Si das una vueltecita por mi Blog, espero sea de tu agrado.

22 mayo 2009

I CENTENARIO EXPOSICIÓN REGIONAL VALENCIANA – 1909-2009.

0 Exposición Regional 1909

Cuando Tomás Trenor Palavicino, militar y político, presentó su candidatura a Presidente del Ateneo Mercantil de Valencia, su disposición al logro de una Exposición Regional en nuestra ciudad ocupaba su mente.

Lo que quizá ignoraba es que en poco más de un año y sobre tierras de huerta se pudieran abrir las puertas a un evento de tal magnitud, hecho posible gracias a que todas las fuerzas políticas de la ciudad se sumaran incondicionalmente al buen fin de la empresa, olvidándose los enfrentamientos entre conservadores, liberales y blasquistas republicanos.

Fue al inicio de 1908 cuando nuestro protagonista, descendiente de una familia irlandesa afincada en nuestra ciudad, fue elegido como Presidente del Ateneo, acto en el que expuso su firme propósito de estimular la vida económica de nuestra Región, al igual que se estaba haciendo en otras ciudades europeas.

Para su propósito sólo pidió confianza en su persona y poder de decisión, libre de los clásicos comités o comisiones que pudieran poner freno a una idea que tenía muy clara.

Lograda la total libertad de ejecución para su propósito, supo moverse en los terrenos del poder para trasladar a los de la huerta y en muy pocos meses una Exposición Regional que entusiasmó a Valencia, además de significar el pistoletazo de salida a la modernidad en un recién estrenado siglo.

Tras unos meses de papeleos y constantes viajes a Madrid, en el otoño de 1908 ya tenía a su abrigo los permisos necesarios para el inicio de su anunciado objetivo. Y tras unos meses de trabajos sobre un lodazal que sufría días de lluvias, llegó el acto inaugural: el del día 22 de Mayo de 1909, hoy hace justo un siglo, con muy pocos días de retraso sobre la fecha prevista.

Todo un éxito de trabajo, de fe en el proyecto y de habilidad: la necesaria para superar todas las dificultades que no fueron pocas. Para alcanzar el presupuesto total de seis millones de pesetas, Tomás Trenor aportó quinientas mil, logradas de un préstamo bancario que terminó amortizando de su propio patrimonio.

Se sabía desde un principio que los edificios a construir para tan magna Exposición estaban condenados a su derribo, a excepción del edificio de la Tabacalera cedido para el evento por el Estado, el Asilo de la Lactancia hecho en contrapartida a ésta cesión como lugar donde las cigarreras amamantaran a sus hijos en jornada de trabajo y el Pabellón del Ayuntamiento diseñado por el Arquitecto Mora, obra de líneas inspiradas en la Lonja de la Seda y en el Miguelete catedralicio. Al igual que el puente de la Pasarela: el que iba a ser un camino directo para los valencianos hacia la “otra parte del rio”.

Si la Exposición Regional supuso un fracaso económico pese a su necesaria prolongación un año más tarde como Exposición Nacional que lo mitigara, de lo que no hay duda, es que fue a partir de su presencia cuando en Valencia se iniciaron una serie de transformaciones urbanas que iban a cambiar la vida de la ciudad, embellecida por unas edificaciones al nivel de las mejores ciudades europeas.

El derribo del viejo barrio de Pescadores y el traslado de la Estación de Ferrocarril posibilitaron la construcción de bellos edificios de los que aún gozamos, convirtiéndose la zona en el nuevo centro económico de Valencia. El Mercado de Colón, el inicio, ¡por fin!, del Mercado Central, la apertura de la Calle de la Paz en toda su dimensión, el despegue del Ensanche y el nuevo aspecto de la Plaza de Castelar entre otras mejoras, fueron logros que si no directos, sí vieron la luz precisamente pocos años después de una Exposición Regional que se ofreció a España tal y como anunciaba su propio Himno, convertido en Regional años más tarde ante un pueblo que siempre lo ha tenido como su más bella joya musical salido del genio emotivo de José Serrano y Maximiliano Thous, cuyos beneficios cedieron a la Asociación Valenciana de Caridad. Himno de la Exposición cantado el día de la inauguración del certamen por la voz del tenor Lamberto Alonso, quien repitió su actuación de aquella tarde por el deseo de Alfonso XIII emocionado al escucharlo.

Se cumple pues el I Centenario de una Exposición Regional que mostró al público valenciano los avances del taller artesanal, los útiles para la huerta, las nuevas máquinas fabriles, así como los mejores inventos para una nueva vida hogareña más confortable e higiénica. Sin olvidar al sector del automóvil y de la aviación, ambos en sus primeros balbuceos; así como una gran variedad de nuevos inventos que dejaban boquiabiertos a unos visitantes entusiasmados ante el progreso manifestado en una espectacular fuente luminosa y los adelantos en el mundo de la comunicación. Igualmente destacaron en el campo de las Bellas Artes las exposiciones de pintura y escultura en las que participaron los artistas más acreditados.

Evento en el que no faltaron diversos espectáculos deportivos, ejecutándose con gran deleite para los visitantes exhibiciones de equitación, tenis, foot-ball, esgrima, automóviles, aeronáuticas, diversas pruebas atléticas, carreras ciclistas y hasta un concurso de bellezas.

Valencia se vistió de gala, y en los diversos pabellones a lo largo de todo el recinto expositor convergieron todos los estamentos valencianos, desde un Monarca asistente al día inaugural, hasta el último valenciano maravillado por un derroche de luz ofrecido a sus ojos, gracias a un alumbrado que abría la noche hasta entonces nunca visto.

En agradecimiento a su gestión, a Tomás Trenor Palavicino le concedió Alfonso XIII el título del primer Marqués del Turia, en cuyo recuerdo lleva su nombre una de las grandes vías valencianas.

Filántropo personaje que falleció en 1913 por una pulmonía y pocos meses después al ejecutarse su testamento, dejó únicamente a sus herederos un montante en deudas superior a 500.000 pts. además de su piso de la calle Navellos, del que un tercio estaba embargado a favor de su padre como garantía de las cantidades que éste le había prestado.

Valencia en blanco y negro quiere ofrecer a sus amigos desde su humilde ventana, un pequeño recuerdo hecho con ilusión y cariño.

20 mayo 2009

ARANDA DE DUERO

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Homenaje a nuestro padre:

Arandino de pro, se enamoró de Valencia y aquí echó raíces.

A él van dedicados estos rincones donde quiera que esté.

19 mayo 2009

SOMOS SERES VIVOS

Somos seres vivos

“Para mí un feto —de trece semanas— es un ser vivo, claro, pero no podemos hablar de ser humano porque no tiene ninguna base científica".

Tras estas últimas declaraciones a la cadena SER –casa suya que no nuestra- ya tenemos algo claro, ya sabemos que un feto es un ser vivo. Lo ha dicho la Ministra de Igualdad. Algo es algo. Y lo dice con una sonrisita tierna, sosteniendo con su dulce manita una cara angelical, seguramente para que no se le caiga de vergüenza al privarnos, con tal aseveración, la condición de ser humano antes de haber nacido.

Y anuncia la nueva Ley del Aborto vestida con ropa de color carne de niño inocente recurriendo en su osadía nada menos que a criterios científicos. Quizá, a falta de argumentos sólidos, ni siquiera habla de una legalidad que pudiera justificar una solución violenta, y que como tal, cambiable, modificable y con seguridad mejorable.

Nada de eso, nada menos que apoyada en criterios científicos recurre a una más de las “frases lapidarias” a las que últimamente nos tiene acostumbrados Zapatero.

Con seguridad, por su cercanía o por su afán de hacer méritos, interesada la ahijada en no dejar en mal lugar al Vicepresidente tercero, su padrino de carrera, que por cierto, no fue ésta la de Ciencias.

La guapa de Bibiana utiliza una vez más eso de la “comunidad científica internacional” de dudosa formación, tantas veces oído y de falso argumento para otros menesteres en nuestra Comunidad Valenciana.

Pero bueno, algo es algo. Al menos ya sabemos que una vez engendrados somos seres vivos, y no otra cosa.

Seres vivos, sí, pero, según ella, dispuestos al sacrificio en un acto que como progresista quieren vendernos. ¿Será acaso por incentivar el consumo? Más bien una simple cuestión de votos en una sociedad que se dice avanzada, pero por desgracia necesitada de ello.

14 mayo 2009

LA VIDA MISMA

Columpios

Sentado en el parque junto a una zona de juegos me llamó la atención ver una niña arriba de un balancín que con gran maña lanzaba su cuerpo adelante aventurada en su deseo inalcanzable de tocar con la punta de su zapato la rama de un árbol que daba sombra al columpio. Con sus cabellos al aire y las manos en las cadenas disfrutaba sobre un suelo de goma bajo un rectángulo de madera. A su lado, en otro columpio y sentada, una niña muy tranquila que apenas se movía; no así su imaginación envuelta en fantasías -pensaba yo- que por su mirada al cielo, debía de huir hacia algún lugar quizá lejano.

Encima de un caballo de madera anclado al suelo, un niño cabalgaba contento ante la mirada atenta de su madre preocupada no fuera a dar con su cabeza a tierra por los pocos años del zagal.

Pero no todos los niños jugaban felices pues la dicha nunca está al alcance de todos. Una niña de pelo corto, apoyando su cuerpo a uno de los palos que sustentaba el columpio, esperaba impaciente a que alguna de las niñas los dejara libres. Después de un buen rato, con su cara triste y de rabia contenida, miraba tanto a la niña que volaba al árbol, como a la otra tranquila y sentada en el columpio en el que mostrando cierta dulzura se mecía tenuemente.

Y como ninguna de las dos niñas lo cedía, la niña de pelo corto cada vez más triste alzó la voz reclamando su turno, sin quienes los ocupaban hicieran caso al reclamo ignorando su presencia.

Unas mamás, algo alejadas, debían hablar de vestidos, de los problemas con sus jefes, de las rarezas de sus maridos o de cualquier cosa de las que a diario acontecen ignorando la lucha de miradas por los columpios sin enterarse de nada.

