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23 septiembre 2009

EL IMPERIO DE LA LEY: LA LEY DEL TALIÓN

La ley del talion

Acabáramos. Lo que les ha venido al pelo a los ediles socialistas de la capital turística de la Comunidad Valenciana es la coartada en la venganza hacia la persona de Maruja Sánchez, la concejala socialista que dio el poder al Partido Popular hace casi dos décadas.

El afán de revancha una vez pasado tanto tiempo sigue impoluto, cual “ley de talión” del ojo por ojo y diente por diente, tal vetusta formula utilizada para hacerse con el poder, independientemente de un pacto firmado entre los dos grandes partidos, y que si los ediles de clase de tropa de uno y otro grupo no han hecho caso, los auténticos firmantes del pacto, en este caso el Presidente de Gobierno con “línea roja” en Benidorm, es el que da su place de acuerdo a su talante, cuyo auténtico significado hemos descubierto en el tiempo, día a día, mes a mes, año en año.

Papá Pajín, amigo en lo personal del Presidente Zapatero y padre de Leire Pajín, en la actualidad docta dama en la  cumbre del Partido, hija ésta a la postre de Mamá Pajin, ya Teniente Alcalde de Benidorm, son quienes en su conjunto han tramado un escenario en el que gozan llenos de orgullo.

Es este el caso en el que el “Pacto de Familia” cumple con su propósito y el patrimonio de los Pajín ve abrir sus puertas orientadas a mejores cosechas.

Los ediles de Benidorm, eufóricos en su patraña, se han dado de baja del partido, pero su carné sigue en sus manos, girado sobre la pared, a la espera del momento de las próximas elecciones en el que le darán la vuelta.

El único harakiri es el del tránsfuga Bañuls que muy bien sabe que en la primera cita electoral perderá su sueldo, por lo que nos alegraría saber cuál es la recompensa. Quizá esté confiado en la promesa de que siempre habrá un lugar del pesebre donde hacinarse, y con la seguridad añadida de que aquello de que Roma no paga a los traidores pertenece a un pasado ciertamente más noble.

El Pacto contra los tránsfugas se ha roto por su fragilidad, y estando Zapatero de por medio a nadie extraña tal es su costumbre en estos menesteres. Su ejemplo cuestiona la responsabilidad de quien nos Gobierna que, como en tantas otras ocasiones, navega sin rumbo fijo, sin orden, sin concierto. Lo hace por el mar de sus vaivenes, convertido en el peligro público número uno tanto en lo económico como en lo social sin olvidarnos en lo político, con las ínsulas nacionalistas que él ha mismo ha avivado. En su navegar, rompe aguas ante un mundo atónito entre quienes se hallan los que le dieron su voto.

¡España sabrá de un nuevo talante! nos decía Zapatero. A fe que lo vamos conociendo.

Como a su niña.

20 septiembre 2009

LA HISTORIA DE JUAN MARRAJO

jUAN MARRAJO

EL VALLE DE LA RUINDAD

Cuando Juan Marrajo quiso ver el Sol creyó que estaba ciego. Gritó, pero sus voces, sin rendijas por donde escapar se incrustaban en sus oídos. Una enloquecida presión estallaba en sus venas y con las uñas hurgaba sus carnes alimentando su furia. Aquel espacio era tan reducido que ya no tenía sitio donde alojar el aliento. Inició su particular lucha contra la muerte dispuesto a vencer aquel encierro.

En su intento de fuga se descarnó el rostro y rompió sus rótulas golpeando el bajo techo. Sus ojos, encharcados de sangre, intentaron abrirse paso ante la oscuridad, pero sólo lograron el intento de escapar de sus órbitas. Llevó sus manos hasta la cara destrozándose así mismo. Despegó sus carrillos de los pómulos, arañó sus párpados y por su rostro se deslizaron los ojos extirpados de sus cuencas. Uno de ellos desembocó en su boca y abriéndola con sus alaridos, lo engulló.

Si la lluvia mueve la losa y el viento tumba los árboles, aquella furia abrió las entrañas de la tierra y su despojo se arrastró por un campo de almas, alumbrado por los fuegos fatuos del camposanto y guiado por su olfato.

Un caballo alado lo aupó a su grupa y lo trasladó al Valle de la Ruindad posándolo sobre un lugar yermo en el que el único signo de vida que se detectaba era la Fuente de la Avaricia.

Quiso saciar en ella su sed, pero le resultó imposible. Con sus manos, tensas e inútiles, quiso aliviar sus llagas, pero fracasó en su intento. Al poco tiempo recibió la visita de unos buitres que, atentos al forastero, quisieron saciarse con él. Luchó contra ellos y con mucho esfuerzo consiguió huir.

En la huida chocó contra una roca ardiente al pie de la Montaña de la Vanidad. Sus manos, abrasándose, se adhirieron a la pared y al instante sintió el hedor de la carne quemada. Tiró con fuerza para soltarse y dando un traspié cayó a un pozo sobre unos cuerpos infames y de los que se escuchaban, ya entre ellos, los quejidos del terror.

Trató de conversar con aquella mugre utilizando un lenguaje de lamentos, pero nada averiguó. Entonces imaginó que eran todos unos miserables que debían de haber llegado a aquel hoyo desde un mundo de ambición en el que purgaban sus pecados de la avaricia. Se consideró igual a ellos, pues no encontró diferencia en el aspecto, tanto en asquerosidad como en mutilaciones la similitud con todos era evidente. Hedían, y luchaban furiosos buscando su libertad, pero se ignoraban sin saber lo que hacían ni por qué estaban allí. Entonces sintió pena por ellos, por su manifiesta ignorancia y trató de ayudarles instándoles a la búsqueda de sus almas, las que les liberara de aquel pavor y les sirviera para ubicarse en algún lugar del mundo donde encontraran su identidad.

Semejantes en todos ellos era la posición y estado de sus manos, de dedos estirados, en actitud mendigante y quizá destrozadas por la codicia. Ignoraba si compartían con él su único deseo, el que por su simpleza jamás había anhelado: gozar con un pequeño sorbo de agua junto a un trozo de pan duro. Sin embargo, estaban hambrientos alimentándose con su propia sangre igual que lo hubiera hecho un animal.

Saciaron el apetito y tirando todos, unos de otros, salieron de aquel pozo. La noche era fría y el silencio se rompía con sus rugidos. Juntos, caminaron lentamente hacia un pequeño poblado, guiados por la referencia de unos ladridos. A su encuentro, salió la jauría encolerizada, a cuyo aviso, escopetas en mano, acudieron las gentes del poblado. Resultó un fuego inútil, pues cuanto más plomo recibían en sus entrañas, mayor era el deseo de pervivencia de aquella turba. Entonces comprendió que eran muertos vivientes, los cuales, como siempre, caminaban sin brújula ni destino, como anhelando que algo o alguien les ayudase a comprender.

Caminó escondido entre ellos, lo que le salvó de los disparos. Sintió terror por todo lo que le rodeaba: por aquel grupo desnortado, por las dentelladas de los perros y por los plomos que abrían en su rostro furiosos regueros de sangre.

Aquel suplicio se convirtió en sosiego cuando un impacto se estrelló en su pecho cayendo sobre el fango. Alcanzó la paz al verse en un túnel ante un haz de luz blanca que le deslumbró.

