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20 junio 2008

LA CIUDAD DE OLIMPIA


Día 10 Katakolon y Olimpia

Amanecer en alta mar por primera vez en nuestras vidas y bañar nuestro rostro con una brisa suave y al mismo tiempo contemplar el suave movimiento de las aguas, es la mejor puesta a punto para iniciar un día en el que la llegada a la pequeña ciudad de Katakolon estaba prevista para el mediodía.

Visitamos las ruinas de la ciudad de Olimpia, santuario en honor de Zeus, el padre de todos los dioses, antigua ciudad donde se celebraban los Juegos Griegos desde el año 776 a.C. hasta el 339 d.C, y que pasaron a denominarse Olímpicos en recuerdo de la ciudad, siglos más tarde, cuando se reanudaron en la ciudad de Atenas a finales del siglo XIX, gracias el interés mostrado por el Barón de Coubertín.

La ciudad fue descubierta gracias a las excavaciones iniciadas en el siglo XIX y llevadas a cabo hasta mediados del XX, en las que se hallaron los restos de templos y lugares de culto, destacando entre todos el Templo de Zeus, cuya colosal efigie de marfil y oro fue considerada como una de las siete maravillas del mundo antiguo, y que transportada a Atenas, desapareció ignorándose el motivo.

Sobre los laterales del Templo de Zeus permanecen las columnas tronchadas y amontonadas a la espera de una posible restauración del templo, cuya única dificultad estriba en el aspecto económico. Los restos arqueológicos más importantes allí hallados, fueron saqueados por los ingleses, franceses, alemanes y rusos, y aunque reclamadas sus compensaciones económicas que pudieran facilitar su restauración, la única respuesta ha sido la del silencio.

En su zona sagrada y en recuerdo de la diosa Hera, esposa de Zeus, cada cuatro años en ocasión de los Juegos Olímpicos se prende fuego a la antorcha como señal de paz y que se ofrece a todos los lugares del mundo.

En la entrada al estadio permanecen los restos donde se ubicaban las columnas de los tramposos: los que habían recurrido a algún tipo de ventaja para ganar los juegos, y que para su agravio dejaban grabado sobre la piedra tanto el nombre del atleta como el de su localidad, lo que suponía una gran vergüenza para sus vecinos.

Kalipatara fue la única mujer que consiguió entrar al estadio de 40.000 espectadores, deseosa de ver participar a sus dos hijos; nunca mujer alguna lo había conseguido hasta entonces. Para lograrlo tuvo que recurrir a un disfraz de hombre y al ser descubierta, en lugar de ser sometida a castigo, fue liberada gracias a la victoria que habían conseguido sus vástagos, lo que les investía de gran autoridad.

La visita en Katakolon terminó con la degustación de sus platos típicos junto al mar, amenizada por bailes donde el recuerdo de Antony Quin bailando el Sirtaki resultó inevitable. El sirtaki es una danza creada en ocasión de la famosa película Zorba (nombre con el que también es conocida la danza) y es una mezcla de todo el folklore griego, recreado en sus ritmos por momentos lentos, y en otros más rápidos.

De regreso al barco, nos llamó la atención junto a los bordes de la carretera la existencia continuada de unas pequeñas capillitas de hierro y madera como recuerdo de las víctimas de accidentes de tráfico, costumbre muy arraigada por la zona.

La tarde, como todas, servía para seguir descubriendo el barco hasta la llegada de la hora de la cena, donde en mesa reservada comentábamos el anecdotario diario junto a tres entrañables parejitas de recién casados, con las que iniciamos una entrañable amistad que poco a poco fue in crescendo en otra más de las gratas sorpresas, y también anuncio del mejor de los frutos de nuestro viaje.

2 comentarios:

Benê dijo...

Julio no sabia donde darte las felicitaciones por las musicas, entonces lo hago por esta reportage, quiero decirle que la escoja fue maravillosa... un abrazo de una brasileña, Benê.

Anónimo dijo...

Olimpia se ve, como su nombre indica, bastante limpia, pero un poco rota.
Salí de casa con la pierna izquierda.
Iván