Me fijé en la niña de pelo largo nada dispuesta a soltarlo dándole cada vez mayor impulso, convencida de su dominio, dueña de su fortaleza, irrenunciable a abandonar lo que consideraba de su propiedad. Si su rostro denotaba poderío, la alegría que desprendía al mismo tiempo era un insulto a la rabia contenida en la niña de pelo corto que se sentía afligida, débil e incapaz.

La niña tranquila allí cerca debía de estar lejos, muy lejos del parque, quién sabe, ensimismada en cualquier sueño y sin importarle nada de lo que ocurría a su alrededor, como tantas veces sucede.

Instantes después me levanté y seguí mi camino. ¡La vida misma!, pensé.

La brisa suave del atardecer, ya en plena primavera y vía al estío: como una y otra vez, como tantas otras veces.

12 mayo 2009

DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN.

Zapatero_expone_estado_nacion

Señorías, se inicia el debate del Estado de la Nación.

Sr. Rodríguez Zapatero, tiene Vd. la palabra.

Señorías:

Bla blablabla blablá blabalabablóbalabla bla; bla bla, blalablala, blalablabla balablali, blala blala, bla blablalá blalable blableli blalabaló blulabala: bla la blí.

Bla blabla blalablele blolabola bolablu, bla blalablalá. ¿Blalablá blalablo? ¡blo!.

Bla, bla, bla, blelebli. Blo. Bla bla bla bla: blu. Blablalablababalablo, bla, bla; blu balabla blalable biblalo, balablala lá.

¡Bla bla! Bli, blalablablalabó. Blalablalá, blalablaló, blallablalí, balablaló. Bla bla, blebali, beblala bli blobalublá bluele blubabobló bla. Bli, ¿blebalá blebaló bla bla bla bla, bla. ¡Bli bli!

Bla, ble, bli, blo, blu, ¿blalablá?

Bli, bli; bla blalabla blablablela, blibolá blablablé bla bla blablabable blablabablable. Bloblublá, a la bli bla blú. A la bli, a la bla, a la blo, blu blu.

Blabala blabalá. Bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, blablá. Bla blabla, bla bable bla bla blá; Bla bla blable, blablalá blablalá bablalá…

¡Bla blá!

Y un entusiasmo onomatopéyico se ha extendido por la bancada azul escorado a los escaños a su izquierda:

Plas, plas, plas, plas, plas, plas, plas, plas…

Señorías, se suspende la sesión.

11 mayo 2009

FRASES LAPIDARIAS

Frases lapidarias

¡La salida de la crisis será social o no saldremos de ella!

Si Don José Luis Rodríguez Zapatero fuese un político de derechas el recurso a la rogativa mariana sería inminente.

¡Qué peligro el de este hombre!

08 mayo 2009

EL TARAMBANA DE ÁNGEL LUNA

Angel_Luna

Intentar alcanzar el Gobierno Autonómico dando la espalda a los sentimientos valencianos ha sido una constante en la izquierda de nuestra Comunidad desde hace ya muchos años, sin que hasta el momento hayan aprendido la lección.

Queda ya muy lejos aquel año en el que el inefable Albiñana colgara sobre la Generalitat Valenciana la bandera catalana. Hasta que fue el sentido común el que obligara a colocar cima la torre, la Señera valenciana que nos distingue y diferencia de otra región vecina. El continuo desprecio a nuestro Himno Regional, próximo a cumplir en estos días su centenario como himno de la Exposición Regional de 1909 y pocos años más tarde, allá por los años 20 del pasado siglo, declarado como Himno Regional en solemne acto con la complacencia de las autoridades e instituciones de Alicante, Castellón y Valencia, tuvo su desagravio al rendirse a la evidencia del aprecio valenciano hacia la letra de Thous y música de Serrano: el mejor testimonio del sentimiento valenciano y español de una mayoría abrumadora de las gentes de nuestra Comunidad. Pese a ello, hay quienes aún lo cuestionan, más por un problema cultural de identidad, propio de quien desconoce su origen, como víctima de una constante manipulación con la que se sienten a gusto.

La aceptación de la catalanidad de nuestra lengua por la izquierda valenciana ignorando su historia y ninguneando su Siglo de Oro, así como su mimetismo propio del complejo de inferioridad que les atenaza, les llevó a la oposición sin haber entendido que si Cataluña tiene sus peculiaridades diferentes, también el pueblo valenciano posee las suyas, a las que exige respeto.

Pero, por lo visto, siguen sin aprender la lección. Pese a los tan necesarios intentos del reconocimiento de nuestras peculiaridades por un sector del socialismo valenciano, cuyo salto definitivo no se atreve a dar, enfundado en su condición de pánfilos y dando una vez más la espalda al pueblo.

Su entreguismo ante una Plan Hidrológico Nacional tan necesitado por nuestras tierras secas y su forma de hacer oposición tratando de ganar votos gracias a un accidente de metro, como oponiéndose a la creación de diversas ventanas abiertas al mundo gracias a los diferentes eventos, así como el intento de acoso y derribo al Presidente de la Generalitat a instancias de un juez que sólo le acusa de haber recibido un regalo (incompresible acción si no fuese por el fin que se persigue) y del que se sirve el Grupo Prisa informado fraudulentamente desde la misma judicatura, sólo les llevará a la pérdida de más votos, como ya les sucediera perdiendo Paterna y Torrente, sus feudos queridos, así como otros muchos.

Por lo visto no escarmientan y el hemiciclo de las Cortes Valencianas ha sido testigo del acto más deplorable y mezquino que haberse visto, y una vez más, a costa de Ángel Luna. Torpe personaje quien por lo visto, y quizá subido a su necesitado escabel, anduvo atento a los Diputados populares presentes en el hemiciclo de las Cortes Valencianas para tratar de ganar una moción convencido que en ese momento su grupo era el mayoritario. Pero ni sumar sabe. Y perdió la moción por la diferencia de un voto, cuando él pensaba que con su mayoría en ese momento allí presente, derrotaría al Partido Popular en la propuesta que tan mezquinamente presentaba.

¿Qué moción era aquella? ¿Acaso correspondía a alguna propuesta útil para solucionar el paro o aliviar a quienes sufren la crisis mundial agravada más aún en España por un inepto Zapatero? Nada de eso, nada de cualquier cuestión beneficiosa para nuestra Comunidad.

La moción que presentaba era ni más ni menos para que las Cortes Valencianas rechazaran de forma definitiva el trasvase de las aguas del Ebro hacia nuestra Comunidad.

Para tal éxito, hacía sus cuentas el impresentable de Ángel Luna tratando de ganar una moción que, según él, ridiculizaría a las Cortes Valencianas. Gran talento político el de Ángel Luna, el que le llevará a seguir en la oposición por muchos años y haciendo el ridículo con su naturalidad acostumbrada.

¡Será inútil!

05 mayo 2009

SOLIMÁN EL MAGNÍFICO

Solimán

Por fin iba a cumplir con mi más ferviente deseo de visitar Estambul, ciudad que casada con dos continentes se enfrenta al Bósforo y con la duda de si pertenece a uno u otro mundo. Cuando supe por vez primera de su hechizo, fue gracias a un documental de las Dos, aún no cumplidos mis dieciocho años. Fue en una tarde septembrina en la que Toni -del que estaba muy enamorada- en víspera de un examen, tuvo que renunciar a compartir aquella tarde en mi casa, dedicado a su estudio como estaba. Encuentros que repetíamos cada vez que mis padres huían a su apartamento en la playa, y no por razones previas a un examen.

Así fue, cómo, sola en casa, descubrí la ciudad de Estambul de la que de inmediato me entusiasmé viendo en la pantalla a Santa Sofía, al orgullo escondido en su mezquita de Solimán, a un Obelisco pinchando el cielo, a los tesoros del Palacio de Topkapi y el esplendor del Dolmabahce bañado por las aguas del Bósforo.

Después de un año observando Estambul y fijando mis rutas favoritas por la ciudad, gracias a Internet, un euro fue la llave que me abrió el camino rumbo a su encuentro, al salir premiado un boleto de la Primitiva compartido con Toni con un importe de tres mil doscientos cuarenta y ocho euros. Nada más cobrarlos, acudí -pues en mi bolso se guardaba el boleto- a una Agencia de Viajes comprando los billetes para un viaje de seis noches con los que sorprender a Toni, quizá insuficientes para ver los sitios soñados, pero sí al menos los imprescindibles para cumplir mi deseo de ya más de doce meses.

-Toni, ¡mira, mira lo que he comprado!

-¿Estambul? – ¿Y qué hacemos tú y yo en una ciudad tan lejos, llena de gente extraña y con un idioma que no conocemos? Ni hablar, ¡No cuentes conmigo!

-¿Pero Toni, qué dices? Llevo un año hablándote de lo mucho que me gustaría disfrutar de Estambul sin mostrar recelo alguno por tu parte, y ahora, ahora que podemos, ¿me sales con estas?

-Loli, -me contestó enérgico - no cuentes conmigo, si quieres, ¡ve tu sola!

-¿Sola?, ¡Seré tu Solimán! ¡Recuerdas!. Seré tu Solimán, me decías la otra tarde mientras me hacías el amor. Y yo, imbécil, imbécil de mí, alentándote con un mar de besos en tu esfuerzo:

-Sí, sí, eres ¡el magnífico!, te contestaba. ¿Cómo puedes hacerme esto ahora?

No voy a contarles todo lo que discutimos por culpa de Estambul, ni voy a manchar mi diario en sus detalles del corte más pueril, así que sólo les diré que de inmediato regresé a la Agencia, devolví un billete, me entregaron su importe restando una pequeña penalización y le di a Toni sus mil seiscientos veinticuatro euros.

Y de inmediato, hechas mi maleta, marché sola a Estambul.

Por tres veces recorrí el Bósforo en una pequeña embarcación viendo sus casas en la orilla del mar entre palacios de ensueño, navegando y acercándonos a una y otra costa salvando las grandes naves que avanzaban portentosas, así como escuchando el ruido de las sirenas de los barcos que rivalizaban entre ellos con mayor o menor estruendo.