Cuando recibí aquella llamada, acudí de inmediato a Urgencias. Juan Marrajo, mi mejor amigo, había sido ingresado en el hospital por un infarto. Estuve veinticuatro horas a su lado y cuando despertó me pidió un sorbo de agua. Me dijo que necesitaba humedecer su boca y que deseaba confesión.

EL RETORNO

Juan Marrajo me pidió confesión además de un sorbo de agua. Pero no era a Dios sólo a quien temía. Toda aquella ensoñación había sido real, y él, su protagonista en primer plano. En su cuerpo, manchas de seca sangre se esparcían como evidencia de haber participado en un aquelarre cuyas fantasmagóricas imágenes recordaba de muy pocas horas.

Ya llegada la medianoche, cuando la oscuridad reinaba en el viejo hospital al que había llegado víctima de un infarto, Juan Marrajo abandonó su habitación tanteando por las paredes de la planta baja hasta dar con una puerta de la que tras girar su pomo salió a un jardín. Muy cercana había una ermita con el reflejo de la luna sobre su ábside, cubierto de musgo bajo un tul de hiedra que lo vestía. Y junto a la ermita, un camposanto con losas negruzcas bajo las sombras de los cipreses que como agujas en ristre mecían sus puntas. Del hueco de la espadaña colgaba un murciélago cerrado de alas, como si fuera un badajo a la espera de una señal fúnebre que levantara su vuelo.

Una fosa abierta a la negrura y de la que salía un vaho denso y plomizo, captó la atención de Juan, y más, al sentirlo nada extraño, duda que de inmediato resolvió al acercarse a su boca de la que surgía un hedor registrado en su mente, tal horrible vivencia de hacía escasas horas.

Era una fosa no muy profunda y con una escalera de hierro sujeta a uno de los lados y descolgada al fondo de lo que parecía ser un panteón, descansando sobre un montículo de tierra prensada. Quiso huir de tan lúgubre lugar, pero al dar un último vistazo trastabilló. Cayó dentro de la tumba asiéndose a uno de los barrotes, del que resbalaron sus manos estrellándose contra el suelo, al tiempo que la escalera oscilante caía sobre su cuerpo produciendo un chasquido que retumbó en las paredes y un dolor en su cuerpo rendido al espanto.

Un pajarraco alzó su vuelo escapando por el claror que desde el fondo semejaba un rectángulo de estaño.

Se dio cuenta entonces de cuatro pasadizos, y solo en uno, en el de su izquierda, una tenue luz al fondo mostraba el camino más fiable. Era, al menos, la única salida posible en la confianza añadida del viento que desde aquel pasillo surgía aliviando su rostro.

Avanzó por él tres pasos y al fijar su pie en el siguiente cedió el suelo. Una boca rugiente lo engulló cayendo sobre una mugre harapienta de cuerpos retorcidos de los que salían manos de cuyos dedos descarnados colgaban lenguas de carne. Todo en medio de una atmósfera de vahídos, débil, pero de una pestilencia tal, que el aire allí existente era igual de pegajoso que la masa humana, que si de incontables cabezas, más parecía que sus cuerpos formaran uno solo. Decenas de lamentos, brazos hambrientos, dedos ansiosos, cabezas de huecas órbitas, todo un amasijo de cuerpos entre colgajos de carne en las paredes, cual pinacoteca dantesca propia de un surrealismo infernal en la que con cuajos de sangre signaban sus autores. El recuerdo del Valle de la Ruindad le vino a su mente y el desagüe de sus desechos moría en aquella sima.

Y como preso por una tela de araña quedó victima de aquellas fauces que empezaron a devorarle sintiendo el aguijón de los dientes en sus huesos y el desgarro de su carne de la que tiraban insaciables. Perdió sus extremidades mordisqueado su cuerpo, descarnaron sus huesos, sus vísceras se perdían en el cieno y muy lentamente iba desapareciendo lo poco que de él quedaba. Tan solo su corazón y su mente, junto a su alma, resistían tenaces aquella orgía. Incapaz de huir de aquel amasijo su única pregunta era quién cedería primero, si su pensamiento o su corazón.

Esta era su única convicción y de ella surgía su fortaleza. Mientras quedaran ambos, la esperanza en la vida era el único madero al que sujetarse en aquel mar nauseabundo. Con su garganta destrozada entre borbotones de sangre que se diluían en aquellos seres horribles, mentó desde su alma llamando a la vida. Fuerza que dictada por su cerebro conectaba al corazón, pero que nadie oía porque el altavoz de su boca era ya inexistente.

Pero fue tal la creencia llamando a Dios, que sintió cómo su alma, siempre viva, volaba de la nada para unirse a su cuerpo navegando al exterior.

Y caminó victorioso hacia la ermita donde al levantar la mirada a la espadaña vio esta vez su campana de bronce cuyos resquicios daban paso al Sol secando el musgo en la mañana. Mientras tanto, las hojas de hiedra tomaban baños de oro y un tañido de gloria anunciaba la fiesta del domingo que a la hora del mediodía se iba celebrar.

(La historia de Juan Marrajo ha participado en el 1º Proyecto Anthology con el título “El Valle de la Ruindad” y continuó en 48º Proyecto Anthology con “El retorno”: Temas ambos: Los zombis.)

13 septiembre 2009

PACTOS DE FAMILIA

Pactos de familia

Eran los tiempos en los que por la llegada de un Borbón a España se consideró la conveniencia de los “pactos de familia”; acuerdos firmados y que se hicieron famosos en el siglo de las luces, el llamado de la Ilustración.

Los Borbones sellaron su cercanía hasta tres veces, empeñados en los mejores logros para Francia y España, aunque en el fondo, lo que subyacía en ambas Monarquías era asegurar sus coronas ceñidas en las sienes. Al considerarse los monarcas más fuertes tras las firmas de los pactos familiares, creían verse entonces libres de las amenazas de quienes deseaban poner freno al poder que sobre la vieja Europa pudiera ejercer la borbónica familia.

Llámense como se llamen y nombrarlos es innecesario, pero pasados tres siglos, los pactos siguen firmándose entre los partidos políticos. Dicen que por razones de Estado, al igual que procuraban los monarcas ilustrados, con la diferencia de que igual que se sellan, en la actualidad, cuando conviene, con gran facilidad se rompen. Tal y como hemos visto en la época del talante.

Pero no siempre se rompen y hay familias que nacidas de la nada, destacan, y a la sombra del poder, marcan su terreno. Diestros en los cauces de su ambición, marcan su hoja de ruta con el único objetivo de su enriquecimiento personal, ocupando para ello todos los cargos posibles.

De “pacto de familia” es el caso del papá Pajín y mamá Iraola, ramificado a la que pese a su condición galáctica, luce nombre de monasterio, quizá inducida la familia por la paz monacal del Leire, a cuyo soledad se garantizan los mejores seminarios para el más sustancioso de los frutos.

En Benidorm marca la familia sus reales y en torno a su playa, monta el mejor escenario diseñado con celo convencida de sus dominios.

La ambición de los Pajín es insaciable y a través de sus entrepiernas logran el mayor de los regates. No sólo a cualquier acuerdo entre partidos, sino a las propias órdenes de quienes directamente dependen, instrucción que se pasan por su arco de triunfo y que por lo visto es amplio y floreado. Arco de triunfo fortalecido por el visto bueno de Zapatero, de cuyos amores, nacidos en tierras leonesas, se sienten protegidos.

