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08 marzo 2009

EL VIENTO Y PALAU-SATOR

Día 6
Todo hacía presagiar para el día siguiente la presencia de un fuerte viento, prescripción que se cumplió e hizo que apareciera sobre las tranquilas aguas del Mediterráneo la lucha de sus corrientes: un campo de batalla de denso oleaje, aplanchado, enfrentándose entre sí en remolinos batientes en el que el viento iza cortinas de agua levantando el vuelo, mientras se desplazan frágiles sobre la superficie barnizada de plomo. Desde el Parador de Aiguablava, el mar embravecido dibujaba surcos enloquecidos, mientras los bufidos del viento ahogaban los graznidos de las gaviotas, que quizá temerosas de su presencia renunciaban a su permanente vuelo refugiándose en las rocas.

Visitamos la Playa de Pals atravesando un bosque de pinos, lugar y refugio de un famoso campo de golf, pero que al llegar a la arena frente a las Islas Medas, el fuerte viento sólo nos dio la opción de unas pocas fotos, abandonando rápido la costa camino a los alrededores de Pals, donde nos habían recomendado un restaurante de “cuina casolana” en el pequeño poblado de Palau-Sator.

Disfrutamos de la carne a la brasa, aceptando la sugerencia como entrante de unas “habas y guisantes ahogados” de delicioso paladar en el Mas Pou: una casa restaurada con mucho gusto compuesta de varias salas unidas vestidas con muebles viejos, los propios de sus antiguos moradores, lo que hizo la comida aún más grata en tan confortable estancia rural.

Por la tarde, nos refugiamos del viento en el Parador, donde terminamos el día gozando de su tranquilidad y de la vista desde el balcón atento a un mar revuelto, donde las corrientes furiosas combatían tratando de imponerse unas a otras. Un revoltijo de círculos que se estiraban, volvían a unirse envolviéndose unos a otros y abriendo gajos de agua al viento por un soplido implacable caído del cielo que la partía en dos. Los graznidos de las gaviotas, ausentes, eran sustituidos por los de los buitres que acosaban a la Catedral de Estrasburgo, cuando tumbado en la cama, me sumergía en lecturas de intrigas.

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