Recorrí el Gran Bazar gastando mis ahorros; me embriagué en el Mercado de las Especias, bañándome en sus aromas; subí a Torre Galata, contemplando sus incontables minaretes como una tarta de mil velas; disfruté con la belleza de los tesoros de Topkapi; me situé entre la Mezquita Azul y el museo de Santa Sofía, ambos enfrentados con un jardín en medio: era como cuando en la mitad del Bósforo veía dos continentes dispares de culturas diferentes; y me extasié visitándolos. Y me pareció ver a Solimán en lo alto de su mezquita sin preguntarme por Toni al que tenía olvidado desde el momento de mi llegada, absorta en la antigua Bizancio rememorando su historia.

Me perdí por sus calles entre un mar de gentes en torno a la modernidad de Taxim, mas pude cruzar el puente que me separaba de Asia. Y con ello, pisarla.

Así fue cómo cumplí mi deseo de conocer una ciudad que me fascinó desde el primer día, descubierta en una tarde sola en casa y viendo la tele.

Y por supuesto gracias a la suerte de un euro. La que me permitió conocer a tan enigmática ciudad y al mismo tiempo seguir el consejo de Solimán: olvidarme de Toni.

(“Solimán” es un relato que ha participado en el 45º Proyecto Anthology. Tema: DIARIO DE UN VIAJE)

02 mayo 2009

JOSÉ BONO Y LA MEMORIA HISTÓRICA

Jose bono y la memoria historica

Aquello de que lo cortés no quita lo valiente no se riñe con la cortesía. Porque ser cortés y al mismo tiempo valiente es una práctica muy recomendable.

De siempre, ver y escuchar a José Bono con su gracejo sostenido, lleva a la confusión ante la duda de si su perorata corresponde a un político de derechas o de izquierdas, al igual que cuando ves a un gallego en el punto medio de una escalera nunca llegas a entender si es que la sube, o si es que la baja. Cosas de Don José Bono, católico por conveniencia y político de izquierdas por convicción, o pongan Vds. el motivo allá dónde mejor crean.

-¡Sr. Sarkozy, siéntase cómodo y querido y háblenos en confianza! Suya es la palabra.

De esta guisa terminó su discurso de bienvenida al Presidente de la República de Francia el Presidente de las Cortes Españolas en ocasión de la primera visita del Sr. Sarkozy al hemiciclo de nuestros Diputados. Pero antes, minutos antes, Don José, tuvo sus minutos de gloria con un discurso pleno de referencias al pasado.

¡Vaya charco en el que se metió el Sr. Bono!

Después de enmarcar a Francia y España “como las más viejas naciones de Europa” –mal que les pese a quienes negaron desde sus escaños el aplauso al presidente galo- afirmó de forma categórica “que desde hacía siglos nunca ambas naciones habían querido, ni podido, ni sabido darse la espalda”. Lo que no dijo, en aras de la cortesía, es que lo que siempre sí hicieron los franceses fue hacernos la puñeta: de frente o de espaldas; pues de las dos formas supieron hacerlo desde tiempo inmemorial.

Cuánta razón tiene el Sr. Bono en su discurso al afirmar que “ya no tenemos cuentas pendientes con Francia”. ¿Serviría de algo reclamar el gran saqueo del patrimonio español que hicieron los franceses a lo largo de nuestra piel de toro en la mal llamada Guerra de la Independencia? ¿Quizá por eso “los mirábamos con prevención”?

En su habitual línea de discurso cortés, privó la admiración por Francia, y especialmente “por el buen acogimiento de nuestros exiliados de 1939”, cuando es sabido que fueron recluidos en campos de concentración como apestados, tal y como iban cruzando la mole pirenaica camino a su libertad.

Cordillera ésta muchas veces citada en los discursos de ambos Presidentes y que aprovechó Don José para recordarnos los limites norteños de España, quizá por la ausencia en las actuales aulas de nuestro mundo escolar de las asignaturas de Geografía e Historia, cada vez más necesitadas.

Digno de mencionar la parte más cierta del discurso del Sr. Bono, la de su agradecimiento al Sr. Sarkozy por su decidida actitud contra el terrorismo etarra eliminando el que fuera “más firme santuario de la banda criminal” en los tiempos de Giscard d’Estaing y Francois Miterrand y que tanto fortaleciera a ETA.

Un discurso, el del Sr. Bono, medido, en el que no faltó el recuerdo a recientes enfrentamientos vecinales debidos a cuestiones de abastecimiento ya superadas y que esperamos lo sean para siempre.

Discurso el del Presidente del Congreso de carácter historiográfico, y por ello, de osado atrevimiento, máxime cuando la cortesía con el invitado es crucial y obligada.

Si en casos semejantes es mal consejo meterse en “libros de caballerías”, adoptar la actitud del pánfilo es menos aconsejable. Quizá influido Don José Bono por la ley de la Memoria Histórica, al recordarla tal y como mejor convenga, haya caído por ello en más de un desliz.

Tomada la palabra el Sr. Sarkozy cedida gentilmente por el Presidente del Congreso, procedió a ilustrarnos con una lección magistral de gobierno, propia de quien tiene en la cabeza un concepto claro de lo que es una nación, enseñanza a lo que no estamos acostumbrados los españoles en los últimos años. Lección escuchada al mismo tiempo por un Zapatero atónito y de ceño fruncido, de cuyo estudio debiera aprender.

Todo pues, sea por la cortesía, aunque en este caso lo cortés sí quitó lo valiente.

25 abril 2009

¡NO NOS MIENTAS, ZAPATERO!

No nos mientas Zapatero

No nos mientas Zapatero; pese a tu mala gestión en más de cinco años, fracaso tras fracaso y de escasos logros, no nos mientas más una vez hemos sabido de tu talante, del que por cierto ya ni mencionas ni blasonas.

Gracias a Internet podemos y debemos mandarte mensajes aunque la esperanza que los atiendas se difumina al igual que la posibilidad que tienes de controlar la red. Porque poner puertas al campo en este mundo virtual que inunda todo el planeta no es nada fácil y su logro un imposible; precisamente por su propia universalidad, que el disponer de la llave que lo haga posible no está en tus manos, tan lejos de tu alcance.

Es cierto que no es de recibo la gratuidad de las descargas y que está claro que el que algo quiere algo debe y tiene que pagarlo. Así pues, ahí están las grandes empresas, las multinacionales de la telecomunicación que cobran por prestar este servicio -y no poco a sus clientes- a las que bien pudieras pedirles el canon que pretendes y que de seguro te resultaría más fácil, al menos las que están en nuestro suelo hispano.

Pero no nos mientas Zapatero. Son muchos los que afirman que el nombramiento de Ángeles González-Sinde como Ministra de Cultura es para regular las descargas de internet y poner en marcha un canon que satisfaga los derechos de la propiedad intelectual de aquellos a quienes les pertenece, aunque, supongo tendrá también otras obligaciones al frente del mundo cultural de nuestra nación.

Ángeles González-Sinde, Directora de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y guionista habitual de cine: sin dudar de su capacidad de gestión, no creo que tal currículo vitae sea el imprescindible para la eficaz dirección de un Ministerio que entre otras funciones está la de otorgar subvenciones al mundo del cine.

Así que no nos mientas Zapatero, pues más parece ser sea el mejor regalo a quienes de forma manifiesta, pancarta en ristre, entre engañosos guiones, bambalinas y otras zarandajas, con la ceja en alto publicitan tu sillón mientras ahora están silenciosos superados ya los cuatro millones de parados, pero que volverán a las andadas días antes de las elecciones tal y como hacen siempre para meterse con el Partido Popular. Si a algunos se les regala supuestos trajes por una supuesta prevaricación que ni menciona ni detalla el propio juez, tú, Presidente de Gobierno, regalas un Ministerio a quienes de forma clara levantan la ceja haciéndote un guiño. ¿Por qué será? Decía la Bombi.

Y lo regalas precisamente a quienes desde su sectarismo acostumbrado no han sabido encajar la sutil crítica de Juan Marsé al cine español, el recién ganador del Premio Cervantes. Dueños absolutos de la libertad de expresión, no toleran ninguna crítica y actúan con el habitual estilo de la izquierda española ya tan conocido. Para sí quisiera la corriente que dirige, domina y amedranta en el mundo del cine español, la dignidad que atesora Juan Marsé, y por supuesto, su capacidad artística y limpia trayectoria política. Nada que ver con la del “famoso” cantautor él, Víctor Manuel, con su oda a Franco: la que fue todo un poema.

Sería bueno y muy higiénico además, dar a conocer y comparar después ante la opinión pública, entre el total anual de películas subvencionadas a través de la Academia, cuyo dato ignoramos, y el número de las que sí sabemos que se estrenan en las pantallas en el mismo periodo de tiempo y que no llega a la media docena; de ellas, las que permanecen en taquilla más de siete días apenas llegan a tres; y más parece que éstas sean muchas.

Y si el importe subvencionado es menor que la recaudación de todo el año, no parece que sea la Presidenta de la Academia la mejor gestora para dirigir nada más y nada menos que todo un Ministerio. Salvo que el regalo al mundo del cine, como premio a su encomienda, sea la auténtica razón de su nombramiento.

Así que no nos mientas Zapatero. Que para ese viaje no hacen falta tales alforjas.

17 abril 2009

ZAPATERO, SARKOZY Y EL MENSAJERO

De siempre, se ha puesto en duda por muchos medios de comunicación, menos los amarillos, no solo la capacidad intelectual de Rodríguez Zapatero, cuestión que supone la aceptación de un cierto nivel más o menos liviano, sino que también se ha tenido el recelo de que su nivel de inteligencia sea más bien bajo. Incluso desde dentro de su mismo partido, que haberlos “haylos”. Un claro matiz distingue ambas cuestiones, pues no es lo mismo valorar el nivel de su capacidad intelectual que poner en peso su inteligencia. Azaña fue un gran intelectual, pero nada inteligente.