Y en la floritura, la pantomima de la rotura del carné socialista simboliza la propia falsedad de un clan enriquecido en lo económico gracias a las tramoyas y bastidores de un partido que les ha asegurado unos ingresos superiores a los veinte mil euros mensuales, y que con el próximo y deseado aterrizaje de la niña prodigio en el Senado español, la cifra bonita de los treinta mil está a vista de pájaro.

Si el prudente Blanco y desde que fuera Ministro duda de la aseveración de que el umbral de la riqueza está en los cincuenta mil euros al año, no sé qué pensará de una familia cuyos ingresos no sólo superan esa cantidad, sino que los multiplican por diez, gracias a un compromiso social que “dicen” ejercer, al tiempo que sus patrimonios crecen de mes a mes.

Ambición ésta, que por lo visto, y según denuncia la ahijada política de Zapatero, queda en exclusiva para el infame burgués cuya mayor dedicación es la de vivir a costa de los parias de la tierra, a cuya defensa de estos, Leire Pajín, y como en la foto arriba, levanta un puño, mientras que con la otra mano extendida mangonea la sufrida caja pública de Zapatero, a la que, por supuesto, el clan familiar, servicial, acude cada fin de mes.

04 septiembre 2009

CON LA LEY SIEMPRE EN LA MANO

CON LA LEY EN LA MANO

Sólo con el simple ejercicio de darle a la moviola y libres del comecocos al que nos hemos visto sometidos en los últimos treinta y cinco años, es cuando uno puede darse cuenta de la forma en que se ha tejido todo un entramado que ha hecho posible que el “entorno etarra” se haya convertido en una bestia sedienta de sangre con el único objetivo de hacer daño. Nutridos por el cebo del odio que tanto les alimenta, en el fondo lo que les aterra es verse sueltos de la urdimbre que les atenaza, por lo que su única dedicación es mantener cerrados los postigos de su propia libertad que cualquier ser humano anhela. Condición ésta que consigo mismo destierran quedando a merced de un instinto salvaje que, como una droga, les han pinchado en sus venas.

Si en la región vascongada -prisionera del atrezzo hecho al gusto de un par de iluminados expertos en montajes de falsas bambalinas- y desde la platea de las verdes montañas, o desde los palcos de sus austeros caseríos, vieran muchos de sus antepasados fieles a su paisanaje, la función que se ha publicitado por las tres provincias vascongadas tan ajena a sus siglos de historia, de seguro dirían que este no es mi Patxi que me lo han cambiado.

Pero no fueron los Baroja, Unamuno, Samaniego, López de Ayala, Legazpi, Elcano y un largo etcétera, intelectuales unos y con agallas otros, los reencarnados cuya bonanza tan buenos frutos hubieran dado al buen pueblo vasco, sino el de “un nuevo amanecer” encubierto en pecado de apostasía por un jesuita que con el testigo de un febril Sabino Arana, haya sido el causante de tanto desafuero y cuyo peor fruto ha pincelado de sangre los ríos de tan bellos parajes vascos.

Hacía mucha falta en la política vasca un lendakari como el actual que no tiene ninguna duda de su españolidad. Decidido también a la denuncia de tanta falsedad y en llevar a la cárcel a quienes su carne es de presidio.

Endurecer las penas y cumplirlas en su integridad es un simple compromiso que debiera tenerse con la sociedad que sufre la lacra del terrorismo. Sin embargo, más parece, y lo es, una loa al desatino la decisión del juez Eloy de Velasco, que sentado en su mesa, bien de moderno diseño, bien de noble nogal y barrocos adornos, tire del cajón buscando la justificación que deje en la calle a quien sabe de su arrojo a los actos de terror, olvidándose, de que en el otro cajón y en sus recovecos, tiene a su disposición razones legales para negar su libertad.

Y al igual, como un insulto a las victimas debe tratarse, el corporativismo de los jueces ante un hecho cuyo resultado a la salida de la cárcel haya sido la apología terrorista en torno a una exultante etarra, sin que ningún juez, y a sabiendas, ordenara su vigilancia e inmediata detención en el supuesto de ello.

02 septiembre 2009

LA TENTACIÓN TOTALITARIA

la tentacion totalitaria

Llega el clásico momento de la vuelta al redil, el que sucede todos los años tras el periodo vacacional, en esta ocasión reducido su disfrute en el mayor de los casos a tan solo una semana, o bien a ninguna, acogiéndose con resignación cristiana no haber podido disfrutar del merecido descanso de treinta días: el periodo por excelencia después de muchos años y que ahora toca olvidar.

De esta guisa vuelve el curso político con sus motores calientes, al igual que lo estaba el periodo anterior, con el Gobierno de Zapatero cruzado de manos, empecinado en que nos olvidáramos de la crisis imaginando otros quehaceres. Puso en marcha la maquinita de hacer dinero y se lo dio a capazos llenos a los bancos olvidándose de la pequeña y mediana empresa con la sonrisa en sus labios, mientras que con el ventilador de la manipulación lanzaba llamas incendiarias con su soplete de mentiras dirigidas con gran destreza sobre las comunidades gobernadas por el Partido Popular.

Fue Jean-François Revel, en su famoso libro denuncia “La tentación totalitaria”, quien puso los puntos sobre las ies alertando de la peculiar forma de gobierno de los partidos izquierdistas, la de ofrecerse a la clase trabajadora mientras que su única preocupación es la del engaño y su único afán el del poder perpetuo.

Tal y como se ha visto en el caso Gürtel, cuya única finalidad es la de que los votantes de izquierdas mantengan su fijación de enojo en el Partido Popular olvidándose de la crisis, de las mentiras de Zapatero, manteniendo viva la llama demonizadora contra aquellos a quienes no pueden derrotar en las urnas elección tras elección, como es en el caso de la Comunidad Valenciana, donde se les ha pretendido involucrar con mala saña y meditada vileza en imaginarios casos de corrupción.

Ahora airean una nueva teoría de la conspiración iniciada por Ana María Cospedal, cuando lo único que denuncia y pide al Gobierno de Zapatero y a su Ministro de Justicia, es que por su competencia en el caso, investiguen cómo han llegado de forma machacona a un diario adicto a la Moncloa asuntos a resguardo de los tribunales; y que dado su frecuencia, hace pensar que en su principal cometido de salvaguarda, el poder judicial no han cumplido sus deberes. Y por supuesto, sin descartar que la autoría de semejante intoxicación, sean de los mismos que de forma sibilina se resisten a su investigación.

Al tiempo que se produce la gran desvergüenza, propia de un estado totalitario y en el mismo seno de las Cortes Españoles, como es el caso de que todos los partidos políticos se hayan negado a la investigación solicitada por el Partido Popular a falta de pruebas.

Algo parecido al supuesto que se pudiera plantear cuando un vecino denunciara ante la policía al ver su perro con la cabeza sangrante tendido en su portal y la sospecha de que uno de sus vecinos fuera el causante de la muerte del animal, y en este caso, como única respuesta, contestara la policía que no inicia su investigación a falta de pruebas. Demencial.

