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24 febrero 2012

LAS CORTES VALENCIANAS

las cortes valencianas

Como en otros muchos lugares, cuando en un hemiciclo surge el esperpento suele decirse que se ha convertido en un circo. Craso error.

Llegan las fiestas navideñas y los figurantes bajo la carpa circular son personajes de una profesionalidad intachable, implantada en la sangre desde el día de su nacimiento. Y a su trabajo se dedican en aras de la perfección y la consiguen para el disfrute de un público que acude a sabiendas de que si hay algún engaño en ellos, es fruto de su arte cuyos trazos se manifiestan con la magia de una sana inocencia.

El círculo no se dibujaba al completo pues le faltaba un segmento tal y como suelen ser los hemiciclos políticos al uso. Así que nada de circo, pero sí con mucho de esperpento.

Presenciaba en directo por nuestro canal autonómico el último pleno dedicado al turno de preguntas al presidente del Conçell por los grupos parlamentarios.

Fue subir al atril Jorge Alarte, cuya voz con ritmo de plegaria le muta a convertirse en el “curita de Alacuás”, para que desde ese instante sólo se escuchara en las Cortes Valencianas un rosario de calumnias propias de un café de baja estofa. Digno lugar en el que siempre se debiera ejercer el otra vez digno ejercicio de la palabra y donde la dialéctica de la erudición salpimentada con la exuberancia de la metáfora surgiera siempre por encima del recurso a los exabruptos aliñados con eructos de mentiras.

Y de ésta guisa continuó la sesión parlamentaria, en la que tal y como iban tomando su turno de palabra los demás grupos minoritarios, los eructos hacían aún mayor acto de presencia, pues de lo que se trataba era ver quién denostaba en mayor medida tan noble recinto, incluso practicando el pillaje de la oportunidad preguntado lo que no correspondía dejando en el olvido la consulta oficialmente registrada.

El ingenio del Lazarillo de Tormes con sus picaras acciones superaba en ilustración a quienes ausentes de ésta, utilizan su imaginación al servicio de la infamia e imposibilitan el debate.

Todo un espectáculo, pero no de circo precisamente. Puro desvarío. Hasta el próximo pleno.