Valoraciones no solo distintas, sino también distantes, como diría el desgraciadamente desaparecido Leopoldo Calvo Sotelo que con su halo de docta esfinge, rezumaba pura intelectualidad.

El caso es que por sus obras los conoceréis; fue Zapatero quien nombró con su propio dedo a los Solbes, Bermejo, la Maline, Bernat Soria, cuyas penosas actuaciones no sabemos bien si han sido motu proprio, o siguiendo las órdenes de quien ahora se cuestiona su alta, mediana o baja capacidad de discernimiento.

O aquel nefasto nombramiento de Pilar Narbona de quien se sirvió para frenar un Plan Hidrológico Nacional: el que tanto molestaba al “tripartit”, especialmente por su nombre. Y de quienes dependía Zapatero.

El que ahora el Presidente Sarkozy haya cuestionado o no, el nivel de inteligencia de Zapatero, por cierto, juicio desmentido y de forma inmediata, nos habla, sin embargo, de la existencia de un mensajero y nos confirma que en otras cercanías sí se ha planteado la cuestión, dudando de su tan necesaria valía. Al menos, la mínima para dirigir una nación, afán en el que tantas veces se ha quedado a medio camino en todos estos años de su (des)gobierno.

Pero es el tiempo, impecable e implacable, el que dicta su sentencia, pone las cosas en su justo sitio y da la razón a quien la tiene. Y si a aquellos foros de opinión, muy críticos con la actuación de quien más se dedicaba a tensionar la vida pública -junto a los mencionados lacayos- que a otra cosa, se les censuraba entonces, e incluso se les insultaba desde los medios al servicio del poder -mal que les pese a estos-, ahora habrá que convenir que aquellos, estaban en lo cierto.

Qué no es lo mismo marrar en Economía, en Justicia, en Fomento o en Sanidad que en otros Ministerios, también importantes, pero que siempre dependerán de aquellos.

Al menos ahora vemos a Don José Blanco abandonando a su Pepiño querido. Algo le habrá dicho su jefe en listo consejo. Pero ya se sabe, una cosa es ser inteligente y otra “listo”. De este último concepto, jamás tuve duda de Zapatero.

15 abril 2009

LA NIÑA DE LAS COLETAS

Ya me imagino a la niña de las coletas de la “alameditas de Serranos”, llegada a este mundo de las manos del escultor Esteve Edo, Medalla Nacional de Escultura 1968, quieta y callada.

Ya me la imagino en el jardín junto al rio a merced de un monstruito urbano que se acerca cuando la niña está sentada en una piedra y con un libro en sus manos. Observada la niña por el rufián, al verla con su vestido de bronce y cara angelical, su instinto animal se ha visto acelerado y la necesidad de ultrajarla se ha adueñado de su mente, accionado por el resorte de la bestia que lleva dentro, insaciable en su gesta.

¿Qué le habrá hecho la niña de coletas, tranquila y con un libro en las manos? ¿Se habrá dado cuenta acaso el monstruito de lo que sujetaban las manos de la niña de coletas? ¿Sabrá, acaso, lo que ello significa? ¿No será demasiado pedirle al nefando depredador de la noche?

Y de seguro que entre a su ademán zafio y cobarde de reptil baboso, un aberrante calidoscopio fluye por su mente, enfermo de lujuria contenida y se vuelca en su desenfreno sobre la inocente niña, allí quieta, frágil, pequeña, ante el palmeral de agua que la embellece leyendo en las páginas de un libro y ofreciéndose en singular ejemplo a quienes a ella se acercan.

Si el animal más salvaje destruye en su propio beneficio y por su afán de supervivencia, el que protegido por la noche ataca a una indefensa niña con coletas en su pequeño pedestal y deja en ella su firma de vándalo, no es más que la evidencia del animal salvaje orgulloso de la obra que en él se esconde, pero con el beneficio de su propia maldad.

Y el miserable deseo de que aparezca luego en la prensa el alcance de su proeza, más el disfrute de ver luego su hazaña en la foto impresa.

¿Reflejo de la sociedad en la que vivimos? ¡Qué triste es el aceptarlo!

12 abril 2009

PILAR


(A Alejandra Kurchan,
con mi gratitud)

Una fuerte tempestad de nieve paralizó la ciudad. Todos sus accesos quedaron cerrados al tráfico al igual que su aeropuerto internacional en el que se suspendieron todos los vuelos.

Yo iba a bordo de un avión cuyo destino a esa misma ciudad tuvieron que desviar, por lo que me vi una hora después en un pequeño aeropuerto de un lugar desconocido a la espera de noticias sobre qué iban a hacer con nosotros.

Pregunté dónde estábamos, por lo que supe que aquella era una base militar de escaso tráfico y poca guarnición, albergada en un pequeño poblado situado a escasos pasos del aeropuerto. Después de tomar un café de una máquina automática, salí con la intención de dar un paseo por aquellos alrededores, una vez advertido que durante las dos próximas horas no íbamos a tener información sobre nuestro destino.

Era un mediodía de chubascos, bajo un cielo cerrado del que se abrían pequeños claros que de repente se nublaban. Sobre el suelo mojado se habían ido formando charcos cubiertos de hojas caídas de un parque próximo al que me dirigí de inmediato. El día era algo frio y el parque, escaso de gente. Sólo unos pocos críos que, por sus pertrechos, salían de una escuela y que sin abandonar sus mochilas jugaban tras una pelota que igual iba de pie a pie, que de charco a charco.

Un ancho nogal cubría una banca de piedra en la que estaba sentada una mujer treintañera abrigada con una trenca y con un gorro hasta las orejas, del que caían sus lacios cabellos ribeteando los hombros. El cuello alzado de la prenda le daba cierto aspecto enigmático, al tiempo que de una caja de galletas, justo a su lado, las cogía una a una, lentamente, y se las llevaba a la boca mientras fijaba su mirada a una zona de columpios, aquella donde no había nadie.

Estaba a muy pocos pasos y me fijé en su semblante sin que se diera cuenta de mi presencia. Sus pensamientos debían estar lejanos, ceñidos a alguien cuyos motivos, de repente, yo deseaba descifrar. Lo que aumentó mi curiosidad hacía aquella mujer, que de no ser por el movimiento de su mano, más parecía una estatua sedente bajo la bóveda del nogal.

Fuera de los columpios, entre dos hileras de álamos, un niño jugaba con un avión del que tiraba con una larga cuerda, corriendo delante de él, como si quisiera elevar su vuelo al modo de una cometa. Me aproximé a él y traté de preguntarle, pero no me hizo caso. Y como huyendo, corrió tirando en su juego, alejándose del parque.

Fue cuando me crucé con un hombre mayor al que traté de darle conversación, ya sin importarme la situación en que me encontraba, salvo el deseo de saber de aquella estática joven. Aquella mujer… ¿qué era lo que dentro de ella se escondía?

Cercana al parque había una tienda en la que se expedían desde cazuelas de barro, legumbres a granel, aceite, aguardientes y un enjambre de cosas más pero ordenadamente dispuestas. Incluso ofrecía la ocasión de tomar un vaso de vino: el que compartí con el hombre mayor, quien trató de dar luz a mi pregunta:

-Es una pobre muchacha que se ha vuelto loca- me contestó mientras mordía un trozo de queso acompañando al vino peleón ofrecido gentilmente por el empleado de la tienda.

-¿Y la caja de galletas? ¿Tan golosa es esa mujer?, pues la veo insaciable sin darse tregua.

-Siempre que viene al parque, y lo hace todas las mañanas, trae su caja y no hace más que comerlas. Todos los días. Haga el tiempo que haga, incluso en los días de lluvia que aparece con un paraguas. Hasta en los días de frio invierno o los calurosos estivales: se sienta en su banca de siempre y empieza a comer galletas. Lleva así ya varios años y nadie del poblado se atreve a preguntarle por la razón de su hábito.

Aquella respuesta me dejó perplejo. Me parecía como algo estrambótico producto de una película que se estuviera rodando en el parque. Como una idea estrafalaria de un novel y circunspecto director de cine con afanes de obras enigmáticas: la de un cortometraje a cuyo final el espectador se plantea no haber entendido nada.

-¿Y ese niño que juega con un avión corriendo bajo los árboles? -volví a preguntarle a quién ya había pedido otro vaso de vino.

-Es su hijo. Pero no vive con ella. Tiene su custodia un matrimonio solitario que vive aquí cerca. Ella llega, se sienta en su banca, empieza a comer sus galletas, y al mediodía, cuando termina la escuela, acude el niño con su avión tirando de la cuerda, hasta que cansado, se marcha a la casa donde vive. Pero los días sin escuela, igualmente acude la madre con su caja de galletas.

Habían pasado ya las dos horas anunciadas y regresé al aeropuerto convencido de mi marcha, pero sorprendido por no haber llegado a averiguar el sentido de toda aquella historia descubierta casualmente, a cuya explicación me veía obligado a renunciar.

-“El aeropuerto de la Capital continúa cerrado y las carreteras están impracticables, por lo que no hay más remedio que esperar unas cuantas horas más hasta que estén limpias las pistas de aterrizaje. Creemos que no hará falta hacer noche en este Aeropuerto, así que les rogamos tengan paciencia y se hagan cargo de la situación. De inmediato vamos a servirles unos bocadillos. De cualquier novedad que se produzca tendrán cumplida información.”

Esta fue la nota escueta repetida por los altavoces de la sala de espera. Fui a la cafetería a saciar mi desgana, pues desde el café de la mañana mi estomago estaba vacío; no así mi cabeza, a la que acudieron los recuerdos del parque vividos unas horas antes.

Una vez aliviado mi apetito regresé al parque bajo un cielo que seguía plomizo. Un suave viento empujaba las hojas volando a un palmo del suelo, meciéndolas en su revoloteo, como si disfrutasen de un baile envolvente bajo la arboleda en aquella tarde fría y primaveral, semejante a las ideas que se agrupaban en mi mente, a las que no cesaba de darle vueltas impulsadas por mi curiosidad.