Pues al igual que el perro asesinado, las portadas de El País, muestran sus columnas ofreciendo materia que resulta ser secreto sumarial. Información luego tendenciosa y que por lo visto, parece que su salida a la opinión publica, no sea suficiente prueba como un hecho delictivo, toda vez que debiera estar a buen recaudo en las sombras de los juzgados, pero que se ofrece a la luz gracias a la vileza de alguien muy próximo al poder judicial que abre sus apliques.

La sospecha de maquinación está justificada ante la irresponsable falta de investigación, no sólo del Ministerio de Justicia y del propio Zapatero (según él, el adalid de la transparencia, aunque su presumido talante yace olvidado en algún baúl) sino también de las Cortes Españoles ante un hecho bien cierto y visto por todos, propio de un estado policíaco y sin derecho de amparo. Sobre todo, para quienes discrepan de un poder que se cree omnipotente.

24 agosto 2009

UN DÍA DE CARRERAS

UN DIA EN LAS CARRERAS

Confieso con la humildad de un cartujo que cuando observo en la prensa un número seguido de muchos ceros dentro de un titular de corte sensacional pincelando lo más parecido a una lombriz larga y rechoncha, su alcance llama mi atención, mi sentido de la medida pierde todo su control y mis ajustes emocionales quedan en el letargo de la incomprensión, por más que desde la torre vigía en la que observo el horizonte, trate de averiguar la justa medida del ciempiés que sobre el papel expande su soflama, al tiempo que ofrece la información del millonario número de personas que fijan su atención en Valencia desde el mundo virtual que según dicen nos hermana, en torno al Gran Premio de Europa de Formula Uno.

Es el domingo de un caluroso día en el que me refugio en mi cubil y cierro las ventanas, y más que por aislarme del fuego de la calle, sea por librarme del rugido de los abejorros que sobre el asfalto con vallas de Guantánamo circundan desde las primeras horas del día la antigua Vilanova del Grao. Callejón sin salida, donde la veloz carrera de los abejorros esparcen perfumes de goma quemada, destilados por el alambique de un asfalto ardiente que, vestido para la ocasión por un circuito de bruñido aspecto, refulge sobre la caja tonta a nuestras casas. Casas, en las que desde el confortable sillón de un salón, dicen, es presenciado a lo largo y ancho de la rosa de los vientos por cientos de millones de personas.

Es difícil saber con certeza el factor de conversión utilizado para certificar que el tamaño del gusano que fija la cuantía de quienes atornillan sus ojos ante la ventana abierta del televisor, alcanza tan larga cola.

Y salvado de toda esta grandilocuencia, cierro pues la caja tonta tranquilo en mi casa, ajeno al bramido de los abejorros dueños del viento, y caigo en la cuenta de anécdotas, algunas de ellas efímeras y otra, que más que de suceso, está envuelta de una gran humanidad.

De las primeras, la privacidad de mi reducto hace sentirme seguro de ser atropellado debido a la casualidad de una chancla trabada en el acelerador de un vehículo y que por ello, su conductora, ha invadido una acera causando un leve estropicio afortunadamente sin victimas.

De los bramidos que llegan hasta las Torres de Quart, un grupo de turistas, quizá al tanto de ellos, se han visto encerrados al abandonar las puertas su guardián, un instante antes del final de la jornada tras cerrarlas con llave.

Y aprovechando la ocasión, aunque su ejercicio lo ponen en practica todo el año, los gorrillas se adueñan de la calles, fijan su impuesto revolucionario y atemorizan a los conductores a la hora de aparcar sin que la autoridad municipal pueda poner veto a una práctica impuesta por los gorrillas en la ciudad, cuya picadura a ras de suelo no es como la de los abejorros que por una horas se apodera de nuestro descanso, pero quién sabe si algún día llegue el momento que tengamos que pagar por bajar a la calle para pasear tranquilos, protegidos por las mafias.

El factor humano llega con el recuerdo al Dr. Cavadas, el cirujano que trata de recuperar la dignidad en el quirófano de La Fe a quien tenía que esconderse por su desconsolado aspecto, dando con ello el mejor titular para la semana tras un exitoso trasplante de cara, aunque en este caso el afortunado sea una sola persona, cuya gran noticia trascenderá a todos los medios de información.

Anecdotario que nada tiene que ver, con la cifra espectacular del Gran Premio de Europa de Formula Uno que, pese al zumbido de sus abejorros que, como una “mascletá”, dañan nuestros oídos, también será noticia en las portadas de la prensa mundial luciendo el fondo azul de velas y vientos de nuestra dársena del Grao, universalmente de Valencia. GP, que aunque ajeno al devenir diario de las pequeñas cosas que suceden en las calles de mi ciudad fuera de su circuito con aromas de gasolina, luce espléndido en su aspecto gracias a una ciudad que a velocidad de Formula Uno camina hacía la modernidad.

18 agosto 2009

ZAPATERO, UN MENTIROSO COMPULSIVO

 

Zapatero un mentiroso compulsivo

No lo sabemos, no tenemos información, sólo sus allegados y desde la más tierna infancia en torno a él, deben saberlo. Los datos que puedan facilitarnos los de su partido nada nos dicen, no son fiables. Son tales para cual.

Son los hechos, siempre tozudos, quienes nos hablan de su capacidad hacia la mentira; mentiroso compulsivo que, como las babas al caracol, marcan su impronta y le definen como persona. Lo que sería bueno saber, es, si esa condición le embarga desde que vino al mundo – ese momento estelar que según Bibiana Aído nos convierte en personas sin saber desde ese momento qué éramos antes, toda vez que por lo visto un feto es otra cosa y dejándonos por ello con la duda de a qué se refería- o sí su inclinación a la mentira surgió en él una vez subido en el atril del Congreso hablando de su abuelo.

No, no lo sabemos.

Recientemente nos anunciaron a bombo y platillo una paga mensual de 420 euros para los parados ya sin ningún ingreso, orden ministerial que se ha aprobado en estos días. Lo que alegró los corazones de aquellos quienes estando en el paro desde hace tiempo se les agotaron las prestaciones, pero que cuando se presentan ante la ventanilla con voz gravosa, cara angustiada y una ligera luz de esperanza que surge de sus ojos abiertos, aflora en ellos  el desaliento ante el anuncio funcionarial de que la paga anunciada sólo es para los que pasan al paro después del reciente 1 de Agosto: es decir, una minoría y cuya cuantía a pagar por el Gobierno Zapatero será insignificante. Justo es ahí dónde radica la gran mentira, toda vez que los que accedan a los 420 euros, ajenos a la prestación por desempleo de dos años serán muy pocos, mientras que los parados agotadas sus prestaciones son la mayoría, tal y como se ve por la colas del INEM en estos días.

Jamás la propaganda socialista le saldrá tan barata a la par que mezquina gracias a su medido diseño.

Mentira semejante a la falsa paga de 400 euros que “verían todos los españoles en un próximo mes de junio” (sic), promesa electoral y que llegado el momento anunciado tras su victoria en la urnas, no vieron los más necesitados por mucho que preguntaran por ella.

Esta es la auténtica política social de Zapatero. Y de sus otras muchas mentiras, también queda la señal, entre otras muchas, la estelar de su negación de la crisis recurriendo al sinónimo de la desaceleración, cuya significación tanto iba a repercutir en Leire Pajín en sus desvelos por los vuelos galácticos.

Lo que nos dejó a unos perplejos y a otros encandilados por sus destreza viendo palomas y conejos salir de sus manos, ávidos estos de manipulaciones contra el Partido Popular que tanto necesitan.

