parte la culpa de ello a Vicente Blasco Ibáñez por escribir en castellano, cuyo impacto sobre el pueblo iba creciendo como la espuma, y que de haberlo hecho en valenciano, la Reinaxença se hubiera consolidado políticamente a semejanza de la catalana, según Sanchis Guarner se atreve a vaticinar. Vaticinio errado, porque si la Reinaxença Catalana se hizo en clave política desdeñando lo español y sembrando la discordia, la Reinaxença Valenciana fue exclusivamente cultural y con el sello de su españolidad, como no podía ser de otra manera.

Reeditado el libro en su cuarta edición en 1972, Sanchis Guarner fija su atención al interés en divulgar la lengua valenciana una vez finalizada la guerra civil con la editorial “Torre” que inicia su andadura en 1942 y tres años después alcanza una amplitud y madurez bastante notorias. En 1949 publica la editorial la Gramática Valenciana y en los años 1952, 1959 y 1966 son publicados por Carlos Salvador sus “Lecciones sobre la Gramática Valenciana”. Destacan de aquella época los cursos en valenciano de “Lo Rat Penat” desde 1949. Año en que inicia su andadura la editorial “Lletres Valencianes” y en 1955 Sicania, que dio numerosos nombres a la literatura valenciana de prestigio reconocido citados por el autor.

En 1959 la Universidad de Valencia creó “L’Aula Ausias March”, lo que iba a significar pocos años después el caballo de Troya del pancatalanismo en la sociedad valenciana en detrimento de la personalidad de la Lengua Valenciana, escribiendo de tal guisa una de las páginas más negras de la Universidad Valenciana que algún día avergonzará a sus rectores a poco que vuelva a convertirse en centro de debate. Condición ésta erradicada en su claustro en los últimos cincuenta años.

Sin embargo y con todos los antecedentes históricos que tanta gloria dieron a la Lengua Valenciana y que por si solos son suficientes para encumbrarla en lo más alto, Sanchis Guarner en su contradicción más lacerante, se inclina por supeditarla a la Lengua Catalana nacidas de la misma raíz, pese a que según sus propias manifestaciones fue la catalana recogiendo el poso de la influencia francesa al haber estado sometidos los condados catalanes -salvo el de Barcelona que ya lo estuviera antes- al imperio carolingio hasta el tratado de Corbeil en 1258, mientras que la influencia morisca en la Lengua Valenciana lo fue hasta 1609 en una largo periodo de nueve siglos en lo que Sanchis Guarner hace hincapié, insistiendo en la influencia mozárabe sobre nuestra lengua.

A la pregunta que alguien quiera hacerse del por qué el aranés, -del mismo origen que el catalán y valenciano- tiene la consideración de Lengua propia y diferenciada, la única respuesta válida es la de que el celo de los próceres del valle pirenaico lo hizo posible, mientras que tal actitud no se corresponde con uno de los sectores políticos del pueblo valenciano que rendidos al mimetismo catalán y alimentados de una impropia e indocumentada animadversión hacia Castilla, les aleja de la realidad social y cultural valenciana: realidad que no tuvo empacho alguno en interpretar y asimilar fielmente la generación del 27 gracias a su intelectualidad manifiesta.

Sirva igualmente de ejemplo el reconocimiento de la Lengua Portuguesa y la Lengua Gallega que, del mismo origen, mantienen su status por la decidida vocación de mantener sus diferencias en quienes velan por sus singularidades; tal y como sucede en otros casos semejantes.

Manuel Sanchis Guarner fue expulsado de “Lo Rat Penat” en los años 60 por su clara posición en defensa de la unidad de la lengua valenciana y catalana, cuyos argumentos expone en profundidad a lo largo de sus páginas, pero dentro de la gran contradicción de sus propias aseveraciones, algunas de ellas lapidarias. He ahí su gran confusión, cuyos verdaderos motivos sólo los más allegados conocen.

Pero de lo que no hay duda alguna es que con la materia que utiliza a lo largo de sus páginas a favor de la catalanidad de la lengua, las razones históricas para defender la personalidad propia y diferenciada de la Lengua Valenciana, igualmente las tenía sobradas.