De forma refleja me dirigí al nogal que en esas horas, falto de sol y con el oscuro del atardecer, la banca de piedra daba cobijo a una pareja de amantes que apretujaban sus cuerpos uniendo sus bocas bajo la luz de una farola, que si restaba intimidad a sus deseos, daban sus reflejos dorados el aspecto de un salón del trono ensalzando el centro del parque. Al verme, me dirigieron una sonrisa que adiviné triste, mientras desviaban su atención hacia el aeropuerto al que escrutaban de forma intermitente, ora besándose, ora mirando en lontananza el perfil de sus grises colinas.

-¿También están a la espera de noticias? –les pregunté ensimismado por la sorpresa y creyendo que eran viajeros de mi mismo vuelo y de paso, correspondiendo a su saludo.

-No, no señor. Vivimos en este poblado del qué queremos irnos nada más podamos- me contestaron escuetos y sin ganas de mayor conversación.

Los dejé en sus amoríos sorprendido por la respuesta, y me fui nuevamente a la tienda sin estar decidido a cruzar su umbral o continuar mi paseo. La luz mortecina de la tarde agotaba sus últimos destellos, y en las casas junto al parque, las luces, a través de sus ventanales, daban fe de vida al poblado. Justo, antes de llegar a la puerta, un hombre salió a mi paso y destocando e inclinando levemente su cabeza me lanzó un saludo. Aunque de porte muy serio, acercó su mano a la mía, a lo que correspondí con una sonrisa e invitándome de seguido a un paseo juntos.

-¡Sé de su problema, amigo! Igual con un poco de suerte pueden reanudar el vuelo dentro de unas horas, pues las últimas noticias hablan de que el aeropuerto de la capital estará listo para recibir aviones antes de la medianoche.

Cubría su cabeza con un sombrero de fieltro verde oscuro y un gabán del mismo tono hasta los pies que le daba un aspecto distinguido y señorial. De camino hacía su casa, me ofreció compartir juntos una taza de café. Su única intención era hacerme grata la espera, por lo que me mostré agradecido aceptando su cordial invitación.

-Es lógico que el aeropuerto de la capital no esté preparado para tempestades de nieve como la de este día –me dijo tratando de justificar su cierre- pero por su conexión internacional y sus muchos vuelos diarios, debiera estar preparado para estas circunstancias. Pero bueno, dejemos esto, al menos ha servido para que Vd. conozca este lugar, que pese a su insignificancia, en otros años fue una Base Militar muy importante. ¡Y de habernos conocido! Al menos, tengo con quien conversar un rato. Espero que no tome a mal esta pequeña broma. Seguro que esta espera le ha causado un gran trastorno. ¿Le apetece un coñac?

Agradecí todas sus atenciones, pero no pude evitar preguntarle de inmediato acerca del impacto recibido al ver una mujer en la banca del parque ingiriendo galletas sin cesar un instante; y de su condición de mujer enferma, según alguien del poblado me había informado.

-Ah, amigo- exclamó de inmediato- una base militar es un mundo aparte y produce circunstancias extrañas que la mente humana no alcanza a comprender. Esa mujer se llama Pilar y vive sola. El cuerpo de su esposo desapareció en el mar cuando pilotaba un Mirage alcanzado por un misil enemigo. Fue imposible dar con él, con su cuerpo, y el impacto que recibió al saber la noticia le ha dejado en esa circunstancia que nadie alcanza a comprender. Unos dicen que se ha vuelto loca, otros que ella está bajo los efectos del shock. Lo cierto, es que cuando se enteró de la noticia, estaba sentada en el parque viendo el contenido de un paquete recién llegado de su esposo. Fue lo último que supo de él. Con la terrible noticia perdió el conocimiento y estuvo ingresada durante veinte días. Dada de alta, empezó a acudir al parque con su caja de galletas. Y allí sigue, todas las mañanas del año: llueva, haga viento, queme el sol, o nieve… aunque por aquí, esto de nevar, ocurre raras veces.

No quise mostrarle mi extrañeza, ni profundizar más en la causa efecto de aquel trance. Deseaba saber otros aspectos: como el de la pareja que por la tarde ocupaba el mismo sitio en el parque, así como también averiguar la coincidencia del niño con su avión, sin que hubiera un trato directo con su madre.

-Son Germán y Laura. Laura es mi asistenta, enamorada de él. Germán cuida de su padre enfermo de Alzheimer. Desean coger un avión e irse a unir sus vidas en otra parte. Pero tienen que esperar… Dios sabe cuánto tiempo. Por eso, todas las tardes, acuden al parque a presenciar la salida de algún vuelo. Cuando esto sucede, fijan su mirada en el despegue y lo persiguen con sus ojos hasta que desaparece en el cielo. Amigo mío, tiene Vd. que comprender que la vida de un aeropuerto, pese a su mínima actividad, también tiene sus secuelas, algunas entrañables, otras dolorosas, alguna… impenetrable.

-¿Y el niño con su cometa? Ese avión del que tira tratando de elevarlo.

-¡No le dé vueltas, amigo! ¿Ha visto Vd. alguna vez un parque donde no juegue un niño?

08 abril 2009

CRISIS MINISTERIAL


Se veían venir los cambios en el equipo ministerial de nuestro ínclito Jefe de Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero dados a conocer a la opinión pública a través de la prensa, gracias a las filtraciones tan habituales de estos últimos meses. Precisamente en el momento de su periplo internacional en cuyo viaje ha gozado del éxtasis emocional escuchando la palabra “amigo”, nacida de los labios de un enérgico Obama, a quien la amarilla propaganda trata de equipar a Zapatero sin tener el menor dato que verifique tal identidad, al igual que lo pareciera un falso cuadro daliniano puesto en el mercado de cuya abundancia todos sabemos.

Nada menos que seis cambios en los que el fiel ministerial no se tambalea, y hace que se mantenga la Ley de Igualdad para que la equidad de Zapatero permanezca y nadie dude de sus intenciones.

Sólo dos de ellos tienen especial relevancia desde la perspectiva de las próximas rentas electorales, dada la rémora que sufría el Presidente manteniendo sus gestores cercanos al poder, personificados uno en las cuestiones económicas y otro en las de fomento.

Confieso sinceramente que el cambio de cartera más deseado y en cuyo buen fruto todos confiamos es en el relevo de Pedro Solbes. La penosa actuación del ministro cesante, vanagloriada por Zapatero desde su atril de la Moncloa con la misma intensidad que ha sido criticada por la opinión pública, no viene dada por su cualificada actitud que la creo contrastada, sino más bien por su escasa aptitud profesional. Y no quiero pensar sea producto de atender a su cometido con un solo ojo, a medio gas. Aptitud, por cierto, muy bien vista por el propio Zapatero como anunció un día sonriente ante las cámaras de televisión tras un debate televisivo y que ahora le ha llevado al suspenso.
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A Solbes, le sustituye Elena Salgado que abandona Sanidad con muy buen semblante en su rostro. Lo que resulta esperanzador. Convencida vegetariana, esperamos ponga sobre la mesa recetas sanas y austeras: parrillada de verduras al mediodía y hervido valenciano unas horas antes de dormir, las que sin duda nos ayudarán a salir ágiles de la crisis.

Otro cambio necesario y cuya actuación caía como una losa sobre las espaldas del Presidente español, era el de Magdalena Álvarez, la Ministra de Fomento, mujer que cual erizo punzante y mosca cojonera trató de enturbiar allá por donde dejaba huella, provocando al personal, henchida de orgullo y llena de gozo. Llega al curro José Blanco, el anterior Pepiño, siempre procaz, pero tan callado en los últimos meses, sabedor de que su oportunidad la tenía próxima.

Quien estará contento es Manuel Chaves por su nuevo trabajo, así como por la cercanía de su ahijada del alma Bibiana cuya tutela aceptó un día. En su nuevo cometido tendrá que sumar esfuerzos en beneficio de una España en la que algunos no creen, pero que por lo visto en los últimos resultados electorales, el furor nacionalista decrece y a algunos ya, ni se les oye, inmersos en un problema cultural que no saben cómo resolver.

La guapa de Trinidad Jiménez, Ministra de Sanidad; Ángeles González-Sinde, Ministra de Cultura, regalo agradecido al mundo del cine, más Gabilondo, el rector universitario, no el de la tensión, completan un nuevo gabinete de altos vuelos y ojalá también de nuevos rumbos.

Era pues una crisis ministerial anunciada desde hace tiempo a la que se ha visto obligado José Luis Rodríguez Zapatero, nuestro Presidente, cuyo mayor problema no es el de su actitud, que para eso están sus sonrisas, sino el su aptitud, hasta nuestros días nunca demostrada.

04 abril 2009

POLVILLO DORADO

Con los pocos ahorros tras sus diez años de trabajo como jornalero del puerto, ni siquiera tenía lo suficiente para comprar un billete que le llevara a Paris, la ciudad con la torre más alta del mundo y desde la que anhelaba ver todo el Atlántico hasta alcanzar un punto lejano donde escrutar con sus propios ojos la estatua de la Libertad.

“El mundo en sus manos” de Gregory Peck se resistía y Julio Verne desaparecía de su mente por miedo al reto de un fuego avivado en el interior de sus añoranzas, lleno de brasas vacilantes que frenaban su acercamiento.

Bajó a la tienda de Juana, su amiga de muchos años, dueña de un pequeño mercadillo con la que compartía veladas, donde gastó sus pocos ahorros en rollos de papel engomado: el único remedio para su propósito ya en su mente desde hacía unos días.

-Igual me embarco y cuando subas a mi casa ya no me encuentras - Le dijo abandonando la tienda no sin antes darle un beso.

Entró en su cuarto iluminado en ese momento a través de una amplia puerta comunicada a un ancho balcón desde el que se vislumbraba la dársena del puerto, punto de llegada desde cualquier lugar del mundo como tantas veces vieran sus ojos, abiertos de ensueños, y por el que quiso escapar sin atreverse nunca a ello.