Le dio tal gusto al Sr. Zapatero mentir a todos los españoles diciendo que eran otros los que mentían para esconder las suyas propias, que su placer se ha convertido en una droga de la que no puede liberarse batiendo uno tras otro la historia del Guinness World Records.

Y son ya tantas y tantas y otras tantas más, las mentiras que salen de su boca, que ellas solas forman una auténtica pelota con el chillón color de la manipulación en sus ya seis años de gobierno, que su desenfreno es inevitable.

Diestro y siniestro en el arte en desviar la atención de los españoles hacia otros menesteres maquinados en Moncloa y basados en la mentira, son sus más precisas credenciales desde su primer día como Presidente de Gobierno.

Con las dos casos citadas y de cuyas consecuencias los más necesitados se han visto dañados, valen como muestra: la que le define como persona: un auténtico zascandil de la política.

04 agosto 2009

DOS PASITOS

dos pasitos

Fue por su consideración de aforado cuando la Audiencia Nacional estimó que la implicación de Francisco Camps en el caso Gürtel debía de juzgarse en la Audiencia Provincial de Valencia.

Presidente de la Comunidad Valenciana, de cuya honestidad probada saben sus más recalcitrantes enemigos, –dignidad puesta en duda mediante la campaña de manipulación iniciada por El País, de cuyas fuentes debiera investigarse- pero sometido a la campaña más infame y de eficaz diseño iniciada mediante un guiño de Moncloa a quien, probablemente, más se ha enriquecido desde un cargo público con el disfraz de juez estrella; juez puesto en entredicho por la judicatura española, bien sea por envidia en unos, bien sea por razones fundadas en otros, o bien sea por sus regalos de cacerías, quizá en muchos.

Y fue en ese mismo instante cuando la izquierda valenciana alzó su dedo acusador contra el Presidente de la Audiencia Sr. De la Rúa, dando por hecho que la absolución de Francisco Camps en los Juzgados estaba cantada. Gracias, por supuesto, a una supuesta amistad personal que la izquierda lanzó a los cuatro vientos en su habitual forma de comportarse. De tal guisa es como entienden el respeto a los tribunales, quienes más debieran verse obligados a su cumplimiento. Mal endémico de la izquierda española que siempre presume de lo que más carece. Como en tantas otras cosas.

De nada iba a servir el proceso iniciado. Si Camps absuelto, a la hoguera con él.

La Pagana Inquisición, muy certeramente denunciada ayer por Rajoy, revive, y los torquemadas de baratillo se encuentran a gusto en su tarea de acoso y derribo de ya seis meses.

De bien poco les va a servir su vil estrategia, salvo para alimentar su ego, llamados como están a ahogarse en sus propias babas, enfurecidos entre retortijones de tripas y mal de los nervios. Tila, dice Rajoy, mucha tila.

Hábil en montar circos, Mónica Oltra, quizá en recuerdo de sus antepasados dedicados a la caza de creyentes por su único delito de llevar sotana o ir a misa, no dudará en sembrar sospechas sobre cualquier sentencia favorable a Don Francisco Camps. Y Ángel Luna seguirá necesitado del escabel para elevar su altura sobre el atril de su infamia, viéndose incapaz de ganar no sólo en los tribunales, sino, como él muy bien sabe, tampoco en las urnas.

En otras cuestiones estaría dedicado Don Ángel Luna si en vez de figurar su nombre en los primeros puestos de la candidatura socialista, lo hiciera en los lugares doce, trece o catorce: puestos seriamente amenazados y que con seguridad perderán en las próximas elecciones. Y como él lo sabe, no se ve obligado a su comedimiento, a su noble actuación, a su altura de miras. Ni siquiera desde el escabel al que para ello necesita, al pie del atril.

Lo mismo le sucederá a Mónica Oltra, la cazadora de recompensas, que de los tres actuales escaños que atesora el Compromís, dos irán por los aires expulsados igualmente en las urnas.

Los dos pasitos anunciados por Camps corresponden al pasado. Ahora sólo le queda salir fortalecido del proceso inquisitorial a que se ha visto sometido, sin que haya surgido la más leve sospecha en su gestión. No me refiero a quienes inventan patrañas consustanciales a su mísero quehacer, sino desde los tribunales que en ningún momento han significado el más leve destello de prevaricación sobre el Honorable Presidente de la Comunidad Valenciana. Mal que les pese a los dispuestos a la infamia.

01 agosto 2009

¡HASTA AQUÍ!

Hasta aqui

Puede suceder en cualquier momento del día. Y siempre en uno de esos que van pasando lenta, pero a velocidad de vértigo sin fijarnos en el salpicadero de la vida. Allí donde surgen las señales de stop que no hacemos caso por la sencilla razón de que no las vemos, o sencillamente, porque la importancia que les damos es torpemente nula; o las que nacen también ante cualquier arrebato.

-¡Hasta aquí!- me dije convencido de que mi decisión era la acertada en las últimas horas de la tarde del domingo cuando todos en casa cacareaban sin piedad destrozándome no sólo lo oídos, sino hasta el último recodo de mi alma, al igual que tensionaban mis nervios y a cuyo resultado mi cuerpo ofrecía una apariencia todo lo más alejada a la de un flan.

Los abuelos, que si ya con pocas fuerzas aún lanzaban sus quejas porque nadie les hacia el menor caso, permanecían olvidados, quietos en un rincón; mis cuñados, lanzándose púas por la política sin que ninguno diera su brazo a torcer; ellas, las cuñadísimas, que si patatín que si patatán, a ver quién gritaba más sin darse cuenta que la lámpara movía sus brazos por los efectos de un terremoto de escala ocho, que de haberse dado cuenta ellas de que era por sus gritos, a un seísmo se lo hubiesen imputado. Y los nietos corriendo por los pasillos, desencajando las puertas, moviendo las sillas y rompiendo un jarrón heredado, que desde una bisabuela mía había llegado a mis manos. Manos ya hinchadas de artrosis, al igual que mis venas a punto de estallar, ya harta mi febril cabeza de tanto ruido e inflamada de dolor, mientras mis hijos, cada uno a lo suyo, hacían oídos sordos a tanto desenfreno. Al tiempo que mis sobrinos se habían apoderado de mi internet con el beneplácito de la abuela que dichosa de tanta algarabía se salía al balcón regando sus plantas.

-¡Hasta aquí! Hasta aquí he llegado.

Y sin ninguna otra explicación levanté mi asiento, volé de mi casa que más parecía de locos y que si no iba a ser pasto del derrumbe, era porque nadie caía en la cuenta, salvo en mi interior, que en cualquier momento cedían sus cimientos.

Ya en la calle y justo en la esquina, un banco vacio invitaba a ocuparlo y frente a él, un pub. Un pub lleno de inmigrantes sudamericanos que a través de sus ventanas veía sus mesas ocupadas por gente que allí pasaban la tarde. Todo hacía presumir que dentro reinaba la paz, tales eran sus caras serenas y apacibles, cordiales y contentas.

De sus cristaleras abiertas salían gratos aromas de café, amancebados con las volutas de tabaco fuerte que llegaban a mi olfato dándome el relajo que necesitaba mi cuerpo y que tanto agradecía. Aromas acompañados del inconfundible ron de caña y del mojito y su menta. Todo envuelto en una nube deliciosa, esponjosa, que deseando embriagarme se alojaba en mi interior al aspirarla con fuerza.

