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20 noviembre 2008

SUS DEMONIOS

La jovencita de pelos largos, labios apretados, ojos escrutadores y sonrisa fingida, de vuelta a su casa, descubrió sin el mínimo interés que su madre había olvidado el móvil en el banco de la cocina: la música de Greese y su ritmo pegadizo hizo que lo acercara a su oreja, no sin antes echarse atrás un mechón de sus cabellos, aunque igual hubiera preferido dejar aquellas cortinas cerradas.

-Hola, Joana, llamo porque tu madre ignora dónde ha dejado el móvil y tiene el temor de haberlo perdido; ya sabes, siempre con sus despistes. Cree que lo mismo se lo ha dejado en casa y para comprobarlo te estoy llamando. Bueno, creo que te ha dejado algo en la nevera, cena y no nos esperes, pues llegaremos tarde. Un beso y acuéstate pronto, y nada de portátil, que luego me entero.

Joana dejó el móvil sobre el banco, no sin antes desconectarlo pese a lo mucho que le gustaba el timbre de su llamada. Sólo eso.

Nada podía alegrarla más que el verse sola en casa, con varias horas por delante, sin importarle un pepino lo que le había dicho su padre. No era la primera vez de hechos semejantes. Cinco minutos después estaba delante de la pequeña pantalla, sentada en su cama a la busca de juegos online en el Google buscador. Al poco, y gracias a su pericia, estaba inmersa en un juego descubierto en ese instante cuyo único objeto era apoderarse de pequeños muñecos que salían por todas las partes de la pantalla, cada uno de color diferente, pero, casualmente, idénticos al que tantas noches le acompañara desde su más tierna infancia: uno con forma de estrella, sin cabellos de los que adornarse, pero de boca mimosa, ojos alegres y sonrisa abierta, que a pesar del cariño que por él siempre tuvo, lo tenía abandonado en el desván. Como si lo arrojara a un pozo profundo sin la intención de recuperarlo. Su lugar, lo habían reemplazado los diversos juegos, regalos de su madre, y que con el beneplácito de ésta se entretenía Joana sin la necesidad de hablar con nadie.

El contador del juego avanzaba a gran velocidad y los muñecos, tal y como salían de la pantalla eran devorados insistentemente por una boca hambrienta dirigida por las yemas de sus dedos, tan insaciables como hábiles. Dominada la situación en aquel foco de luz, aquella especie de caza moscas salía de su contorno, y como la ratita que se refleja desde un espejo, corría veloz por las paredes de la habitación buscando sus fiascos ocultos en los rincones de su alcoba, aquellos en donde tantas veces había alojado sus frustraciones. En su recorrido voraz, a la intención de acabar con ellos se le unía el deseo de que aumentaran su número, mientras que con su arma de la consciencia luchaba sobre su inconsciencia camino al triunfo final.

Más que victoria eran deseos, y más que deseos, demonios huérfanos de respuestas.

(“Sus demonios” es un relato que ha participado en el 39º Proyecto Anthology. Tema: Videojuegos)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Abrí. Leí. Pensé. Medité. Y así me quedé. Nada.
Como descripción muy bien.
Iván

Julio Cob dijo...

En ocasiones nos vemos obligados a refugiarnos en este tipo de menesteres, abocados a ello por el olvido a que nos someten las personas en las que confiamos.

Gracias por tu comentario, Iván

Ella dijo...

Qué texto más intranquilizador! Yo que tengo niños y videojuegos en casa nunca acabo de acostumbrarme a la interacción de unos con los otros, o viceversa.
Muy buena descripción de esos demonios huérfanos.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Vaya. Apareció "Ella", ya despierta de su letargo introspectivo. Te saludo desde aquí porque no hay forma, no sé qué pasa, de introducir un comentario en tu nuevo artículo.Me adhiero al comentario de Gatopardo.
Disculpa Julio que te robe este espacio.
Iván I