Encendió un pequeño aplique sobre la pared, bajó la persiana y cerró el ventanal para que no entrara ni un rayo de luz en cuyas grupas disfrutaba al contemplar el polvillo amarillento navegando ante sus ojos llegado de los lugares más remotos como en muchas ocasiones hiciera.

Ni una sola rendija de aquel su refugio quedó sin sellar al exterior, al igual que la puerta de entrada. Y hasta agotar todos los rollos, una tira sobre otra, continuó aislándose del mundo ignorando su presencia. Ya nada quería de él. Una pequeña trampilla cercana al techo, comunicada a la cocina, era su único resquicio.

Se tumbó en la cama no sin antes acercar a su pie al destartalado espejo que tenía colgado en la pared y tras fijarlo adecuadamente, su cara de gallina apareció sobre la superficie de un cristal casi opaco que trataba de ignorarle.

Y frente a él se encontró con cierta dificultad pero con mucho enojo. Tenía ganas de verle cara a cara y decirle muchas cosas. Fue aquella la ocasión que esperaba. Con seguridad no tendría otra.

-Dime cobarde, qué de aquello que tantas veces te juraste, qué de tus caminos de estrellas, qué de tus embriagadoras promesas, qué de tus lugares mágicos, qué de aquel pódium de gloria, qué de tantas cosas sin que ni una de ellas haya logrado siquiera haberlas acariciado por un leve instante con las yemas de estos dedos unidos a mis deseos. Dónde, dónde están todos tus sueños prometidos y qué de la promesa que un día emprenderíamos camino hacia lo desconocido desde el mar que nos vio nacer y del que ahora nos separamos para siempre. Tú, tú con tus vanas palabras dejándome en mis desengaños, qué de... qué de… aquello… qué…

Y un dulce siseo penetró desde la cocina llevándole a un letal sueño rumbo al Dorado que anhelaba conocer.

(“Polvillo dorado” es un relato que ha participado en el 44º Proyecto Anthology. Tema: HABITACIÓN PARA DOS)




02 abril 2009

NUESTRAS RAICES

Es curioso, cuando resulta que desde la transición democrática el hallazgo de nuestras raíces se convirtiera en un deporte nacional de sano y noble ejercicio, cuyo orgullo caló de lleno en todas las regiones de España, su empeño, se desvanece ahora y el abono fértil desaparece en sus cuidados.

Puesto en marcha el Estado de las Autonomías, florecieron como setas magníficos Museos a lo largo de toda nuestra piel de toro, sin escatimarse las partidas económicas necesarias para su logro. Dar con nuestras raíces fue como una enriquecedora obsesión, dedicados desde entonces al hallazgo de las más antiguas costumbres.

La Etnología empezó a tirar con fuerza de sus raíces carnosas y de rica savia, largas y jugosas, que infiltradas en la tierra y extirpándolas con mimo, íbamos a gozar de ellas para saber lo que fuimos y por ello lo que somos.

La raíz, en su constante deambular por ocultos estratos, a pesar de la dificultad ante la piedra tosca que impide el paso, gracias a la fuerza de su cofia, salva sus escollos y da con la tierra fértil dónde alimentarse.

Así funcionan las raíces, desde el primer soplo de vida que hubo en la tierra, divino o espontáneo, que no viene al caso.

Ya fueron los humanistas Erasmo y Moro junto a nuestro paisano Luis Vives, quienes sabían de nuestro origen. Así como el legado de nuestras más profundas raíces. Fueron ellos quienes se dedicaron al noble empeño de la construcción de Europa. Continente entonces lleno de luchas encarnizadas que lo asolaban, enfrentadas las distintas corrientes existentes, ninguna de ellas renegaba de su cristiandad. Fue el valenciano Vives, español y europeo como él mismo se definía, el mejor abanderado y el que más se dedicara a su fortaleza, asesorando a Reyes y a Príncipes, al igual que al Emperador y al papado de Roma.

¿Cuánta falta nos hacen en estos momentos cruciales hombres de la talla de aquellos mediadores humanistas del quinientos, conocedores de nuestras más auténticas raíces, de rica y buena savia, ante la necesaria unión de Europa?

Es curioso, decía, porque cuando más empeñados estamos en la tarea de dar con ellas y que tan a ras del suelo florecen en cualquier rincón de España en sus días de fiestas, hay quienes las reniegan, fomentan su ocultación, embutiéndolas bajo la tierra y desviándolas de su camino. Incluso para que fenezcan llegan a la simple extirpación de su cofia, como si ello fuera posible.

En su constante frustración dan un giro a nuestras raíces, esas que dicen que hay que buscar, pero que las adulteran a merced del pánfilo e ignorante de nuestra Historia, tantas veces falseada.

En su última ocurrencia, la alcaldía de Aldaya va a posibilitar el recurso a la suplantación del bautizo, sacramento cristiano de libre decisión, en un ceremonial extraño cual nuevo rito pagano, como antes lo hicieran en Igualada, en Vaciamadrid, en La Bañeza y en El Borge,

Si de lo que se trata es ignorar nuestras raíces, ¡qué lo digan!

Pero al menos que no las retuerzan: eso queda para los bonsáis.

23 marzo 2009

LA LEY DEL ABORTO


Entre quienes opinan que la actual crisis económica tiene el mismo alcance de la que asoló los cimientos de Wall Stret en 1929 y los que aseguran que ambas situaciones no tienen nada en común, debe haber un punto medio. Estos últimos mantienen que las circunstancias actuales que la han hecho aflorar en nada se parecen a la del derrumbe neoyorquino; la actual situación y sus diferencias sociales, en nada se asemejan con las de hace exactamente ochenta años.

Ante esta situación, el español de a pie que escucha ambas aseveraciones, pone sus pies en el suelo y hace lo que puede para acoplarse a los tiempos que corren, con el único consuelo que alguien sepa girar pronto su rumbo y la cuesta arriba por la que se desplaza, se convierta en un sendero llano, tranquilo, apacible y de dulce caminar lo más pronto posible. Y en esa esperanza vivimos todos.

Sin embargo, para hacer más llevadera la cuesta arriba, la conveniencia de enfrascarnos en otras disquisiciones está servida, y Zapatero, como siempre, marca su ruta ajena a la situación de cada momento y le indica a su Bibiana querida que anime al cotarro entreteniendo al personal.

Tensión, tensión, fue lo que le pidió en su día a su lacayo Gabilondo en crucial momento. ¡Sastres, invéntate sastres! Le ha dicho recientemente Zapatero a Baltasar –también atento a los momentos clave- cuya orden ha cumplido a la perfección, aún no escarmentado de una cacería en la que el cazador fue el cazado.

Comenzada la temporada taurina, ahora tenemos en cartel los preparativos para la lidia de una nueva Ley del Aborto que dividirá a la opinión pública entre “manoletes” y ”arruzas”, “litris” y “aparicios”, “ponces” y “tomases”. El caso es tenernos distraídos -lo que en el fondo se agradece- en un manido juego de a dos, en el que se enfrentan los conservadores (defensores de sus prebendas: de eso se les acusa) y los progresistas (generosos en el desprendimiento: de ello presumen), maniqueísmo tan manido como falso, porque nunca supe, ni nadie conoce, de un progresista que renunciara a conservar su mejor peculio.

Y en su faena habitual de a manoletinas y de a pecho, su mejor suerte es la del engaño, presentando la práctica del aborto como uno ley progresista, cuya proclama es un desprecio al ser humano del que tan vilmente se sirven.

¿Cuándo una solución violenta bañada con la sangre de un inocente tiene el sello del progreso? Muerto el perro o el lince, se acabó la rabia. ¿Es esto progreso?

El aborto es una solución violenta ante una situación que no se quiere afrontar por quien la practica, a la que se recurre según la conciencia individual de cada persona; allá cada cual con la suya. Pero tal decisión supone la prohibición a la vida de un ser humano y sólo el negarlo degrada a quien lo sostenga. Sea desde una observancia atea, sea la de un falso creyente, sea comulgando con la Iglesia, o sea con las ruedas de molino de un laicista credo.

Está claro que la aplicación de la Ley del Aborto corresponde a los que legislan y según mejor les convenga, porque así es como funcionan estas cosas en nuestra sociedad, mal que nos pese. Una nueva Ley, no obstante, que sólo servirá para despenalizar a quienes la anterior infringían, y a los que Baltasar no les ha dedicado ni un segundo de su tiempo, más atento a otros fines muy lucrativos, pero sin olvidar su afición: la de afinar la puntería aunque sea a blancos imaginarios, pero eso sí, de muy buen provecho.

Por ello, sostener que el aborto sea una medida progresista, es más bien un insulto a la inteligencia humana a la que tratan de engañar como auténticos profesionales que son de “su verdad” macerada desde la mentira mil veces repetida: siniestra destreza en la que son maestros.

Más parece, sea todo ello consecuencia de un fervor anticlerical al que la izquierda no renuncia. Sus razones son fruto de una oclusión neuronal, producto de un problema cultural que les atenaza de antiguo, a cuya credencial no renuncian.

Lo que les convierte en esclavos de su ignorancia, y que a falta de argumentos sólidos incitan y utilizan a sus bases a su oposición a la Iglesia, como único salvoconducto de un falso progresismo cual pose rancia y de cutre antigualla, como siempre a espaldas del pueblo.

21 marzo 2009

BLANCA

Lucio tenía el teléfono de un viejo amigo, el del bohemio y trotamundos Celes, en quien, con toda seguridad, encontraría la ayuda que necesitaba cuando ya cumplidos los cincuenta años había roto con su mujer. Un portazo a su vida.

Efectivamente, así ocurrió, Celes, su Celestino amigo, le brindó toda su hospitalidad y puesto al día de lo ocurrido, supo encontrar de inmediato el consuelo que Lucio necesitaba.

¡Una tacha se quita con otra tacha!, -le dijo un Celes convencido y rotundo- Hoy nos vamos a comer juntos y te presentaré a Blanca, ¡es lo que necesitas en estos momentos, ya lo verás!