De entre las mesas, una pareja juvenil se inició en una samba garbosa, mientras todos les aplaudían ofreciendo con sus voces loas de felicidad.

De repente, mi mirada fuera y desde el banco, se cruzó adentro con la de la bella caribeña, quien, de inmediato, creo, se dio cuenta que de una forma u otra, yo, participaba en la fiesta.

Y sin pensarlo dos veces, cogió un buqué de las manos de una novia y acertando de lleno, lo lanzó a mis manos. Y en su fragancia, lo aspiré dulcemente.

Todo el revuelo de la tarde abominable se borró de mi mente. A ella acudió una esencia penetrante, suave, exquisita, dueña del más delicioso placer.

Y yo, allí sentado, inmerso en un velo exquisito en el que hubiese deseado aislarme extasiado de gozo, vi salir la caribeña a mi encuentro en busca de las flores. A la que invite a sentarse bajo el azahar de un naranjo.

(“¡Hasta aquí!” es un relato que ha participado en el 47º Proyecto Anthology. Tema: Buqué)

23 julio 2009

LA ANSIEDAD EN BLANQUERÍAS

LA ANSIEDAD EN bLANQUERÍAS

Es increíble el estado de ansiedad manipuladora cayendo como una losa sobre la opinión pública por parte del izquierdismo aún decimonónico que vegeta por nuestro territorio nacional. En especial en nuestra Comunidad, de cuyos propios errores no han aprendido la lección. Pese a unos ligeros brotes bordes en torno a Blanquerias, rápidamente segados por mimetismos de viejo cuño, por lo visto muy enraizados junto a las viejas Torres.

Pegados a la estela corrupta del socialismo felipista y tras trece años al frente de las instituciones valencianas, su única dedicación fue la del intento en catalanizar nuestras costumbres, practica lerda y mezquina de corrupción cultural, que junto a la económica gubernamental, les llevó a la oposición donde residen, sin haber sido siquiera capaces en sus aquellos años de gobierno de haber adecentado las aulas escolares a las que asistían los alumnos en tandas de a cincuenta.

Igual de empeñado estaba el felipismo, junto a su enriquecimiento personal, en crear un grupo mediático que por tierra, mar y aire, embelesara a la opinión pública, tanto desde el papel al servicio del régimen franquista, como desde las ondas del mismo dueño, sin olvidarse en dedicar su atención a la caja tonta del televisor que crecía sin parar comiendo de la misma mano. Caja que por su alto rendimiento y probada eficacia, son varias de ámbito estatal que se dedican a tan fructífera gestión. Mientras que aún tienen la desfachatez de lanzar sus críticas contra el autonómico Canal Nou. Si alguien dijo que la calle es suya a tenor de su responsabilidad, los medios de comunicación, por lo visto, deben ser sólo de la izquierda; y en su disimulo muestran su verdadero rostro.

Rita Barbera recogió la Alcaldía de una ciudad que en lo deportivo sólo tenía una piscina, y en lo cultural muy pocas bibliotecas y unos cuantos libros esparcidos por viejas casonas donde la posibilidad de leer la prensa diaria era harto difícil.

Y tras dieciocho años de gestión popular, el cambio producido en la ciudad de Valencia, como en la Comunidad, es simplemente espectacular, como demuestran los resultados electorales, incluso en los feudos de mayor tradición socialista hartas sus gentes de tanto engaño.

Pero en lo que no cambia Blanquerías es en su afán manipulador empeñados en apartar del poder al Partido Popular de la Comunidad Valenciana al precio que sea, y en especial con malas artes. Y, sustancialmente, aprovechándose de un servicio de espionaje que funciona a la perfección dentro del poder judicial donde han metido una cuña quintacolumnista diseñada por Moncloa inventándose tramas y tramoyas en las que fueron maestros: lo que no les causa sonrojo. Por lo visto, sólo orgullo: el de sus mentiras.

Como auténticos depredadores de la “Rex Pública”, la honestidad política tanto de Francisco Camps como de Rita Barbera no les importa, y en su denuncia, sólo hacen que mostrar su propia impudicia.

Por lo que estamos viendo en estos días en Valencia, parece que no escarmientan, lo que es una garantía para que el Partido Popular gobierne en Valencia durante muchas legislaturas. Están dedicados a la montería, en exacta y justa descripción de la Audiencia Valenciana, olvidando su trabajo del que cobran buenos sueldos y que tras los últimos fallos judiciales, utilizan y utilizarán el desprestigio del sector judicial que no ceda a sus pies.

No temen a la sentencia final de los jueces que será desfavorable a sus pretensiones, porque en su contante manipulación y pese a que se ahoguen en su propio cieno, es ahí donde se encuentran a gusto alimentando su propia degeneración: la de la ansiedad que les lleva al desespero.

19 julio 2009

UNA VACA EN LA CHARCA

una vaca en la charca

Una pequeña nota de prensa ha dado a conocer el hecho insólito de que una vaca anclada en medio de un charco haya necesitado del Cuerpo de Bomberos y de casi dos horas de trabajo para sacarla de sus garras. De las garras del charco me refiero, porque las de la vaca, estuvieron quietas todo el tiempo mientras su cabeza oscilaba a los lados contemplando el paisaje.

Dos horas quieta y sin poder hacer nada deben dar para elucubrar; y esto me he preguntado leyendo la columna que en qué pensaría la vaca en todo ese tiempo, y cuál sería el semblante de su cara asomada a la ventana del mundo: si fijando sus ojos en las curvas de un mujer, o en la esbeltez de un joven apuesto según la orientación sexual de la vaca. O si convertida en un viejo verde y transexual, fijara sus ojos tal fuera un mirón, con su lengua babosa al lado de un escaparate de Zara en una tarde de verano.

O igual pudiera ser un mirón, pero atento a la financiación autonómica y al mangoneo del Presidente Zapatero, más presto a dar dinero a espuertas a quienes de ellos necesita; sin importarle las regiones más apremiadas, a las que el derecho constitucional otorga la misma calidad de vida y servicios que a las más avanzadas. Las que gracias a un pretendido y falso buen talante seguirán más ricas, mientras las más precisadas aumentarán su distancia, ante el mirón expectante que observa a un Zapatero sin el menor de los sonrojos.

Seguro que no le alcanzará ni un solo gramo de perplejidad ante las peroratas por ya conocidas de Leire Pajín, quien con sus soflamas interplanetarias navegando por espacios siderales al son de cometas y otras galaxias, se ha alejado tanto de sus correligionarios de partido, que ha llegado insultante a considerar a los socialistas como única gente honrada. Reflexión perdonable una vez perdida toda conexión mental con el planeta Tierra, cuya realidad por lo visto no ha conocido por sus pocos años, o los olvidados de su juventud. Y fue en ese momento cuando el tolón tolón de la vaca resonó con más fuerza en medio de la charca.

Las moscas fueron las que huyeron temerosas al fruncir el ceño la vaca, pues a sus orejas había llegado el eco de satisfacción en Zapatero al haber logrado éste, el Estado de la Autonomías en su mayor alto grado, incluso superando al del momento de la Transición con mayúscula, cuando el sentimiento español aún no se había deteriorado tal estos últimos años, los del mandato de Zapatero. Aseveración que captada por la vaca, alcanzó tal grado de excitación, que estuvo a punto de salirse de la charca henchida de emoción.