Así fue como Lucio conoció a Blanca, una bella mujer portadora de una dulzura tal, que era capaz de enloquecer a un hombre nada más mirarla a los ojos, si es que los de ella se detenían en los suyos. Así son las cosas que el destino hace a su capricho. Blanca acababa de ser abandonada por su marido. Se refugió en la amistad de Celes, a quien al mismo tiempo acudía Lucio buscando su apoyo. Para el errante amigo todo aquello le resultó muy fácil; les cartas le habían llegado de tal forma que ponerlas en juego sólo era cuestión de iniciarlo; no tuvo pues que recurrir al ingenio.

En pocos días ambos amantes pasaban su repentina “luna de miel” en una playa de Lanzarote. La habitación del hotel fue un nido de amor, más aún de deseo, más aún de sexo ardiente calmado por los alisios que mecían las cortinas a ras del jardín, cual alfombra de un peñasco: un totum revolutum de sábanas revueltas de las que salían fuego, a veces sofocado pero siempre avivado por el sudor de sus cuerpos insaciables. Aquella pasión convirtió a Lucio en un hombre obsesionado por Blanca.

Tenía razón su amigo Celes con aquello de la tacha.

A sus cuarenta y dos años, Blanca era una mujer de una belleza absorbente y juntos iniciaron su vida en un ático con vistas a la Casa de Campo madrileña. Aquello que para algunos podía ser un “picadero” feliz, para ellos significó un cielo en truenos: un cielo rojizo, lleno de rescoldos, en los que ambos se abrasaban entre retozos en sus horas de fuego.

Una tarde Blanca se ausentó, y no regresó hasta pasados dos días, contándole que su marido le había pedido que volviera con él. Y que debía pensarlo, y que le esperase por un tiempo, no más de una semana; y se lo dijo después de darle un beso con el sabor del veneno: el fluido dulce habitual en sus labios.

Aquellos días fueron eternos para Lucio. Se refugió en su alcoba, pero sólo consiguió perderse más en sí mismo. Aquel lecho de lujuria le había convertido en un esclavo de Blanca, en un muñeco de Blanca, en un juguete en manos de Blanca.

Soñoliento, una noche apareció ella. Y Lucio, furioso y celoso y lleno de pasión, la tomó en sus brazos. Y como el aliviadero abierto que rompe en la presa, se volcó e inundó el cuerpo de aquella turbadora mujer. Sus ojos salieron en su dirección estallando como espumarajos al viento cubriéndola toda; y sus manos buscaron sus manos y sus cuerpos temblorosos se fundieron en el crisol de la sangre enrojeciendo el color de sus carnes, carnes revueltas en el humedal de la lascivia.

-¡Blanca eres mi sueño, mi locura!-pudo decirle con un gran esfuerzo y débil voz, pero no por ello rendido.

Unos labios fueron a otros labios. Que pétalo sobre pétalo en principio, después fuego sobre fuego. Convulsión. Aquellas manos arañaban sus cuerpos, y de sus bocas rugía el eco de la agitación, que a su descanso, los labios ansiosos de Lucio flotaban sobre bellas cordilleras, sobre temblorosa pendiente, sobre mágico bosque, rumbo al templo del amor: fortaleza sobre bellas columnas que allí se le mostraban al rito sagrado de turbadores inciensos y en cuyo umbral abierto, ella ansiaba recibirlo.

Cuerpo sobre cuerpo. Manos que se encuentran. Boca sobre boca. Boca sobre cuerpo. Y rítmicos e impetuosos torrentes de placer, como sucesivos aluviones de goce eterno. Cordilleras, pendiente y bosque. Ambos gozaron o sufrieron en aquella larga noche como jamás habían imaginado. Lució, extenuado por el placer, sucumbía ante Blanca que siendo suya él sabía que pertenecía a otro.

Anochecía, y la Casa de Campo se cubría de cálido manto ocultándose a los ojos de Lucio asomado al ático, allí soñoliento. Allá abajo, en el paseo de Rosales, junto al Templo de Debod dedicado a Amón y a Isis, los dioses que tantas veces han presenciado el mismo oscurecer. Y cercano, un banco vacío al que Lucio miraba todos los días desde las horas del atardecer, pero sin saber hasta cuándo.

(“Blanca” es un relato que ha participado en el 43º Proyecto Anthology. Tema: LUJURIA)

18 marzo 2009

VALENCIA Y SUS DIAS DE FALLAS

Las fiestas de las Fallas son fruto de la fantasía y del fuego en torno al arte. Las Fallas son fuego. Fundamentalmente fuego. Fuego que alumbra el ingenio y sirve al mismo tiempo para expulsar en pavesas todo lo que estorba en nuestras mochilas.

¡Qué menos que un día al año sirva en purificar nuestras vidas al tiempo que aparece joven la primavera, cuando servicial como siempre se ofrece generosa.

En las Fallas hay bullicio, pero adornado con la música de las bandas valencianas que discurren por las calles entre trajes de falleras que las inundan de color. Allí se mezclan con el aroma de la pólvora sahumando la ciudad entre nubes de estruendos y ríos de gentes que navegan por sus calles al encuentro de un remanso donde surge el “ninot” lleno de ingenio y gracia.

Las Fallas son un popurrí popular en el que el arte se pone al servicio de la crítica urbana y se repite año tras año. Desde la sátira punzante, al esplendor del monumento exultante de barrocos retazos.

Las Fallas convierten a Valencia por unos días en una ciudad peatonal, ciudad en la que la noche y el día se funden entre la “mascletá” que sacude nuestros cuerpos al mediodía y los castillos que los relajan cuando las palmeras de luz y de colores se pierden en el cielo de la noche.

Las Fallas son traca y melodía, blusón y puro, chocolate entre buñuelos, cansancio y resuello, peineta y ramo, “ninot” y denuncia, petardo y “despertá”, “truc” y porfía, premios y lloros, arte e ingenio, realidad y sueños, “cremá” y “ninot indultat” que se libra del fuego. Son un derroche de pólvora, de arte, de gracia, de ingenio y de gentes que disfrutan agotándose por las calles. De fiesta de calle que fue, a fiesta de Ciudad a la que se conduce, rivalizando, no obstante y pese a ello, en unas comisiones enfrentadas tras el mejor de los premios.

Gentes que acuden y gentes que huyen alejándose de la fiestas porque así son siempre: los que las idolatran y quienes de ellas reniegan.

Pero la mujer valenciana se engalana y deja unas lágrimas ante su Virgen Patrona, que, desnuda, la visten de flores en el centro de su Plaza con los miles de ramos que la cubren de fervor al son de la música y con el desfile del mundo fallero, artífice de la fiesta, que pasa ante sus pies.

Trabajo de todo un año que desaparece en pocos minutos, pero que surge en la mente del artista fallero al mismo tiempo que arde la falla: cuando sus pavesas vuelan al cielo perdiéndose en la noche.

Muerte que no fenece renaciendo generación tras generación. La falla infantil de hoy, será la falla grande del mañana, en la que el espíritu fallero agotado por estos días de fiesta, resurgirá vibrante tan pronto el fuego pierda su última llama.

13 marzo 2009

ÁNGEL LUNA Y SUS VÓMITOS CRÓNICOS



Es de figura patética, sólo superada por su oratoria infame a cuyo ejercicio se dedica sin pelos en la lengua, dedicada ésta al aliviadero por el que verter el limo de su interior. Sobre la tarima de Les Corts asoma su cabeza y fija su presencia con sus brazos extendidos sobre el atril, dispuesto al inicio de sus habituales tufos que le salen de dentro: allí donde se mezcla la acidez de sus jugos con la podredumbre que le atenaza.

¿Dónde está el escabel?, me pregunto, en el que pudiera alzar, si la tuviera, su gallarda figura cuya falta tanto le acompleja. Me asalta pues la duda y me pregunto el por qué de su ausencia: la del escabel, me digo.

La respuesta me viene dada cuando le escucho, de la necesidad ineludible en Ángel Luna de estar más próximo del cuenco donde vomitar su pestilencia, la que al nacer de sus propias entrañas necesita de un lugar cercano donde volcar la acidez con el pus de una herida no curada, producto de su deambular eterno por los caminos de la oposición, cuyo zumo hediondo necesita derramar sobre el atril en el que se sustenta.

¿Qué mejor entonces que tener próximo a su boca el pozal de sus vomiteras renunciando al escabel desde el que mostrar su figura?

Diputado autonómico, acusador profesional, juez sin toga, verdugo frustrado y comisario político deseoso del parte de muerte: política por supuesto. Él acusa, él juzga y él sentencia, todo a una como Fuenteovejuna, en una práctica tantas veces utilizada y que en su aprendizaje ha logrado la mejor nota.

¿Para qué pues el escabel? ¡Mejor el atril en el que esconderse!


08 marzo 2009

PEÑISCOLA EN EL RECUERDO

Día 7
Era el día que nos tocaba abandonar el Parador de Aiguablava ya de regreso a casa, lugar de deliciosa estancia enclavado en lo alto de un acantilado en el que pasamos unos días de grato recuerdo.

Teníamos previsto hacer parada en Peñicosla donde comer presenciando su playa de tan grata nostalgia para nosotros. Día de sol y no muy fuerte viento, en el que paseamos por “la porteta” (desafortunadamente restaurada) y el Puerto añorando los muchos años de estancias estivales en la entrada al casco viejo de la Ciudad que permanece intacta. No así otras zonas, con un crecimiento imparable, como la zona del estanque, moderna, con un Palacio de Congresos y lujoso hotel al lado.

A la vuelta a casa, después de unos días tranquilos recuperadores de fuerzas, nos encontramos con el bullicio y las Fallas ya por las calles preparadas para su “plantá”. Nada que ver el ruido de los petardos y el olor a pólvora con los graznidos de las gaviotas y el salobre del mar, mezcla tan apetecible como relajante, a cuyo regreso vale la pena.

EL VIENTO Y PALAU-SATOR

Día 6
Todo hacía presagiar para el día siguiente la presencia de un fuerte viento, prescripción que se cumplió e hizo que apareciera sobre las tranquilas aguas del Mediterráneo la lucha de sus corrientes: un campo de batalla de denso oleaje, aplanchado, enfrentándose entre sí en remolinos batientes en el que el viento iza cortinas de agua levantando el vuelo, mientras se desplazan frágiles sobre la superficie barnizada de plomo. Desde el Parador de Aiguablava, el mar embravecido dibujaba surcos enloquecidos, mientras los bufidos del viento ahogaban los graznidos de las gaviotas, que quizá temerosas de su presencia renunciaban a su permanente vuelo refugiándose en las rocas.

Visitamos la Playa de Pals atravesando un bosque de pinos, lugar y refugio de un famoso campo de golf, pero que al llegar a la arena frente a las Islas Medas, el fuerte viento sólo nos dio la opción de unas pocas fotos, abandonando rápido la costa camino a los alrededores de Pals, donde nos habían recomendado un restaurante de “cuina casolana” en el pequeño poblado de Palau-Sator.

Disfrutamos de la carne a la brasa, aceptando la sugerencia como entrante de unas “habas y guisantes ahogados” de delicioso paladar en el Mas Pou: una casa restaurada con mucho gusto compuesta de varias salas unidas vestidas con muebles viejos, los propios de sus antiguos moradores, lo que hizo la comida aún más grata en tan confortable estancia rural.

Por la tarde, nos refugiamos del viento en el Parador, donde terminamos el día gozando de su tranquilidad y de la vista desde el balcón atento a un mar revuelto, donde las corrientes furiosas combatían tratando de imponerse unas a otras. Un revoltijo de círculos que se estiraban, volvían a unirse envolviéndose unos a otros y abriendo gajos de agua al viento por un soplido implacable caído del cielo que la partía en dos. Los graznidos de las gaviotas, ausentes, eran sustituidos por los de los buitres que acosaban a la Catedral de Estrasburgo, cuando tumbado en la cama, me sumergía en lecturas de intrigas.

BEGUR Y CALELLA


Día 5
No esperábamos para la jornada siguiente disfrutar de un día de sol, pero las prescripciones meteorológicas también se equivocan, lo que nos permitió volver al centro urbano de Begur y tras coger las fuerzas necesarias, emprender el ascenso al mirador del antiguo castillo medieval.

En solitario ascenso (mi esposa decidió abandonarme) emprendí la ruta dejando en el camino una de sus muchas torres de defensa gratamente restaurada. Unos pasos después, la ermita de San Ramón, enclavada en un mirador desde el que ya se anuncia la hermosa vista a gozar en lo alto de la colina. Destruido finalmente el Castillo en la guerra napoleónica, de él no queda nada, y un cerco de protección, almenado, configura el mejor lugar para observar gran parte de la Costa Brava en los días claros. Se alcanza con la mirada desde el Cabo de Creus hasta las montañas del interior, en las que destaca lejano el Montseny y su parque natural. Más al norte las cumbres nevadas de la cordillera pirenaica con la cima de Canigó que inspirara a Jacinto Verdaguer; así como la costa bajo un cielo entre sutiles algodones que estirándose se funden con el mar. Muy cercanas, las Islas Medas; las playas de Rosas arriba y su abrupta costa en la que se adivinan sus pequeñas calas pinceladas de agua azul, escondidas en los entrantes de sus acantilados. Un círculo cóncavo, informativo cardinal, indica al cansado caminante los lugares en lontananza abiertos gracias al día de límpido cielo. La bajada, relajante y tonificadora, hace olvidar el penoso ascenso, así como refuerza la recompensa de haber gozado de tan hermosa vista el grato encuentro de un lugareño en su cotidiano recorrido acompañado de su perro. Agradable y coloquial, me habló de cuando los corsarios utilizaban el castillo como lugar de refugio de sus presas, explayándose en el anecdotario medieval del derecho de pernada de los señores feudales, a los que sus súbditos tenían la obligación de darles agua de beber cuando pasaban por sus calles de subida al Castillo.

A la salida de Begur, visitamos la cala de Sa Tuna, solitaria y de limpias aguas, en cuya superficie se reflejaban sus casas pequeñas junto a las rocas, observada por las constantes gaviotas cortando el paisaje sobre los alegres espumarajos levantados por el choque del agua en las rocas junto a la playa.

Calella de Palafrugell, es otro de los lugares emblemáticos de este trozo de la Costa Brava, uno de los lugares residenciales de la burguesía catalana con sus playas de gruesa arena y su paso bajo las arcadas de las casa blancas frente al mar. Punto de encuentro con el buen pescado donde cumplir con el rito diario de la buena mesa, cubierta por una abundante y sabrosa parrillada y amenizada por la grata conversación con un lugareño elogioso de su tierra.

Y como las tardes están para descansar, nos refugiamos en el Parador, donde contemplando el paisaje entre lecturas, completamos una jornada más en el entorno de Aiguablava con sus limpias aguas.

GERONA Y SU BARRIO JUDIO

Día 4
En nuestro cuarto día por el Bajo Ampurdán, optamos por conocer Gerona. Con esa idea aceptamos el sabio consejo de que lo hiciéramos de forma cómoda utilizando el servicio de autobuses que nos dejaría próximos al centro histórico, incrustado en su barrio judío que bien valía la pena visitar. Así pues, nos decidimos por el consejo renunciando al coche, y terminada la jornada dimos las gracias en la recepción del Parador por tan conveniente recomendación.

Una vez en la capital y bien orientados, emprendimos la ruta a la Catedral desde la rambla, no sin antes hacer unas fotos desde el Puente de Piedra , que al observar sus casas junto al rio nos vino el recuerdo de Venecia, pero sin góndolas. Puente de Piedra construido en tiempos de Isabel II, según reza en su arco central, con su columna jónica sobre el pretil cercano. Los alrededores de la Plaza de Cataluña, próxima al puente, tienen el encanto de las vistas más emblemáticas de la ciudad, con la Catedral al fondo y la Torre de Sant Feliu.

Nos adentramos en el barrio judío a través de la “calle de la fuerza”, ligeramente empinada y de casas nobles, hoy utilizadas con fines culturales y comerciales, con un recorrido en el que nacen de ella calles estrechas y escalonadas, que como afluentes, bajan de la zona alta de la muralla que circunda la parte vieja de la ciudad.

Si la “calle de la fuerza” recibe su popular nombre por la ascensión a la Plaza de la Catedral, los noventa escalones ante la majestuosidad del templo, es un reto a las piernas ya algo cansadas desde el inicio de su andadura en las aguas del rio Onyar a los pies de la ciudad, junto a la rambla de la Libertad.

En la Catedral de Gerona, actualmente en restauración de su interior, confluyen los estilos románicos, góticos, renacentistas y barrocos que dan esplendor tanto a su enorme fachada, como a sus bóvedas y cristaleras góticas, como a sus dos grandes rosetones acristalados sobre sus múltiples capillas barrocas. En una de sus capillas se puede contemplar el sepulcro de Ramón Berenguer II, el Conde de Barcelona. Digno de observar, es su pequeño claustro románico con multitud de losas funerarias y sarcófagos sobre las paredes, así como un pozo de piedra en el epicentro de tan bello panteón con su toque tan singular.

Comimos en Draps, un restaurante de moderno diseño y cuya originalidad reside en sus platos, abundantes y cuidados, que se ofrecen para compartir. Tomando el café, vimos por la ventana el discurrir tranquilo de un tren turístico, por lo que en ese momento la decisión de acudir a su cita la tomamos en el acto. Con su traqueteo nos volvimos a adentrar más cómodos en el viejo casco, ascendiendo por sus empinadas calles hasta la Catedral, para luego seguir viajando por la zona amurallada, esplendida y bien conservada.

Tras un pequeño paseo por la rambla y la visita a un coqueto café irlandés, llegó la hora de salida del autobús, que tras una hora bajo un cielo cubierto y lluvioso, nos devolvió a Palafrugell, ya próximo el Parador.

La visita a Gerona dejó en un nuestro ánimo la satisfacción de haber conocido una ciudad que bien valía saber de ella, de lo que dimos cuenta en Recepción agradeciéndoles el consejo de renunciar a nuestro coche.

BEGUR Y LLANFRAC

Día 3
El martes, recorrimos las calles de Begur, tranquilo pueblo que discurre bajo una alta colina, lugar dominado por un castillo medieval en de su época feudal del que hoy nada queda, convertido en un magnífico mirador desde el que se contempla la belleza de la Costa Brava; deleite reservado para los días de límpido azul por lo que no pudimos gozar de su contemplación: el cielo encapotado no contribuía a tan bella vista, por lo que fue innecesario su ascenso.

En las calles de Bagur, destacan las excelencias de sus casas coloniales, testimonios del último colonialismo de ultramar pertenecientes a diversas familias catalanas emigrantes a la Cuba española donde lograron su riqueza con el negocio del corcho, especialmente, procedente de los alcornocales gerundenses.

En la actualidad, el recorrido urbano contemplado tan ricas casas que rivalizan en sus diversas vistas, donde las balaustradas, las pilastras, los balcones, sus fachadas de bellos ventanales, sus arcadas y sus singularidades arquitectónicas, así como también, la contemplación de sus torres de defensa en su casco urbano, justifica el paseo en la hora del aperitivo, haciendo tiempo a la hora de la comida, para la que habíamos previsto trasladarnos a LLafranc: un cercano pueblo marinero y residencial, donde un sabroso “suquet de peix” nos esperaba. El sitio elegido fue el nostálgico Restaurante Llafranc, de rico pasado folklórico y sabor daliniano, del que sólo permanece la elaboración del típico guiso de pescado, junto al recuerdo, eso sí, de los famosos de la farándula que decoran las paredes de su interior.

La tarde para descansar en las instalaciones del Parador, era nuestra principal tarea vespertina, con los constantes graznidos de las gaviotas, a los que una vez acostumbrado, el relajo tenía el atractivo de sus gráciles susurros.