Hambrienta la vaca, debía de buscar brotes verdes donde alimentarse, por lo que se sentía frágil.

Mientras tanto, su mayor fortaleza residía en la imposibilidad de ser escuchada por el CESID, y que sus cuitas no llegaran a la Moncloa por el tesón de aquellos, necesitados de honores, o bien por ordenes de ésta para derrotar a su enemigo, ante la ausencia de un móvil en la vaca al que se pudiera pinchar.

Al tanto, y con esa encomienda, el rabo de la vaca, el brazo ejecutor, el látigo de Baltasar Garzón al acecho, siempre atento a los posibles regalos escondidos en las ubres de la vaca.

13 julio 2009

NUESTRO COLCHÓN

nuestro colchon

Postrado sobre el mullido colchón de plumas de nuestros últimos veinticinco años guardado con cariño, observaba el bordoncillo que le adorna y sujeta. Fue entonces cuando me di cuenta del brote inconsciente del ombliguillo de un cálamo sobre la urdimbre del fuerte paño: el lugar de nuestro descanso. Y al tirar de él -como las cerezas- las plumas y unas tras otras, empezaron a salir unidas, testigos de un pasado a la luz de nuestra alcoba. Nadie mejor que ellas saben de él y de nuestras noches vividas, en cuyo interior del colchón han asistido silenciosas.

Y si una pluma aflora y habla de dichas, otra lo hace de silencios, algunas de tibios aprietos, y las más, de obstáculos ante una carrera vibrante que unidos supimos vencer.

Una pluma rojiza, señal de alerta, nos cuenta de las dudas escuchadas al calor de la almohada, que si ésta, inconexa al tálamo, supo de él gracias al calor recibido de nuestros cuerpos tal vasos comunicantes que se apoyan.

Una pluma de verde pájaro, alegre, coqueta y volandera, recuerda amaneceres ilusionados; mientras otra, amarillenta, habla, sin embargo, de una luz mortecina que avivándola con dulzura supimos mantener.

Al tirar de ellas y recogerlas en los cuencos de nuestras manos, al soltarlas por el soplido a dos bocas, bailan por la alcoba, siguen risueñas y desperezan sus mostachos de seda estrangulados por nuestros cuerpos durante tantos años, pero mostrando al mismo tiempo cierta complicidad como si quisieran recordar unos susurros y unos gemidos que, retorciéndose bajo ellos, con seguridad los conocían al escucharlos una vez tras otra.

Algunas de aquellas plumas, cotillas y provocadoras, airean rencillas sutiles, lloros arrepentidos, quejas igualmente oídas, pero que ultimados entre besos al calor de las sábanas ahora los recuerdan con agrado.

Hasta que apareció la última pluma, la más grande de todas, la que cogí al vuelo con mis manos y sin intención de soltarla nunca. Su cálamo lleno de tinta es la fuerza que nos anima a seguir juntos escribiendo sobre el ya raido, pero mullido colchón, otros veinticinco años más. O quizá más de ellos; al menos mientras quede en el centro de su alma una gota de tinta, que si fresca lo haremos con ilusión, si está seca, la fluiremos con el aliento, unidos en nuestro colchón.

06 julio 2009

CON CARA DE ESPERANZA

CON CARA DE ESPERANZA

Gracias a su sirena la ambulancia se abre paso en el denso tráfico de la Calle Ancha que muere en la Plaza Mayor, al tiempo que el reloj del Ayuntamiento da la última campanada del mediodía en el inicio del mes de Julio, cuando el calor, denso e irrespirable, que más parece una losa caída del cielo, es la comidilla ciudadana y que por culpa de una situación económica igual de asfixiante, la vacaciones de verano tienden a quedarse postergadas con mucha pena y nada de gloria en la mayoría de los menos pudientes de la ciudad.

Juan Carena está en el paro desde hace ya dos años y en estos días atiende los trámites necesarios para que al terminarle la prestación por desempleo el abono del subsidio continúe; pero esta mañana no ha salido a la calle ya cansado de sus constantes acercamientos a la ventanilla del INEM, ventanilla en la que además de pedirle cada día un papel distinto, nada le soluciona. Y además del sofocante calor, de salir a la calle, el bar de la esquina va a ser su único reducto. Tal, que además de haberle fiado su dueño ya varías veces, le esperan los amigos que también desempleados, igualmente les debe algunas perras; situación enojosa que en este momento de agobio no puede afrontar.

Juan tiene un hijo mayor que aunque no lo parezca vive con ellos. Lleva unos cuantos días sin asomar por casa en una más de sus ausencias acostumbradas, y cuando regresa al auxilio paterno para satisfacer su ansiedad de droga, es a sabiendas de que allí, de él, del dinero necesario para su calma, su existencia es bien poca, importándole nada el trance de sofoco que infringe a la familia.

Luego está la hermana pequeña, recién casada y que al quedarse prontamente preñada, se ha visto abandonada por su marido Fulgencio, huida ya vaticinada por sus padres que, en contra de su voluntad, tuvieron que aceptar una boda que veían con malos ojos, dado el pelaje de aquel rufián de quien la niña, tontuelamente, se había enamorado. Rosarín, ya de seis meses se ha visto obligada a abandonar el limpiar las escaleras, y en este mismo día está en el ambulatorio, sola y desconsolada, al que ha acudido a primeras horas de la mañana para la periódica revisión de su embarazo, ya en su fase final y plena de dificultades.

Sobre su mujer, la Toñi, cae todo el peso de la familia, y ya de mañana, cuando despunta el alba, sale de casa a cumplir con el primero de sus pluriempleos: la limpieza en los despachos de un periódico de mediana tirada que debe terminar antes de las doce. Trabajo, el mismo, que a continuación realiza en tres casas del barrio dos días a la semana en cada una de ellas, y en las que sirve la mesa a unas parejas de ancianos, lugares en los que luego come.

Por la tardes, va a una guardería entreteniendo a los niños hasta el atardecer, en el que después de cerrar sus puertas regresa a su casa donde le espera Juan, Rosarín y muy pocas veces Alfredo, el garbanzo negro de la familia. De los otros, gracias a la Toñi, todos los días hay un plato en la mesa para cenar, que no son más que las sobras de la comida. Comida que todas las noches prepara para su Juan y su hija antes de irse a la cama, en la que ya extenuada, se acuesta dolorida de tanto trabajo. Y lo hacen cada uno a un lado dándose la espalda, después de un beso de buenas noches un segundo antes de apagar la luz.

Pero en esta mañana calurosa la Toñi ha tenido un mal presentimiento y la sirena de la ambulancia le ha dado la señal y un buen susto de alerta. Ha pensado en su hija, en Rosarín, que ya unos días le dio la alarma de un aviso de aborto, por lo que se ha encaminado a su casa en lugar de acudir a la de Doña Águeda. Una cristiana mujer que aceptará de buen grado sus disculpas cuando acuda a dárselas.

Al llegar al zaguán, ni siquiera ha esperado la bajada del ascensor, en ese momento ocupado subiendo su marcha; y a volandas por las escaleras ha llegado hasta el tercer piso, abriendo la puerta de casa al grito de Rosarín.

Su hija no está en casa. Sí Juan, que tumbado en la cama escucha la radio en un programa de verano de contenido intrascendente, mientras que con una toalla se limpia el sudor de la cara.

-Qué pasa Toñi, cómo tú por casa a estas horas- le ha dicho Juan, que al verla inesperadamente ha puesto algo de contento en su cara.

-¡Y Rosarín! Dónde está, ¿le pasa algo? – Le pregunta, algo más tranquila, pero no del todo, más por el sofoco del susto que por el ejercicio realizado al prescindir del ascensor.

-Acaba de salir de casa y me ha dicho que volverá a media tarde; se ha ido a casa de su prima, que le ha llamado para comer juntas, pues tenían algo que hablar- le ha contestado no poco tranquilo, al tiempo que le pide se acerque al lecho y con cara de esperanza.

29 junio 2009

PROTECCIÓN A LA MUJER EMBARAZADA

proteccion a la mujer embarazada

El Gobierno Valenciano ha presentado y aprobado, gracias a su mayoría parlamentaria en Las Cortes Valencianas, un proyecto de ley que protegerá a la mujer embarazada. Ello, gracias a una propuesta del Partido Popular pocos días después de que la judicatura valenciana haya fallado que el PSOE de la calle de Blanquerías ha actuado con mala fe y manifiesta temeridad al acusar a Francisco Camps por el caso Gürtel, ramificado a Valencia, de unos hechos sólo existentes en su tan interesada como calenturienta actitud. Actitud que ha tenido el justo castigo en sus últimos resultados electorales, castigo ganado a pulso por ellos mismos, a la vez que han traspasado el umbral del ridículo, camino a lo más profundo del pozo al que irremediablemente se dirigen.

¿Llevará este fallo judicial al PSOE valenciano a su punto y final de tan mezquina actitud?

Pero lo que me congratula y me hace creer en la buena voluntad del ser humano, y especialmente de la clase política, es observar por vez primera, la firme decisión de proteger a la mujer embarazada evitando que por una u otra causa se vea en el trance de terminar con una vida humana, que siendo ajena a la suya, tiene más que nadie la obligación de salvaguardar. Una ley autonómica que estoy seguro y que con el tiempo, extenderá su ámbito a toda España.

Hacía falta de una vez por todas, una auténtica ley progresista que se ocupara de los casos en que la mujer se viera necesitada de ayuda, que salvo en los casos contemplados por la actual ley que despenaliza al acto criminal y que autoriza a una solución trágica y violenta en los supuestos de necesidad, pueda aquella gozar del favor por parte de los poderes públicos permitiéndole dar luz al ser que lleva en su vientre con el apoyo que necesite.

El machismo, en su aspecto de nuevo cuño, transmite hacia la mujer su propia irresponsabilidad y la enmascara con la toga del derecho, reto que acepta la mujer como si del mejor de los trofeos se tratase. La sumisión del esclavo en los umbrales de un nuevo siglo no hace más que dar autenticidad a su persistencia, con una u otra cara.

Pocas veces la mujer aceptó con mayor resignación salpimentada de euforia y con redimida conciencia los designios del culto a lo fácil. Con la aceptación añadida en la ausencia de cualquier tipo de sacrificio y convencida de que el sendero del progreso que se le ofrece no es el del engaño, el de los hoyos ocultos y lleno de hierbajos hirientes, por cuya maleza se le invita a pasear en un camino al que pomposamente se le sugiere y del que por sus vistas de normalidad le dicen podrá olvidar; y ella se lo cree. ¡Ah el progreso!

Pero en su circuito histórico, el avance social es imparable y la mentira tiene su final, como tantas veces hemos visto en el pasado siglo de paraísos inexistentes. Siempre habrá un juez, pese a los avatares que sufre en la actualidad el más débil de los poderes, que acuse del engaño de haber actuado de mala fe y manifiesta temeridad a quienes visten de progreso lo que no es más que un vil asesinato.

Y con las tablas de la ley en la mano. No con las de Moisés.

23 junio 2009

LAS MEDIAS Y LOS DERECHOS EN LA “ERA ZAPATERO”

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Dándole vueltas al asunto, aún no tengo claro a qué clase de media se refería el Presidente Zapatero cuando en ocasión de la inauguración, hace unos días, de la nueva terminal aérea de Barcelona y con la muy sabia intención de agradar aún más al personal allí asistente, anunció eufórico, que la cantidad de euros a recibir por la Generalitat Catalana en la nueva financiación autonómica, estaría por encima de la media española. Y lo dijo sin rubor, pero sí con descaro y por supuesto sin decoro.

Ahora bien, ignoro si se refería a la media aritmética, la más sencilla y fácil de entender, la más electoral también y dispuesta al mayor recaudo de votos en las urnas. Porque si se refería a la geométrica, ésa es algo más complicada, aunque por la facilidad en tirar de ella para el mejor jeroglífico, igual sea la que más le convenga. A Zapatero me refiero.

Luego está la ponderada que es quizá la que más le gusta por lo que se presta al tejemaneje, afición de su agrado. O la proporcional, que igual también le gusta porque se adapta en cualquier instante y con mayor elasticidad cambiando cualquier concepto.

Digo yo, que aunque sean demasiadas las medias existentes y como fuere la forma en que se apliquen, lo que queda claro es que si hay quienes reciben por arriba de ellas, es, y bien claro está, a consta de a quienes les llegue la media por debajo de su falda.

Y ahí es, donde el Presidente del Gobierno, que más que de todos es de él sólo, debiera dejar bien claro con cuál de las restante Comunidades va a jugar y bailar con la intención de darles gustirrinín. Y si es una, o lo serán varias las Comunidades afectadas. Seguro estoy qué con las más pequeñas, las más necesitadas.

¿Por qué no lo dice igual de claro y con la misma contundencia en ocasión de algún acto inaugural a las Comunidades que les afecte?

- Ejem… mirad, ciudadanos, miren Vds señores. En esta ocasión sois vosotros los que vais a recibir por debajo de la media, que os aseguro… será la ponderada.

Algo así debiera anunciar Zapatero, porque a excepción de Cataluña que ya sabe que lo estará por arriba, aún nadie, de las demás autonomías, sabe quién quedara por debajo.

Estamos en los tiempos de la manipulación acostumbrada. Y entre el asunto de las medias, que si aritmética, que si geométrica o que si ponderada, todo en virtud a unos derechos de igualdad que otorga la Constitución, vemos, sin embargo, que ese derecho se ignora.

No así al del aborto, que ahora resulta que si antes era un “acto progresista”, ahora resulta que es un “derecho”. ¡Toma ya!. De un acto penal, ahora, ¡ésta es la última! quiere pasarlo a un “derecho constitucional”. Ahí es nada. Y por eso, machaconamente y en la red mediática de mamporreros que les sirve, está presentando al aborto como un nuevo DERECHO de la era Zapatero.

Aquí ya no hay supuestos que valgan, ni razones que aduzcan a tan trágica y violenta solución. Y la rueca de la manipulación y el engaño sigue su curso calando subrepticiamente. A cuyo logro traza el camino de la cuesta abajo, el de sin esfuerzos y con el culto a lo fácil, tanto en la docencia y sus permitidos suspensos al paso de curso -igualmente con derecho a ellos- donde al menos se debería de explicar bien eso de las diferente clases de “medias”.

Que si aritmética, geométrica o ponderada. Eso sí: todas con DERECHO.